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reli es mas

La iniciativa #ReliEsMas, que aglutina a padres, profesores, cerca de medio centenar de delegaciones diocesanas de enseñanza -entre ellas la de nuestra Diócesis de Segovia- y distintas entidades del ámbito educativo de toda España que promueven la valoración de la asignatura de religión en el ámbito escolar, ha conseguido su objetivo de ser trending topic (tendencia)  en Twitter con la etiqueta #ParemosLaLeyCelaa. Decenas de miles de personas han reivindicado por segunda vez (la primera quedada digital fue el 4 de mayo) que se retire la LOMLOE, una ley de Educación que el Gobierno tramita sin consenso y a ritmo vertiginoso durante la pandemia del COVID-16 y que arrincona una materia que en España cursan 3,3 millones de alumnos. 

Con la LOMLOE, el Gobierno de España rebaja el derecho de las familias de educar a sus hijos conforme a sus propias creencias y convicciones. España en su Carta Magna había alcanzado un consenso en materia de educación que viene reflejado especialmente en sus artículos 16 y 27 y que, ahora, puede romperse de manera unilateral. 

En medio de una crisis sanitaria, social y económica la Sra. Celaá, Ministra de Educación, tramita en el Parlamento su propuesta de ley educativa, generando una polémica innecesaria, sujeta a ideología y carente del necesario consenso educativo, social y político. Ante un panorama incierto es deseable que la llamada reconstrucción nacional se apoye en una nueva configuración educativa que no expulse a nadie del sistema e integre las diferentes sensibilidades con respetuosa armonía.

La propuesta ministerial, sin embargo, perjudica particularmente  a la enseñanza de la Religión en la escuela, aplicando un laicismo excluyente ajeno a la Constitución y contrario a la demanda de las familias que, solo en el modelo de confesionalidad católica, alcanza cerca de 3.300.000 millones de alumnos, más del 61% del total de los alumnos del sistema educativo. Si la escuela persigue la educación integral no cabe otra posibilidad que ofrecer la asignatura de religión en condiciones dignas. De no ser así, se hurtaría el derecho básico que todo alumno tiene de adquirir las herramientas necesarias para comprender el mundo desde una perspectiva transcendental e integradora. 

La inexistencia de un Pacto de Estado hace que la educación vuelva a estar sometida a los vaivenes ideológicos de los partidos de turno, en este caso del PSOE y Unidas Podemos que intentan sin miramiento arrinconar la asignatura de religión rebajando su carácter académico. En Europa se imparte religión de modo estable y regular, con una carga lectiva semanal digna que permite su estudio normalizado. Una vez más, el Gobierno evita fijarse en Europa o en los países que tienen un alto grado de éxito escolar como es el caso de Finlandia, Dinamarca, Austria, Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Reino Unido o Alemania.

Proponemos que la asignatura de religión esté presente en el marco escolar sin tensiones, posibilitando así a los padres el ejercicio de su derecho a educar a sus hijos conforme a sus  propias creencias y convicciones. Es necesario pues habilitar una solución de consenso que permita la posibilidad de elegir libremente esta asignatura, con una carga lectiva digna y con una asignatura alternativa de carácter académico, con el valor de la evaluación como criterio pedagógico imprescindible y que sea computable para la media y el acceso a becas.

En el nuevo paradigma al que nos conduce el COVID-19, las grandes cuestiones existenciales vuelven a adquirir carta de ciudadanía: el sentido de la vida, del sufrimiento, de la muerte, la dignidad de la persona, la solidaridad, el bien común… Todas esas preguntas adquieren respuestas desde las propuestas antropológicas y éticas ofrecidas en la asignatura de Religión desde sus diferentes perspectivas confesionales.

Tras esta masiva manifestación en redes, desde #ReliEsmas se espera que la ministra busque el consenso de las mayorías y no simplemente el equilibrio aritmético parlamentario.

pascua del enfermo

Hoy, 17 de mayo, VI domingo de Pascua, la Iglesia Española celebra la Pascua del Enfermo como punto final a una campaña que comenzó el pasado 11 de febrero con la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo. Toda esta campaña se ha conmemorado bajo el lema "Acompañar en la soledad", junto al tema bíblico «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré» (Mt 11, 28).

