Viernes, 20 Julio 2018 07:58

La compasión del pastor. D.T.O.XVI

Cuando se habla de la compasión de Cristo, se tiende espontáneamente a considerarla como la actitud que le acerca a los enfermos, pobres o necesitados  desde el punto de vista material. Jesús se compadecía ciertamente de los ciegos, sordos, leprosos y paralíticos. Y atendía también las necesidades de los pobres pues había instituido entre los apóstoles una bolsa común para hacer limosnas. Sabemos que Judas, el que lo entregó, se encargaba de este menester. Quien acudía a Cristo sabía que nunca volvería de vacío.

El evangelio de este domingo nos habla de un aspecto de la compasión de Cristo que merece mucha más atención de la que a menudo se le presta. Cuando los apóstoles regresan de la misión a la que Jesús les ha enviado, éste debió observar que regresaban fatigados y les invitó a retirarse a un sitio tranquilo para descansar, pues eran tantos los que les buscaban que no tenían tiempo ni para comer. El descanso debió durar muy poco, pues,

Viernes, 20 Julio 2018 07:41

Un bastón para el camino. D.T.O.XV

 

Apóstol significa enviado. Jesús envía a los Doce con autoridad sobre los espíritus inmundos. Los envía de dos en dos. Y les encarga que lleven un bastón, y nada más. Ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja. Que lleven sandalias pero no única túnica de repuesto. ¿A qué tanta pobreza y escasez de medios? Para que brille la fuerza del Evangelio de la que son investidos y el poder que han recibido directamente de Cristo para proclamar el Reino de Dios. Así no se confundirán los dones de Cristo con los medios humanos. En realidad, esta pobreza es sobreabundancia de dones.
Jesús no promete el éxito de la misión, aunque dice el Evangelio que echaban muchos demonios y curaban enfermos al ungirles con aceite. Cristo no asegura el éxito a los Doce ni a los que envía. Les asegura más bien persecuciones, luchas y rechazos. Sin embargo, desde el inicio a nuestros días, el Evangelio ha arraigado en los pueblos y culturas que se han abierto a la

Viernes, 20 Julio 2018 07:35

El Destino del Profeta. D. T.O. XIV

Una característica que distingue al verdadero del falso profeta es que el primero experimenta siempre el rechazo de su pueblo. Hay dos razones que explican este rechazo: ser conocido por los suyos y anunciarles la verdad, que siempre es antipática por exigente. Los grandes profetas del Antiguo Testamento sufrieron este destino y algunos lo consumaron con el martirio. La vocación profética, que procede de la llamada directa de Dios, como en el caso de Isaías, Jeremías y Ezequiel, les situaba ante su pueblo como voceros de calamidades. Dios les mandaba anunciar al pueblo elegido pruebas y castigos a causa de sus pecados. El profeta no podía callar. Si lo hacía, Dios se volvía contra él por su cobarde infidelidad. Pero si proclamaba la palabra del Señor, el pueblo lo rechazaba y perseguía. Los falsos profetas eran bien acogidos. Halagaban los oídos del pueblo, se complacían en adular para conseguir así el aplauso, la benevolencia de sus oyentes; y, naturalmente,

Jueves, 28 Junio 2018 07:28

Enfermedad y muerte D. T.O. XIII

La curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo, que leemos en el evangelio de este domingo, presentan a Jesús sanando y resucitando. Estos milagros son la prueba de que es el Mesías esperado, tal como habían anunciado los profetas. Sin embargo, relatos como este suscitan, según Urs von Balthasar, «preguntas terribles», que formula de esta manera: «¿Por qué entonces tienen que enfermar tantos hombres después de él y por qué tienen que morir todos? ¿Quiere Dios la muerte? Si nada ha cambiado en el mundo, ¿para qué vino Cristo a él?».

            La revelación bíblica deja claro que «Dios no hizo la muerte». Su presencia en el mundo se atribuye a la envidia del diablo que, como ángel caído, no podía soportar la felicidad del hombre en estado de gracia. El dogma del pecado original explica el desorden que ha sufrido la humanidad, que padece la enfermedad y camina hacia la

Para comprender la grandeza que ocupa Juan Bautista en el calendario y veneración de la Iglesia, bastarían las palabras de Jesús que lo proclama «el mayor entre los nacidos de mujer» (Mt 11,11). Su honor reside, no obstante, en su humildad. Juan había creado una escuela de discípulos, que lo tenían por el profeta esperado. Cuando aparece Jesús, sin embargo, no duda en señalarle como Mesías y orientar a sus discípulos hacia él. Se siente indigno de bautizar a Jesús y de desatarle las correas de sus sandalias. Su lema fue: «Él (Jesús) tiene que crecer y yo tengo que menguar» (Jn 3,30). Y ese fue su destino: desaparecer cuando Jesús se presenta como el Ungido de Dios. No desapareció de cualquier manera, sino derramando su sangre por denunciar el adulterio de Herodes Antipas. Es mártir de Cristo.

