Este domingo, a las cinco de la tarde en la catedral, la diócesis de Segovia contará con un nuevo diácono después de diez años de carestía. Es una gran alegría y un motivo para dar gracias al Señor en la fiesta de san Frutos. Dios sigue llamando a quien quiere y Alvaro Marín —así se llama el nuevo diácono— ha respondido a la llamada.

La vocación es un gran misterio de elección de Dios. La persona siente que Dios pronuncia su nombre y le dice: ¡sígueme! Así fue al principio, cuando Jesús llamó a los Doce, y así es ahora y lo será siempre. Para verificar la vocación, la iglesia pide un tiempo de maduración y estudio. Jesús llamó a los Doce y vivió con ellos varios años educándolos a vivir como él. Fue una auténtica «escuela» en la que aprovechó toda ocasión para iniciarlos en el servicio que un día les confiaría. A esto ahora lo llamamos seminario, «escuela del seguimiento de

El lema del Domund para este año tiene aire profético. Recuerda la vocación de Isaías, cuando, después de haber sido purificados sus labios con un ascua encendida, dice a Dios: «aquí estoy, mándame». La disponibilidad del profeta es total ante la llamada de Dios. Es la misma disponibilidad de los apóstoles de Jesús cuando éste los llama: dejándolo todo, lo siguieron.

Es imposible ser miembros de la Iglesia y no estar disponibles a la misión. La llamada de Dios es imperiosa, no admite demoras. No podemos reducir el Domund a una colecta extraordinaria, a unas celebraciones litúrgicas especiales, o a testimonios emotivos de misioneros que acuden a las parroquias a contarnos su vida. Todo eso está bien. La misión ad gentes es mucho más.

En primer lugar, es tomar conciencia de que «aquí estoy». Soy yo, mi persona, quien es interpelada por la llamada de Dios.

El día 30 de septiembre el Papa Francisco publicó una carta en el XVI centenario de la muerte de san Jerónimo que ha pasado bastante desapercibida. Además de la que ha dirigido a los monjes del Parral, único monasterio de jerónimos en el mundo, ésta a la que me refiero es un elogio de la figura del traductor de la Biblia al latín, que ha pasado a la historia con el nombre de Vulgata, porque se convirtió en el alimento para el pueblo (vulgo) cristiano durante siglos. La carta lleva por título Scripturae Sacrae Affectus, pues es lo que distinguió a san Jerónimo: un afecto vivo y tierno por la Palabra de Dios, a la que consagró todas sus energías desde una experiencia de conversión en la que Cristo le echó en cara que era más ciceroniano que cristiano porque estimaba más la lengua latina que los escritos bíblicos por considerarlos demasiado toscos e imprecisos para su refinado gusto literario.

San

El día 1 de septiembre la Iglesia celebraba, por deseo del Papa Francisco, la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, e iniciaba el Tiempo de la Creación que culmina este 4 de octubre en memoria de san Francisco de Asís. La sensibilidad actual hacia la ecología ha puesto la creación en el centro de la reflexión teológica, aunque hay que decir que no es ninguna novedad, dado que en la Biblia y en la enseñanza de la Iglesia la teología de la Creación es uno de los goznes sobre los que gira el pensamiento católico. La creación que Dios puso bajo el cuidado de Adán y Eva es, como se dice ahora, la «casa común» que debemos proteger de todo pillaje, atropello, deterioro y, en último término, aniquilamiento.

El hombre no es dueño de lo creado; sólo su custodio y protector. Los atentados contra lo creado se convierten en pecados contra el Creador y contra el mismo hombre. Según el

Durante mis estudios teológicos en el seminario recuerdo que me llamó la atención un texto del teólogo protestante K. Barth que hablaba de María en relación con la Iglesia. Es sabido que nuestros hermanos de la Reforma no aceptan los dogmas marianos porque implican que el hombre puede colaborar con Dios en la obra de la salvación. Para ellos, la «sola fe» basta para salvarse. Pues bien, me sorprendió leer en K. Barth que el pensamiento católico sobre la Virgen explicaba perfectamente lo que el Concilio Vaticano II había querido hacer al presentar la Iglesia como la comunidad de creyentes que colabora con Dios en la salvación de los hombres. Así es. Si tenemos que simplificar los dogmas sobre María en una sola idea, podemos decir que es la obediencia de la fe mediante la cual se pone a plena disposición de Dios. Me gusta mucho pensar en María como la oyente de la Palabra de Dios que se ha hecho, por la obediencia, totalmente disponible