Con motivo de la conmemoración de la Pascua del Enfermo, el Obispo de Segovia, Monseñor César Franco, ha presidido una Eucaristía que ha sido retransmitida en directo a través del canal de televisión y la página web de La 8 Segovia de RTVCyL. Una celebración especialmente ofrecida por los enfermos, familiares y cuidadores, así como por el alma y eterno descanso de los fallecidos.

Don César ha comenzado su homilía dirigiéndose al Vicario General (presente en la celebración), al delegado de Pastoral de la Salud, a los sacerdotes y a todos los fieles y enfermos -a los que ha definido como "predilectos de Cristo"- que seguían la Eucaristía a través de los medios de comunicación. Así, ha asegurado que hoy celebramos la Pascua del Enfermo como el paso de Cristo sanador por todos los que viven la enfermedad y el miedo a morir en soledad, añadiendo que «esta misa nos hace cercana a vosotros, enfermos queridos, para confortaros con la presencia de Cristo, que vino a cargar con nuestro sufrimiento y a fortalecernos con la entrega de su vida». Asimismo, el prelado ha tratado de infundir confianza, al pedir a los enfermos "no temáis, no estáis solos", ya que los obispos, los sacerdotes y toda la comunidad cristiana "os acompañan con su oración" ya que, en sus palabras «la Palabra de Dios ilumina el sentido de la enfermedad y la soledad que conlleva».

Aludiendo al Evangelio, el obispo ha afirmado que Felipe predicaba en Samaria y aplicaba los signos de curación a lisiados y la liberación a los poseídos. Esto es, los apóstoles realizaban los mismos signos de Cristo, el Señor actuaba por medio de ellos. «Jesús ha venido a sanarnos de nuestras enfermedades más íntimas», ha subrayado, para a renglón seguido decir «os preguntaréis por qué no nos cura ahora ni realiza los milagros de entonces». Es cierto, que todos desaríamos vernos libres de la enfermedad, aunque, en palabras de don César «solo el Señor sabe lo que nos conviene, aunque nos cueste entender sus caminos». De hecho, durante su vida pública, Él no curó a todos los enfermos con los que coincidió, sino que les transmitió paz, fortaleza y la necesidad de confiar en Dios. Por eso, nunca ha de faltarnos la certeza de su compañía, que se hace presente a través de los seres queridos, los sanitarios, y todos aquellos que oran y piden desde sus  hogares, monasaterios o comunidades.

«La enfermedad es parte de nuestra condición humana, que es mortal», ha explicado el Obispo de Segovia. La enfermedad pone ante nosotros nuestra propia fragilidad, y la tenemos que asumir con paz y esperanza, puesto que todos somos enfermos en potencia y experimentamos la enfermedad con mayor o menor gravedad a lo largo de nuestra vida. Pero, es «en ella donde nos encontramos coon Dios y debemos confiar en providencia».

En el Evangelio, Jesús nos díce, «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré» (Mt 11, 28), por eso, quienes acudimos a Jesús experimentamos su compañía. En este punto, don César ha hecho referencia al Mensaje del Papa Francisco con motivo de la celebración de esta Pascua del Enfermo. En su texto, el pontífice se refiere a las palabras de Jesús que «indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo».

Ahora, que estamos atravesando la dura prueba de la pandemia, nos sentimos afectados no solo física, sino psicológica y espiritualmente al sentir la soledad, sentimiento que recoge el lema de esta campaña "Acompañar en la soledad". Muchos, por su ancianidad o por haber padecido el contagio, han pasado y pasan mucho tiempo solos. Además, muchos han fallecido en una dramática soledad, sin una mano tendida que de seguridad ni la palabra que conforta. Pero, como ha recordado el obispo, Jesucristo también experimentó la soledad. La soledad de su Padre en la cruz, tan difícil de entender; en el Huerto de los Olivos cuando los discípulos se quedaron dormidos, o la soledad del pueblo que días antes le había aclamado en su entrada triunfante en Jerusalén. «Él ha vivido la soledad en su propia carne, por eso puede confortarnos y compadecernos. Cristo es fuente del amor y el consuelo», ha destacado.

