Domingo, 20 Mayo 2018 19:48

Transfiguración, II Cuaresma

En un mundo tan hedonista como el nuestro, todo dolor o sufrimiento es considerado un sinsentido. Huimos de todo lo que pueda producir malestar o aproximarnos a la experiencia del padecer. Nos parece que nada humano puede aportar el sufrimiento cuando sucede inesperadamente en nuestra vida. Conocemos, sin embargo, experiencias que demuestran lo contrario. Personas que, ante el dolor, han sacado lo mejor de sí mismos, se han recreado en cierta medida y han superado lo que Scheler denominaba «frivolidad metafísica» dirigiendo todas sus energías para afrontar la prueba del dolor, la enfermedad y la muerte. Entendemos a Dostoyeski cuando decía que sólo tenía miedo a no ser digno de sus padecimientos.

Cuando Jesús comunica a sus apóstoles que sube a Jerusalén para morir, desata en el grupo de los Doce, y sobre todo en Pedro, una tormenta de repulsa y rechazo a la cruz. Hasta el punto de que Jesús llama a Pedro “Satanás” porque intenta apartarle de su camino. Un

La cuaresma siempre es gracia por la sencilla razón de que nos pone en camino hacia la Pascua que es el acontecimiento central de la salvación. ¿Quién no se siente necesitado de salvación? ¿Quién no aspira a la pureza de corazón? ¿Quién no se sabe totalmente pobre cuando se trata de salvarse a sí mismo? Decía G. Greene que, «si conociéramos el porqué de las cosas, tendríamos compasión hasta de las estrellas». Este mundo, herido por el pecado, como tantas veces nos recuerda el Papa Francisco al tratar de la ecología, necesita ser salvado en su totalidad. Y el hombre, como cima de la creación, con mayor razón, pues de su corazón obstinado proceden muchos de los males que afectan a toda la creación. También de mi corazón y del tuyo. No somos una excepción. Todos necesitamos la gracia de la renovación que nos llega con la Pascua.

            La actitud del hombre ante la Cuaresma es abrirse a la

Domingo, 20 Mayo 2018 19:43

La fe razonable, VI TO

En tiempos de Jesús la lepra era signo de maldición y castigo por el pecado. Los leprosos eran malditos. Debían vivir fuera de las ciudades, excluidos de toda convivencia. Quien tenía contacto con ellos se hacía impuro. Se explica así que la curación de la lepra era una bendición que traería el Mesías. Por eso, cuando a Jesús le preguntan si él es el Mesías, se limita a decir lo que hace: «Los leprosos quedan limpios».

            El evangelio de este domingo narra la curación de un leproso, que, rompiendo las normas de su tiempo, se acerca a Jesús y, postrado de rodillas, le suplica: «Si quieres, puedes limpiarme». El evangelista dice que a Jesús se le conmovieron las entrañas, le tocó, y usando las mismas palabras del leproso, se las devolvió con la curación: «Quiero, queda limpio». Ha bastado la súplica.

            Ahora bien,

Domingo, 20 Mayo 2018 19:41

«Para esto he salido» , V TO

Hay cristianos que apenas oran. Orar, lo que se dice orar. Quizás rezan algunas oraciones que aprendieron de pequeños, lo cual es muy bueno, sin duda alguna. Pero orar es algo más. No basta con recitar oraciones con los labios. Se trata de orar con todo el ser, abrirnos a Dios, dejarnos abarcar por su mirada y reconocer que nos envuelve su amor infinito de Padre.

En el evangelio de este domingo, se narra una jornada de Jesús, casi con la precisión de una crónica de alguien que le sigue y toma nota de sus actos. Es una jornada intensa, llena de actividad. Después de haber asistido al culto en la sinagoga, Jesús se aloja en casa de Pedro y su hermano Andrés. La suegra de Pedro estaba con fiebre y Jesús, tomándola de la mano, la cura. Ella, de inmediato se pone a servirles a la mesa. Como era sábado, y el descanso era obligatorio, permanecieron en casa hasta la puesta del sol, momento en que terminaba la obligación de descansar. La gente de Cafarnaún aprovechó

El evangelio de hoy narra el primer milagro que, según Marcos, hizo Jesús en la sinagoga de Cafarnaún: la curación de un endemoniado. Este evangelista, que pasa por ser el más sobrio, posee un especial arte narrativo. La escena transcurre con toda normalidad: Jesús entra en la sinagoga como cada sábado y comienza a enseñar. Dice Marcos que la gente quedaba asombrada porque enseñaba con autoridad y no como los escribas. Sin embargo, Marcos no dice en qué consistía la autoridad de Jesús. De repente, un hombre que tenía un espíritu inmundo comenzó a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quien eres: el Santo de Dios». Llama la atención que primero se dirija a Jesús en plural y después lo haga en singular. El espíritu inmundo pertenece a un grupo, no es un espíritu aislado, forma parte de los ángeles caídos que ven en Jesús el comienzo de su ruina. Conocen perfectamente la identidad de Jesús,

Domingo, 20 Mayo 2018 19:32

«Pescadores de hombres» , III TO

            La primera acción de Jesús, después de anunciar que el tiempo se había cumplido y el Reino de Dios estaba cerca, fue llamar a los primeros apóstoles - Pedro y Andrés, Juan y Santiago – que eran pescadores en el lago de Tiberiades. Jesús pasa junto a ellos, los llama y, con total disponibilidad, dejan las redes, las barcas y - en el caso de Santiago y Juan - a su padre Zebedeo, y siguen a Jesús. Se trata de una llamada a algo muy concreto que deberán realizar de una manera subordinada a Jesús, como dicen sus palabras: «Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres».

