Sábado, 01 Julio 2017 07:43

XIII Domingo TO: Ser digno de Cristo

 

Aunque Cristo sea un misterio insondable, absolutamente único en el panorama de las religiones, se deja conocer a través de las exigencias que plantea a sus seguidores. Su forma de actuar y enseñar posee el estilo de una autoridad única, que él presenta como recibida directamente de Dios. Sus palabras y gestos se remiten a lo que ha oído y visto del Padre. Podemos decir que no se sale del guión que ha recibido del Padre para actuar entre los hombres.

Para seguir a Jesús hay que posponer todo: la familia, el trabajo, la profesión, los bienes de este mundo. Su señorío alcanza a toda la existencia de la persona. De

En el evangelio de este domingo Jesús habla de la posibilidad del martirio cuando se trata de dar testimonio de la fe. La fe —viene a decir— no es para esconderla en el interior de una bodega, sino para proclamarla desde las terrazas. El cristianismo nació como predicación pública de la resurrección de Cristo. Y esto acarreó enseguida persecución y muerte entre los seguidores de Cristo. Basta leer los Hechos de los Apóstoles para comprender que el martirio es inherente a la vocación cristiana. Cristo murió mártir a causa de las verdades que proclamó. Precisamente por esto enseñó a sus discípulos a contar con esta posibilidad. Y lo hizo de dos formas: acrecentando la confianza en Dios y perdiendo el miedo a morir.

Domingo, 18 Junio 2017 07:09

Corpus Christi 2017: Comer para vivir.

Es difícil entender que un cristiano afirme que la misa no le dice nada. Muchos cristianos abandonan la eucaristía aduciendo esta razón. Intentando comprender la sinceridad de quien piensa así, podemos suponer ignorancia del significado de la eucaristía. Se desconoce su origen, el valor de sus signos y palabras, y, en último término, la intención de Jesús al ofrecer su cuerpo y sangre como comida y bebida. Quien ignora esto no entiende nada. También puede ser que la rutina de nuestras misas borre la belleza de su contenido. Como la fotografía de un ser querido termine por no decir nada cuando el tiempo ha borrado su imagen convertida en una mera sombra.

Sabemos, sin embargo, que

En su obra Paradojas y nuevas paradojas, Henri de Lubac dedica un capítulo al tema de la «vida espiritual» de donde recojo este pensamiento: «Los cadáveres espirituales permanecen más tiempo agostados que los cadáveres temporales antes de la descomposición. Pero no por eso son menos cadáveres». La descomposición física es un proceso rápido, ciertamente. La espiritual puede durar toda una vida, lo que haría del hombre un cadáver viviente. El hombre sin Espíritu carece de lo que Jesús llama Vida. He escrito con mayúsculas las palabras Espíritu y Vida porque no me refiero al espíritu propio de su condición humana. Tampoco la Vida de la que habla Jesús es la meramente física. Al hablar de Espíritu y Vida,

«El inmortal seguro»

¿Es la Ascensión de Jesús a los cielos una despedida? Así sería si Jesús se hubiera ido a los cielos físicos, azules, que contemplan nuestros ojos. Habría cambiado la tierra por el cielo separándose físicamente de nosotros. Pero Jesús no ha ascendido a los cielos físicos, que —no lo olvidemos— forman parte del universo creado. No vive en alguna parte de la creación visible, cuyos límites no llegamos a abarcar con la mirada. Jesús ha retornado al Padre de donde salió. Ha entrado en el mundo propio de Dios; o, si nos gusta más la expresión bíblica, ha vuelto

Viernes, 19 Mayo 2017 06:53

El hombre y el Espíritu

 

La Pascua es el tiempo idóneo para administrar el sacramento de la confirmación. Como obispo, no ceso de confirmar a adolescentes y jóvenes que se han preparado con catequesis adecuadas a su edad. Confieso, sin embargo, que cada vez me resulta más difícil hablarles sobre el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. Si ya es difícil explicar qué es lo espiritual del hombre, tan saturado por lo material, ¿qué entenderán —me pregunto— cuando hablamos del Espíritu Santo? El hecho de que en la revelación cristiana, el Espíritu se designe siempre mediante símbolos —agua, viento, fuego, soplo— indica la dificultad de representarnos al Espíritu, que lo invade todo, lo penetra todo, pero es inasible en su

            En el discurso de despedida que Jesús dirige a sus apóstoles en la última cena, narrado en el cuarto evangelio, Tomás y Felipe le interrumpen para pedirle aclaraciones de lo que dice. Como en otras ocasiones, las palabras de Jesús les resultan enigmáticas, dada la idea que se habían hecho de la misión de Cristo.

            Jesús les anuncia su muerte mediante la imagen de su vuelta al Padre, y afirma que va a prepararles una morada para que estén siempre con él, concluyendo con esta afirmación: «adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le replica:

El hombre puede ser definido por su ansia de vivir.  Es la razón que le mueve para abrirse camino en la vida, superar las dificultades y luchar contra todo lo que le amenaza, incluida la muerte. Vivir y vivir para siempre es lo más propio del hombre que se siente frustrado al experimentar que no está en él lograrlo. Sus ansias de vivir chocan con la experiencia de la muerte.

El trasfondo antropológico de la parábola del buen pastor, es decir, el presupuesto del que parte Jesús al presentarse a sí mismo como el que viene «para que

 

En la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús cautiva la sencillez del relato al describir el momento del encuentro. Dice simplemente que «se les acercó y caminaba con ellos». Nada hay de sobrenatural en el hecho mismo de la aparición. Sorprende, además, que los discípulos no temieran ni se preguntaran de dónde venía ni cómo se había unido a ellos el desconocido. ¿Les seguía de cerca y aceleró el paso? ¿Salió a su encuentro en un recodo del camino? Dos verbos indican su presencia: acercarse y caminar juntos. Con ellos, el narrador describe el significado de la resurrección como una forma

 

El tiempo pascual es un tiempo hermoso que nos ayuda a comprender la nueva forma de vida de Jesús, el Resucitado. Las apariciones que narran los evangelios son hechos históricos, de los que fueron testigos quienes habían convivido con Jesús: las mujeres, los Doce, los discípulos de Emaús y otros, y el perseguidor Saulo de Tarso, que llegaría a ser san Pablo, apóstol de los gentiles.

Quienes afirman que las apariciones son proyecciones subjetivas de los discípulos de Cristo se basan en que los relatos tienen contradicciones, y resulta difícil compaginarlos. Es precisamente este dato el que los hace más verosímiles como señalan los

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