Así, don César ha lanzado algunos consejos a quienes por diferentes circunstancias se encuentren atravesando una enfermedad:

  • «Orad humildemente al Señor para que os de fuerzas y aliente vuestra esperanza. Una oración humilde os servirá para alcanzar la paz de corazón. Pedid al Señor que os aumente vuestra fe»
  • «Ofreced vuestro sufrimiento por quienes, quizá, lo necesiten más que vosotros como signo de solidaridad. Dios ungirá a los demás con el aceite de vuestra ofrenda. Y, como dijo el Papa emérito Benedicto XVI, se creara un depósito de consolación que ayude a otros a llevar la cruz»
  • «Compartid vuestros sentimientos con los que os cuidan y acompañan. Abridles vuestro corazón, no os encerréis en vuestra intimidad»

El obispo ha insistido en la necesidad de apartar el temor, puesto que el Señor ha vencido al pecado y a la muerte, Él es el pastor que siempre nos guía a buen puerto. En el Evangelio de hoy (Jn 14,15-21), Jesús asegura que nos ayudará con un Paráclito, un consolador, y traslada a los apóstoles unas contundentes palabras "No os dejaré huérfanos". El Espíritu consolador que envía, viene a ocupar su lugar y permanecer a nuestro lado en las pruebas que la vida nos presenta. Nos enseña los secretos de la vida y nos abre el horizonte del más allá. «Nos alienta en nuestro caminar incierto y nos alienta en nuestra enfermedad, nos asegura que la vida no termina en la muerte», ha destacado don César.

Con todo, el Obispo de la Diócesis ha exhortado a toda la Iglesia de Segovia a acompañar en la soledad a todos los que sufren como signo del Espíritu de Dios y su presencia sanadora.

Felipe predicaba en Samaria, una ciudad que se llenaba de alegría tras las curaciones. Por eso, el prelado ha lanzado una pregunta "¿Es compatible la alegría con la enfermedad?", para contestar positivamente, puesto que es compatible «en quienes la aceptan con paz, quienes entregan su vida en el mundo de la sanidad, aquellos que a pesar del cansancio transmiten paz y esperanza con el servicio que prestan. Oremos por ellos en este tiempo de Pascua, tiempo de gozo imperecedero, vida y resurrección, esperanza en la eternidad que ya ha comenzado en Cristo Resucitado».

Finalmente, don César ha pedido a la Virgen y patrona de Segovia, Nuestra Señora de la Fuencisla, que permanezca junto a los enfermos en su lecho de dolor, como lo hizo con su Hijo al pie de la Cruz.

Celebramos en este domingo la Pascua del Enfermo. Es el sexto domingo de Pascua, cerca ya de la Ascensión. Las palabras de Jesús tienen aire de despedida: «No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros» (Jn 14,18). Jesús no se refiere a su vuelta al fin de los tiempos, sino a una inmediata que tendrá lugar en Pentecostés cuando envíe al Espíritu Santo, que en griego se llama Paráclito. «Yo pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,16). ¿Por qué habla Jesús de otro Paráclito? ¿Qué significa este nombre?

En griego, Paráclito significa «el que consuela». Es natural que, al quedarse sin Jesús, los discípulos se sintieran tristes, huérfanos. Se marchaba su maestro y su amigo. Regresaba al Padre el que había sido su consuelo durante el tiempo que había estado con ellos. Por eso habla de otro Paráclito, porque el primero fue él. Este título de «consolador» se daba al Mesías, pues tenía la tarea de consolar a su pueblo en momentos difíciles. Ahora, ante la ausencia de Cristo, el Espíritu Santo viene a llenar su vacío y, cumple, por así decirlo, el servicio que realizaba Jesús. Por eso dice que volverá a los suyos.

En la enfermedad el hombre necesita consuelo. Lo estamos experimentando en esta dura prueba de la pandemia que no sólo nos ataca físicamente sino sicológica y espiritualmente al sentir, en muchas ocasiones, la soledad. El lema de esta pascua del enfermo es «acompañar en la soledad». Son muchos los que, por su ancianidad o por estar contagiados, han pasado y pasan mucho tiempo solos. Muchos también los que han fallecido en una soledad dramática sin la mano que te aprieta dando seguridad o la palabra que te conforta. Jesucristo ha experimentado la soledad, incluso la soledad de su Padre en la cruz, tan difícil de entender. Sufrió la soledad en el huerto de los olivos, cuando sus discípulos se durmieron y la soledad del pueblo que días antes le había aclamado con cantos en la entrada de Jerusalén. Ha vivido en su propia carne lo que padecen tantos hermanos nuestros.