            Es muy llamativo que aquellos pescadores siguieran a Jesús tan prestamente, sin preguntar nada sobre el significado del trabajo que se les proponía, sin indagar siquiera sobre las condiciones de su vida. La autoridad de Cristo domina la escena y su palabra resulta eficaz una vez

Domingo, 20 Mayo 2018 19:30

«Y lo llevó a Jesús», II TO

 

El evangelio de este domingo narra el encuentro de Jesús con dos de sus apóstoles. La iniciativa parte del Bautista que, señalando a Jesús, dice: Este es el cordero de Dios. Juan y Andrés se interesan por Jesús, le preguntan dónde vive y, a la invitación de éste, le acompañan y pasan con él aquel día. Siempre me he preguntado qué sucedería en aquel primer encuentro para que salieran convencidos de que era el Mesías. Primero lo llaman Maestro; pero cuando Andrés encuentra a su hermano Pedro, le dice: hemos hallado al Mesías. Aquel primer día con Jesús supuso una revelación de su persona, que marcó para siempre la vida de los dos apóstoles.

            Andrés no se contenta con decir a Pedro que ha encontrado al Mesías, sino que «lo llevó a Jesús». Podemos decir que en ese momento empieza a funcionar el contagio de la fe, o, con palabra más clásica, el

Viernes, 05 Enero 2018 07:24

Ungidos por Dios

Ungidos por Dios

 

Siempre ha llamado la atención que Jesús quisiera bautizarse en el Jordán uniéndose a los pecadores que acudían a escuchar al Bautista y hacer penitencia. Sumergirse en las aguas del río representaba un lavatorio mediante el cual se renunciaba a los pecados para llevar una vida nueva. Si Jesús no tenía pecado, ¿por qué quiso asemejarse a los pecadores y aparecer como uno de tantos? No extraña, pues, que el Bautista se negara a bautizarlo con este argumento: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le responde con una frase enigmática que ha suscitado mucho debate entre los estudiosos: «Déjalo ahora, conviene que así cumplamos toda justicia» (Mt 3,14-15).

¿A qué justicia se refiere Jesús? La palabra justicia, término clave en el evangelio de Mateo, hace referencia al cumplimiento de la voluntad de Dios, que hace al hombre

Miércoles, 27 Diciembre 2017 22:15

El funámbulo y la fe

El funámbulo y la fe

 

            No es fácil comprender el misterio que acontece en Jesús de Nazaret. Prueba de ello son las herejías que se sucedieron en los primeros siglos de la Iglesia hasta que se formuló el credo que profesamos en la liturgia. Comprender que Dios se ha hecho hombre sin disminuir a Dios y al hombre es tarea ardua que sitúa a la razón al límite de su posibilidad. Los herejes no han buscado serlo. Han querido entender y explicar el misterio, hacerlo razonable. Han deseado mantener la fe, pero, al razonarla y explicarla, han perdido el equilibrio. Han negado a Dios o han negado al hombre. Y la fe confiesa que Jesús es al mismo tiempo Dios y hombre, sin que ambas naturalezas - la divina y la humana – se confundan entre sí o se separen. Ese es el equilibrio necesario para poder atravesar el abismo del misterio sin caer hacia un lado u otro,

Lunes, 25 Diciembre 2017 19:59

comentario de navidad

Confieso que no me gustan las felicitaciones de Navidad que silencian el misterio cristiano con un «felices fiestas». Comprendo que sea así, pues no todos profesan la fe cristiana ni celebran sus misterios. Me llama la atención, sin embargo, que en una sociedad hambrienta de compasión, solidaridad, ternura y cercanía, no se explote más la esencia de la Navidad: Dios hecho carne para vivir siempre junto a los hombres. Podrá creerse o no esta verdad, pero constituye un patrimonio del espíritu difícil de enajenar. Se ha hecho viral, diríamos con lenguaje moderno. Y hasta aquellos que no creen, desearían que fuera verdad.

            Dios no ha puesto límites a su comunicación. No le ha bastado crear el mundo, ha querido vivir en él como un hombre más – siervo, pastor, amigo, esposo, taumaturgo – y ha venido, en su Hijo, para consolar a su pueblo, como dice hoy Isaías. No ha querido seguir hablándonos

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