Cuando las autoridades de Jerusalén le preguntan sobre su identidad, Juan niega que sea el Mesías o Elías o el Profeta. Se define como la voz que prepara en el

Jueves, 14 Junio 2018 10:11

La semilla del Reino. D. XI. T.O.

Hay muchas formas de ateísmo, unas más claras que otras. Existe el ateísmo teórico que niega a Dios desde presupuestos de la razón. Está el ateísmo práctico que no se preocupa por los argumentos lógicos de la existencia de Dios, pero explica la vida como si Dios no existiera. Simplemente lo ignora. Hay también un ateísmo de los creyentes, aunque parezca paradójico. Hay creyentes que confiesan a Dios, pero con frecuencia pretenden ocupar su puesto. No aceptan que Dios tenga la primacía en todo, y especialmente, en el crecimiento de su Reino. De alguna manera, pretenden arrebatar a Dios el protagonismo que sólo él tiene en la historia. Hace años, P. Zulehner, catedrático de teología pastoral en la universidad católica de Viena, respondía así a la pregunta sobre los pecados más graves de la Iglesia: «Me atrevo a decir que el mayor pecado de la Iglesia es el ateísmo eclesial. Es una palabra muy dura. Pero es como si la misma Iglesia se olvidara de Dios, que se

Las palabras de Jesús en el evangelio de este domingo siempre sorprenden a los lectores. Dice que «todo se les podrá perdonar a los hombres; los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre» (Mc 3, 28-29). ¿Cómo es posible que este pecado no tenga perdón? ¿No es infinito el amor de Dios e infinita su capacidad de perdonar?

            Para entender esta afirmación de Cristo, conviene situarla en su contexto histórico. La enseñanza y la actividad de Jesús suscitó fuertes controversias, muchas alimentadas por la admiración hacia su persona y otras por el odio que alentaban sus enemigos. Sus propios familiares, dice Marcos en el evangelio de este domingo, llegaron a pensar que estaba loco. En este contexto, se añade que los escribas de Jerusalén pensaban que estaba endemoniado y que expulsaba los

Sábado, 26 Mayo 2018 18:14

«Sólo quiero que le miréis a él»

El domingo de la Santísima Trinidad la Iglesia celebra la jornada de oración conocida por la expresión latina «pro orantibus», es decir, por las personas que dedican su vida enteramente a la oración por la Iglesia y por la humanidad en los conventos de clausura. Son hombres y mujeres que viven la regla de grandes santos y santas que fundaron comunidades donde el silencio, la oración y el trabajo son los medios para alcanzar la unión con Dios a la que aspiran. Nos son familiares algunos nombres de estos fundadores, cuyos monasterios se han convertido en oasis de luz y de paz y en centros creadores de cultura y de fraternidad, ya que acogen dentro de sus muros a quienes buscan tiempos de silencio y de oración. San Jerónimo, san Benito, san Bernardo, santa Clara, santo Domingo de Guzmán, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, por citar sólo algunos. En Segovia tenemos la suerte de contar con el monasterio de monjes jerónimos de El Parral, el único que existe de

Martes, 22 Mayo 2018 19:57

Pentecostés

Decía el beato Pablo VI que la Iglesia está necesitada de un Pentecostés permanente. Necesita fuego en el corazón y profecía en los labios. Así es desde sus orígenes: fuego que abrasa los corazones de los hombres y profecía en los labios para proclamar el evangelio de Jesucristo a todos los pueblos. La Iglesia se manifiesta públicamente en Pentecostés, cuando el grupo apostólico, con María, recibe el bautismo de fuego prometido por Jesús. En ese momento son investidos del poder espiritual de Cristo para continuar su obra y llamar a los hombres a formar parte del Pueblo de Dios que camina en la historia.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra el acontecimiento de Pentecostés con todo detalle y se presenta Jerusalén como el lugar donde se ha reunido la totalidad de los pueblos conocidos, para indicar la unidad del género humano llamado a recibir el evangelio de Cristo. Es el fenómeno opuesto al que tuvo lugar en Babel. Allí, Dios castigó al

En la Ascensión de Jesús a los cielos coincide la partida hacia su Padre y el comienzo de la Iglesia. Ambos aspectos son inseparables. Jesús deja de ser visible para los suyos y la Iglesia inicia su misión en el mundo. Dejar de ser visible no quiere decir que Jesús se convierta en un ser pasivo o mero espectador de lo que sucede en su Iglesia. Al final de su evangelio, Marcos dice que Jesús, sentado a la derecha del Padre, cooperaba con los apóstoles y confirmaba con señales su acción. Cristo sigue siendo el Señor de la historia y Cabeza de su Iglesia. Nadie puede ocupar su puesto, pues permanece vivo para siempre.

            Momentos antes de ascender a los cielos, Jesús anuncia a los apóstoles que serán bautizados con el Espíritu y éstos le hacen una pregunta muy significativa: «¿Es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?». No han comprendido nada: siguen mirando la misión de Cristo

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