Es este Jesús el que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré» (Mt 11,28). Recordando estas palabras, el Papa Francisco, en su Mensaje para este día, dice que nos «indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a él, “venid a mí”, y les promete alivio y consuelo».

Este consuelo tiene un nombre propio: es el Paráclito, capaz de sanar nuestras heridas más profundas, e incluso las de nuestra propia naturaleza mortal. En la primera lectura de este domingo se dice que Felipe predicaba en Samaría y realizaba «signos» como la curación de lisiados. El Espíritu actuaba por medio de él. «La ciudad —dice el libro de los Hechos de los apóstoles— se llenó de alegría». También nosotros necesitamos la acción del Espíritu que venga a confortar a la humanidad, y especialmente a los enfermos, con la alegría de su presencia. Para ello intensifiquemos nuestra oración de modo que se cumplan las palabras de Jesús: «Lo que pidáis en mi nombre yo lo haré» (Jn 14,13). Y al mismo tiempo que oramos, acompañemos a quienes sufren la enfermedad en soledad, y a quienes en el ejercicio de su trabajo sanitario pueden también sentirse solos o sin fuerzas ante las dificultades. La presencia de Jesús se realiza a través de los suyos, de su Iglesia, que desea estar junto a todos los que sufren para que nadie se sienta solo en la experiencia de su dolor.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

catequesis online

Con motivo de la pandemia, el Secretariado de la Comisión de Evangelización, Catequesis y Catacumenado ha desarrollado una serie de materiales audiovisuales para que los niños y adolescentes puedan continuar su formación religiosa.

A lo largo de estos dos meses, el curso de catequesis de los niños españoles se ha visto interrumpido por la situación generada por el coronavirus. Hay parroquias, que a través de los catequistas o el sacerdote, han podido ofertar a las familias recursos para poder continuar el proceso catequético de iniciación cristiana, pero otras familias no. Por este motivo, desde esta Comisión Episcopal se pone a disposición del público vídeos que recogen los objetivos centrales de cada etapa, dependiendo del curso y algunos recursos para que los padres puedan ayudar a sus hijos. El objetivo es dar un servicio a las familias para que sus hijos puedan terminar la catequesis que iniciaron en septiembre.

A través del canal de YouTube de este secretariado, se podrán seguir los vídeos correspondientes a cada etapa de la formación de los niños. El primero, titulado "Desde Nazaret” ya está disponible en esta red social.

Fuente: CEE

p enfermo

El próximo domingo VI de Pascua la Iglesia en España celebra la “PASCUA DEL ENFERMO”, que este año, a causa del Covid-19, no podemos celebrar en nuestra Diócesis de Segovia de forma comunitaria, como ha sido costumbre otros años.

Nuestro obispo, D. César Franco, celebrará, desde la Catedral de Segovia, con las medidas de seguridad establecidas por las autoridades, LA EUCARISTÍA DE LA PASCUA DEL ENFERMO a través de LA 8 SEGOVIA DE CASTILLA Y LEÓN TELEVISIÓN, A LAS 11 DE LA MAÑANA, EL PRÓXIMO DOMINGO, DÍA 17 DE MAYO.  En ella pondremos en los brazos amorosos de Dios a todos los enfermos y enfermas del coronavirus, a las personas mayores que han sufrido de manera especial la enfermedad en este tiempo, a quienes les cuidan y luchan por su curación, a los hermanos que han fallecido y a las familias de todos ellos. Quiere ser un momento, además, para dar gracias a Dios por tantas personas que está poniendo en nuestro camino, que nos cuidan y a las que cuidamos y acompañamos de distintas maneras.

Es momento de reconocer y agradecer, una vez más y de una manera especial, la labor siempre abnegada de tantos profesionales socio-sanitarios que, aun a riesgo de contagio o de perder su vida, están atendiendo y cuidando a tantos enfermos y personas mayores y la de tantas otras personas y colectivos e instituciones, que se han sumado para defender la vida y la salud con tanta profesionalidad y generosidad. Todos somos Agentes de Salud cuando cuidamos la nuestra y la de aquellos que están en nuestro entorno o bajo nuestro cuidado familiar y pastoral. Así hacemos presente al Dios de la vida, revelado en Jesucristo.