Los que llevamos mucho tiempo en la Iglesia pensamos que nuestros derechos de ciudadanía nos permiten juzgar el comportamiento de Dios. Creemos conocer bien sus intenciones, planes y modos de actuar. Incluso nos atrevemos a decirle a la cara lo que debe o no debe hacer. Como si fuéramos sus consejeros. Al final del libro de Job, cuando éste pierde la paciencia y se atreve a pedir cuentas a Dios influido por quienes se consideran sus amigos, Dios se muestra con toda su fuerza y sabiduría —bajo la imagen de la tormenta— para pedir cuentas a Job, que se ha atrevido a emplazar a Dios a un diálogo sobre su modo de proceder. «El que critica a Dios, que responda … si eres hombre, cíñete los lomos, voy a interrogarte y tú me instruirás», dice Dios a Job en una de sus firmes interpelaciones.

En el Evangelio de este domingo, la parábola de Jesús sobre los jornaleros que son enviados a trabajar en la viña,

El día 14 de septiembre la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz. Esta fiesta se viene celebrando desde el siglo IV. En el año 335, se consagró la iglesia del santo sepulcro de Jerusalén, muy vinculada a la cruz de Cristo, porque el lugar donde fue crucificado Jesús, el monte Gólgota, se encuentra dentro de la iglesia del santo sepulcro. Allí se encuentra también, integrada en la actual basílica, una gran cueva donde, según una venerable tradición, se arrojaban las cruces de los ajusticiados. Santa Elena, madre del emperador Constantino, ordenó excavar en ese lugar y encontró las reliquias de la cruz del Cristo y el título de la cruz con la inscripción en hebreo, griego y latín de las palabras «Jesús Nazareno, rey de los judíos». El de 3 de mayo se celebra la invención de la santa Cruz por santa Elena.

Para comprender cómo un instrumento de tortura cruel como era la cruz se celebra

Muchos cristianos desean una Iglesia perfecta, pero tal Iglesia no existe. El dicho latino ecclesia semper reformanda indica que la Iglesia está siempre en vías de reforma. Pero no sólo la Iglesia llamada institución, a la que siempre miramos cuando hablamos de reforma, sino la Iglesia de a pie, la que formamos cada bautizado. El hecho de estar formada por hombres exige a cada uno que aspire a la perfección de manera que toda la comunidad se beneficie. Con razón decía Pablo que cada miembro debe contribuir a la perfección del cuerpo total.

Basta leer el Nuevo Testamento para darse cuenta de que nunca ha existido una Iglesia perfecta. En la primera comunidad de Jerusalén, en las comunidades fundadas por Pablo, y en el resto de las que conocemos nos encontramos con el pecado de sus miembros. Algunas de las cartas de Pablo han nacido precisamente para corregir errores, evitar divisiones, y edificar auténticas

En el Evangelio del domingo pasado leíamos que, después de la confesión de Pedro, Jesús llama bienaventurado a Pedro por haber recibido de Dios el conocimiento de su condición de Mesías e Hijo del Dios vivo. Hoy leemos la continuación de este Evangelio. Jesús, para enseñar a sus discípulos que él no es un mesías político, sino el siervo de Dios humilde y humillado, les revela lo mucho que debe padecer para consumar su misión. Pedro, al oírle hablar de su pasión, llevando a Jesús aparte, le increpó y le dijo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte» (Mt 16,22). Jesús le replicó: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Estas son las palabras más duras que Jesús dirige a un apóstol suyo porque ve en él un obstáculo en el camino que le ha trazado su Padre. Pedro, que confesó la fe en Cristo, se convierte ahora en instrumento de

Al hablar de religiones, es frecuente considerar el cristianismo como una más de las que existen. El debate sobre si el cristianismo es una religión tuvo cierto auge en el siglo pasado y Romano Guardini escribió un libro titulado Religión y Revelación donde intenta aclarar ambos conceptos y su mutua relación cuando se trata de considerar lo peculiar del cristianismo en el conjunto de las religiones. La religión, explica Guardini, se refiere «a ese fenómeno, universal entre los hombres, de la relación con lo divino, cuya investigación forma parte de la ciencia de la cultura». Es obvio que el cristianismo tiene elementos que lo configuran como religión. Sin embargo, su peculiaridad más genuina consiste en «la manifestación de Dios de que habla la Sagrada Escritura en el Antiguo y Nuevo Testamento, y la respuesta de que hace capaz a quien la oye» (Guardini). Dicho de otro modo, el cristianismo, en continuidad (y, en cierto sentido, ruptura

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