Viernes, 19 Mayo 2017 06:53

El hombre y el Espíritu

 

La Pascua es el tiempo idóneo para administrar el sacramento de la confirmación. Como obispo, no ceso de confirmar a adolescentes y jóvenes que se han preparado con catequesis adecuadas a su edad. Confieso, sin embargo, que cada vez me resulta más difícil hablarles sobre el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. Si ya es difícil explicar qué es lo espiritual del hombre, tan saturado por lo material, ¿qué entenderán —me pregunto— cuando hablamos del Espíritu Santo? El hecho de que en la revelación cristiana, el Espíritu se designe siempre mediante símbolos —agua, viento, fuego, soplo— indica la dificultad de representarnos al Espíritu, que lo invade todo, lo penetra todo, pero es inasible en su

            En el discurso de despedida que Jesús dirige a sus apóstoles en la última cena, narrado en el cuarto evangelio, Tomás y Felipe le interrumpen para pedirle aclaraciones de lo que dice. Como en otras ocasiones, las palabras de Jesús les resultan enigmáticas, dada la idea que se habían hecho de la misión de Cristo.

            Jesús les anuncia su muerte mediante la imagen de su vuelta al Padre, y afirma que va a prepararles una morada para que estén siempre con él, concluyendo con esta afirmación: «adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le replica:

El hombre puede ser definido por su ansia de vivir.  Es la razón que le mueve para abrirse camino en la vida, superar las dificultades y luchar contra todo lo que le amenaza, incluida la muerte. Vivir y vivir para siempre es lo más propio del hombre que se siente frustrado al experimentar que no está en él lograrlo. Sus ansias de vivir chocan con la experiencia de la muerte.

El trasfondo antropológico de la parábola del buen pastor, es decir, el presupuesto del que parte Jesús al presentarse a sí mismo como el que viene «para que

 

En la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús cautiva la sencillez del relato al describir el momento del encuentro. Dice simplemente que «se les acercó y caminaba con ellos». Nada hay de sobrenatural en el hecho mismo de la aparición. Sorprende, además, que los discípulos no temieran ni se preguntaran de dónde venía ni cómo se había unido a ellos el desconocido. ¿Les seguía de cerca y aceleró el paso? ¿Salió a su encuentro en un recodo del camino? Dos verbos indican su presencia: acercarse y caminar juntos. Con ellos, el narrador describe el significado de la resurrección como una forma

 

El tiempo pascual es un tiempo hermoso que nos ayuda a comprender la nueva forma de vida de Jesús, el Resucitado. Las apariciones que narran los evangelios son hechos históricos, de los que fueron testigos quienes habían convivido con Jesús: las mujeres, los Doce, los discípulos de Emaús y otros, y el perseguidor Saulo de Tarso, que llegaría a ser san Pablo, apóstol de los gentiles.

Quienes afirman que las apariciones son proyecciones subjetivas de los discípulos de Cristo se basan en que los relatos tienen contradicciones, y resulta difícil compaginarlos. Es precisamente este dato el que los hace más verosímiles como señalan los

            Nada sería el cristianismo sin la resurrección de Cristo. La solemne vigila pascual del sábado santo no tiene comparación en la historia de las religiones. La victoria de Cristo sobre la muerte es el único acontecimiento que puede dar al hombre la certeza de vivir para siempre, no sólo mediante la pervivencia del alma más allá de la muerte, sino por la resurrección de la carne. El concepto de resurrección de los muertos sólo puede explicarse a la luz de la resurrección de Cristo. Cualquier teoría que pretendiera explicar la resurrección como

Viernes, 07 Abril 2017 16:20

Domingo de Ramos (A): El hombre nuevo

           

El domingo de Ramos leemos solemnemente el relato de la Pasión. Es la mejor forma de introducirnos en la semana santa, que revive los últimos hechos de la vida de Cristo. Los evangelios nacieron precisamente con el relato de la pasión, por el impacto que produjo en los apóstoles. De ahí que la pasión y muerte del Señor se siga como una crónica diaria de los hechos esenciales: institución de la eucaristía, oración en el huerto, traición de Judas y prendimiento, negaciones de Pedro, juicio ante el Sanedrín y ante el procurador de Roma, escarnios y burlas de la soldadesca, camino de la

A medida que nos acercamos a la Pascua, la liturgia dominical revela progresivamente el misterio de Cristo. Se orienta sobre todo hacia los catecúmenos, que recibirán el bautismo en la vigilia pascual, para que comprendan lo que Cristo aporta a la vida del hombre. Para llevar adelante esta pedagogía, la Iglesia utiliza relatos evangélicos de milagros en los que se hace patente quién es Jesús de Nazaret. En este cuarto domingo de Cuaresma se narra la curación del ciego de nacimiento en la piscina de Siloé.

Con este milagro, el evangelista Juan quiere dramatizar una verdad que

 

Es llamativa la vergüenza de muchos cristianos a la hora de hablar de Dios en nuestras conversaciones habituales. Disfrazado de respeto a la intimidad, el hecho de sacar el tema de Dios nos parece intromisión en la vida del otro. Dios ha llegado a ser, en el lenguaje ordinario, un tema tabú, exclusivo de la conciencia individual. La Iglesia, sin embargo, nos invita a evangelizar, algo imposible si no hablamos de Dios. El Papa Francisco propone en Evangelii Gaudium el método de persona a persona: «Llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los más desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una

La aspiración más profunda del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es contemplar a Dios cara a cara. Saciarse con la belleza de su rostro. El pecado oscurece en ocasiones este deseo y lo relega hasta al olvido y la indiferencia. Pero está ahí, anclado para siempre en el corazón del hombre. «Al despertar (de la muerte) me saciaré de tu semblante», dice el salmo 17. En el Antiguo Testamento se dice que nadie puede ver a Dios y seguir con vida. El hombre mortal no puede soportar la luz y la belleza del Dios tres veces santo, cuya trascendencia desborda los límites de nuestra pequeñez. Cuando Moisés pidió ver a Dios cara a cara, éste sólo le mostró su espalda. También Elías

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