La Campaña del Enfermo de este año versaba sobre “ACOMPAÑAR EN LA SOLEDAD” «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28). No podíamos imaginar que íbamos a vivir esta situación de forma tan cruda y dolorosa. La soledad de los enfermos y sus familias, la soledad de los profesionales socio-sanitarios en su labor cotidiana, la soledad de nuestros ancianos en la ciudad, en nuestros pueblos y en las residencias, la soledad de los “enfermos invisibles”: mentales, de Alzheimer…  y sus familias, la soledad que se ha hecho realidad vivida en el confinamiento en nuestros hogares

A Jesús le conmueven el dolor y la angustia del enfermo. Cuidar, aliviar y sanar enfermos está íntimamente ligado al anuncio del Reino de Dios que llega. La cercanía a los enfermos, semejante a la de Jesús, suscitará en ellos la confianza en el Dios de la vida, nuestro Padre, que entra en el mundo para no abandonarlo jamás en la fe y entrega de María al Señor. Que Ella fortalezca nuestro compromiso y esperanza en este tiempo de incertidumbre.

Adjuntamos el MENSAJE DE LOS OBISPOS para esta Jornada.

María José del Río Torres - Directora Secretariado de Pastoral de la Salud

José Mª López López - Consiliario de Pastoral de la Salud

Segovia, 13 de mayo de 2020

2020 católicos judíos musulmanes

Mañana, 14 de mayo, se celebra la Jornada Mundial de Oración, ayuno y obras de misericordia por la humanidad. Una invitación a las comunidades religiosas judías, cristianas y musulmanas y a cuantos creen en Dios para rezar por el fin de la crisis sanitaria.

La situación de crisis mundial desencadenada por la pandemia del coronavirus, que azota a la humanidad y pone en peligro la vida de millones de personas, evidencia  la fragilidad de la vida humana. Al mismo tiempo nos invita a unirnos en una lucha común contra los efectos devastadores de esta enfermedad.

Queremos expresar nuestra fraterna cercanía al sufrimiento de los enfermos, y encomendamos a Dios Misericordioso a las personas fallecidas, al tiempo que manifestamos a los familiares de quienes han perdido seres queridos nuestra cercanía. Igualmente queremos expresar nuestro profundo agradecimiento a todo el personal sanitario y a la comunidad científica por su trabajo, con auténtico espíritu de servicio y entrega por el bien de la humanidad.

Con este doloroso motivo pero llenos de esperanza en la misericordia del Señor, invitamos a que el próximo día jueves 14 de mayo las comunidades religiosas judías, cristianas y musulmanas y cuantos creen en Dios, Creador y Protector de la Vida, eleven súplicas y oraciones para que ponga fin a esta pandemia, nos consuele en la aflicción y ayude a cuantos trabajan en la investigación científica al servicio de la salud a encontrar el tratamiento adecuado para vencer la enfermedad y vernos libres de las consecuencias sanitarias, económicas y humanitarias de este grave contagio.

Será esta una jornada de oración, ayuno y obras de misericordia, en la que las comunidades creyentes y cuantas personas de buena voluntad se asocien a ella supliquen a Dios a una sola voz para que ayude a la humanidad a salir de esta situación de dolor y sufrimiento, y nos afiance en la fe de que su misericordia y amor por  nosotros no tienen fin.

Las tres grandes religiones monoteístas se encuentran en un tiempo de gracia y oración por la celebración en estos días de su grandes fiestas anuales: la Pascua judía, que para el pueblo hebreo conmemora la liberación de la esclavitud de Egipto; la Pascua cristiana, que para los discípulos de Jesús celebra el misterio la muerte y resurrección de Cristo; y el mes de Ramadán, que para los musulmanes festeja la primera revelación de Dios al profeta Muhammad. Tiempo propicio para la oración y el cambio, para volvernos al rostro de nuestro prójimo y elevar a Dios el corazón orante por la salvación del mundo.

Con el deseo de que todos los creyentes se unan a esta jornada de oración, imploramos a Dios Todopoderoso, Siempre Justo y Misericordioso su bendición para la humanidad que sostiene en sus manos providentes.

  • Isaac Benzaquén Pinto. Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España
  • Adolfo González Montes. Obispo de Almería. Presidente de la Subcomisión Episcopal para las Relaciones con las Confesiones.
  • Ajana El Quafi. Secretario de la Comisión Islámica de España.

En Madrid, a 11 de mayo de 2020 .

Fuente: CEE
 
enfermera foto freepikHoy se celebra el Día Internacional de la Enfermería, en el contexto del Año Internacional del Personal de Enfermería y Partería convocado por la Organización Mundial de la Salud. En este mismo día también recordamos el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, con quien dio inicio la enfermería moderna. A todos ellos, el Papa pide que puedan desarrollar su vocación en forma digna, para beneficio de toda la sociedad.
 

El Papa ha enviado un mensaje a todos los enfermeros, enfermeras, en su día: “Queridos enfermeros, queridas enfermeras y personal de obstetricia, que este aniversario coloque la dignidad de vuestro trabajo en el centro, en beneficio de la salud de toda la sociedad”. Así, les aseguró a sus  familias y a todos los que atienden, sus oraciones y bendición apostólica.

Ser enfermero en tiempos del Covid19

En este momento histórico, marcado por la emergencia sanitaria mundial a causa de la pandemia del virus Covid-19, “hemos redescubierto la importancia del rol del personal de enfermería, como también el de partería”, recuerda el Pontífice, diariamente presenciamos el testimonio de valentía y sacrificio de los agentes sanitarios, en particular de las enfermeras y enfermeros, quienes, dice en su mensaje,  con profesionalidad, sacrificio, responsabilidad y amor por los demás ayudan a las personas afectadas por el virus, incluso poniendo en riesgo la propia salud.

Personal sanitario víctima del Coronavirus

Al arriesgar sus vidas, muchos de ellos han sido víctimas del Covid19. Mientras cumplían “fielmente con su servicio”. Por todos ellos el Papa ha rezado, y en su mensaje lo hace también: “Rezo por ellos —el Señor conoce el nombre de cada uno— y por todas las víctimas de esta epidemia. Que el Señor resucitado les conceda la luz eterna y a sus familias el consuelo de la fe”.

Ser enfermero, no es una profesión es una vocación

El personal de enfermería siempre ha desempeñado un papel central en la asistencia sanitaria, señala Francisco, todos los días siguen de cerca los cambios positivos o negativos en la mejoría del paciente, les dedican toda su atención, y les dan calor humano. Tienen una directa relación con sus parientes. Como dice el santo Padre, “experimentan, con la cercanía a los enfermos, el trauma que causa el sufrimiento en la vida de una persona. Son hombres y mujeres que han dicho “sí” a una vocación particular: la de ser buenos samaritanos que se hacen cargo de la vida y de las heridas de los demás. Custodios y servidores de la vida que, mientras administran las terapias necesarias, infunden ánimo, esperanza y confianza”. Los enfermeros y enfermeras, como dice el Papa, no sólo tienen un conocimiento científico-técnico, sino que su profesionalidad está “constantemente iluminada por la relación humana y humanizadora con el paciente”, por tanto, les pide que su profesionalidad, sea guiada por la responsabilidad moral.

Los enfermeros: Santos de la puerta de al lado

Un enfermero/ra, atendiendo a pacientes en todas las etapas de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte, participan, afirma el Papa Francisco, en una escucha continua, “encaminada a comprender cuáles son las necesidades de ese enfermo, en la etapa que está atravesando. De hecho, frente a la singularidad de cada situación, nunca es suficiente seguir una fórmula, sino que se requiere un continuo —¡y fatigoso!— esfuerzo de discernimiento y atención a cada persona”. Están al lado de los pacientes y familiares, en los “momentos cruciales de su existencia, nacimiento y muerte, enfermedad y recuperación, para ayudarlas a superar las situaciones más traumáticas”. Incluso, cuando están a punto de fallecer, les dan “consuelo” y “alivio” en los últimos momentos. Por esta entrega, Francisco les ha dicho que forman parte de los “santos de la puerta de al lado”.

“Son la imagen de la Iglesia, “hospital de campaña”, que continúa llevando a cabo la misión de Jesucristo, que se acercó y curó a las personas que sufrían todo tipo de males y se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos. ¡Gracias por vuestro servicio a la humanidad!”.

Potenciar asistencia sanitaria

El Papa, en su mensaje, recordó que, en muchos países, la pandemia ha “evidenciado muchas deficiencias en la atención sanitaria”, y pide a los jefes de las naciones de todo el mundo, “para que inviertan en sanidad, como bien común primario, fortaleciendo las estructuras y designando más personal de enfermería, para garantizar a todos, un servicio de atención adecuado y respetuoso de la dignidad de cada persona”. El Papa afirma que es importante reconocer efectivamente el papel esencial que desempeña esta profesión para la atención al paciente, para la actividad de emergencia territorial, la prevención de enfermedades, la promoción de la salud, la asistencia en el sector familiar, comunitario y escolar.

“Los enfermeros y enfermeras, así como las comadronas, tienen derecho y merecen estar más valorizados e involucrados en los procesos que afectan a la salud de las personas y de la comunidad. Se ha demostrado que invertir en ellos favorece los resultados en términos de atención y salud en general”. Para ello, el Papa precisa la necesidad de potenciar su perfil profesional proporcionando herramientas científicas, humanas, psicológicas y espirituales para su adecuada formación; así como mejorar sus condiciones de trabajo y garantizar sus derechos para que puedan llevar a cabo su servicio con plena dignidad. En este sentido, las asociaciones de agentes de la sanidad tienen un papel importante, pues, además de ofrecer una estructura orgánica, acompañan a cada uno de sus miembros, “haciéndolos sentir parte de un cuerpo unitario y no se sientan perdidos y solos frente a los desafíos éticos, económicos y humanos, que conlleva la profesión”.

Un mensaje a las comadronas

El Papa dedica unas palabras a las  comadronas, que asisten a las mujeres embarazadas y las ayudan a dar a luz a sus hijos: “vuestro trabajo es uno de los más nobles que existen, dedicado directamente al servicio de la vida y de la maternidad. En la Biblia, los nombres de las dos parteras heroicas, Sifrá y Puá, se inmortalizan al comienzo del libro del Éxodo (cf. 1,15-21). También hoy el Padre celestial os mira con gratitud”.

 PUEDE DESCARGAR EL TEXTO COMPLETO DEL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO AQUÍ

Fuente: Vatican News

CÁRITAS CORPUS CHRISTI

Los obispos de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social hacen público hoy, 11 de mayo, el mensaje con motivo de la festividad del Corpus Christi, Día de la Caridad, que se celebrará el domingo 14 de junio, bajo el título:

“Sentado a la mesa con ellos (Lc 24, 18) ” .

Os ofrecemos el mensaje completo:

En la solemnidad del Corpus Christi, el Señor, compadecido de nuestra enfermedad pandémica, de nuestra desesperanza y soledad, nos invita a encontrarnos con Él en el camino y a sentarnos a comer a su mesa. Espera así que, unidos a Él, nos convirtamos en testigos de la fe, forjadores de esperanza, promotores de fraternidad y constructores de solidaridad en medio de esta situación tan dolorosa que estamos atravesando.

1.- En un singular ayuno eucarístico

Hemos vivido semanas sin poder participar física y plenamente de la Eucaristía. Poco a poco vamos volviendo a una cierta normalidad al poder recuperar la participación del Pueblo de Dios en la mesa del Señor. Esta participación será progresiva y estará condicionada por el cumplimiento de las condiciones de aforo y de las normas. Muchos niños no han podido celebrar aún la Primera Comunión y no podrán acompañar a Jesús sacramentado por las calles de nuestros pueblos y ciudades el día del Corpus Christi. Quera el Señor que esta situación de ayuno eucarístico haya acrecentado en nosotros el deseo de la Eucaristía y la necesidad de profundizar en su ser y significado.

2. La tentación del abandono

El Evangelio según san Lucas contiene un pasaje precioso que recoge la experiencia de dos discípulos que habían abandonado la comunidad, se habían sentido engañados y abandonados por Jesús, que no había cumplido sus expectativas. Desanimados y entristecidos, caminaban esa tarde de domingo hacía la aldea de Emaús. Atrás quedaban sus ilusiones y esperanzas, marchitadas por la incomprensible muerte de su Maestro. De pronto, el sombrío discurrir de sus pensamientos se fue llenando de luz al compartir su historia con un Peregrino que les alcanzó por sorpresa.

Durante aquel encuentro, el Peregrino fue disipando sus dudas y tocando su corazón. Les cautivó de tal manera que ya no les importaba su noche, sino la de aquel buen hombre que quería continuar su camino; “quédate con nosotros”, le dijeron. Sentado a la mesa con ellos, al repetir los gestos de la última cena, mientras pronunciaba la bendición, partía el pan y se los iba dando, lo reconocieron. Al momento desapareció de su vista, pero les quedó clara una cosa: Cristo resucitado les había alcanzado para compartir con ellos sus oscuridades, abrir su corazón al sentido profundo de las Escrituras, compartir la mesa, alimentar su vida espiritual, edificar la comunidad e implantar el Reino. Ahora tocaba volver a Galilea para, juntos, comenzar la misión que el Maestro les había encomendado.

En nuestros días, son muchas las personas que, como los discípulos de Emaús, caminan por la vida con desánimo, sin rumbo, desengañados por malas experiencias. En ocasiones, expulsados de la convivencia social, estos hermanos viven y mueren solos ante la   indiferencia de casi todos. Algunos fueron empujados a su Emaús particular por desengaños amorosos, por fracasos personales, por creerse autosuficientes o porque, sencillamente, no encontraron sitio en una sociedad tremendamente competitiva.

Esta situación de muchos hermanos y hermanas nuestros se ha visto agravada por la reciente pandemia que venimos padeciendo desde hace meses. Dios necesita de cada uno de nosotros para hacerse presente a tantos caminantes de Emaús que avanzan sin rumbo y sin ánimo. Algunos, además, no cuentan con lo necesario para llevar una vida digna pues carecen de la acogida social, de un hogar adecuado y del alimento necesario para el sustento diario. Esta pandemia no solo nos está dejando dolorosas muertes, sino que está provocando además una grave crisis económica y social.

Como consecuencia de la crisis, está creciendo el número de personas que sufren física, social, psicológica y espiritualmente. Muchas ya están experimentando la noche oscura de los discípulos de Emaús al pensar que todo está perdido. Sin embargo, en medio de tanto dolor y desánimo, al igual que los discípulos de Emaús, bastantes hermanos están descubriendo la presencia misericordiosa de Dios en aquellos que el Papa Francisco ha llamado “los santos de al lado”: el personal sanitario, las fuerzas de seguridad, los capellanes de los hospitales, los vecinos… han sido como estrellas de esperanza en el oscuro camino que nos ha tocado recorrer. Hoy, más que nunca, tenemos necesidad de muchas personas que puedan ser “santos de al lado”, de los que Dios se pueda servir para hacerse presente y ofrecer esperanza a quienes caminan perdidos y desesperanzados. 

En medio de tanto dolor, no podemos olvidarnos de aquellos hermanos nuestros que han fallecido por la infección del virus. Oramos por ellos para que participen por toda la eternidad de la victoria del Resucitado. Encomendamos también a sus familiares y amigos para que, además de experimentar la cercanía y el calor de los más cercanos, puedan también descubrir en Jesucristo el fundamento de su esperanza y el faro que ilumine su peregrinación por este mundo hasta el reencuentro futuro.

La Iglesia, la familia de los hijos de Dios, imitando a su Maestro, quiere seguir ofreciendo el sustento material a quien lo necesita, el acompañamiento a quienes se sienten solos y el alimento espiritual, que nace de la Palabra y de los Sacramentos, a todos los que tienen hambre de Dios o necesitan encontrarse con Él para descubrir el verdadero sentido de su vida. Esta es la gran obra social que la Iglesia, nacida del mismo Jesucristo, quiere seguir realizando hasta el encuentro definitivo con el Padre.

3. Eucaristía: fuente del amor, de la comunión y del servicio

El día antes de culminar su entrega a Dios y a los hermanos, muriendo en la cruz, Jesús, durante la última cena con sus discípulos, quiso dejar un memorial de su obra de salvación instituyendo la Eucaristía. Durante la celebración, pide a los discípulos que renueven aquel gesto y aquellas palabras en memoria de su vida entregada por amor. Con las palabras “haced esto en memoria mía”, confía a la comunidad cristiana el encargo de reunirse con asiduidad para celebrar este misterio de amor y comunión.

La Eucaristía es, por tanto, para el cristiano, el memorial del amor de Dios hacia cada ser humano, que se manifiesta en la entrega de su Hijo Jesucristo. Al participar con fe en la celebración eucarística nos unimos profundamente a Cristo y recibimos de Él la fuerza y el amor necesarios para vivir nuestra entrega generosa y servicial a los hermanos. En cada Eucaristía, actualizamos sacramentalmente este misterio de amor, pero un día al año, el día del Corpus Christi, lo hacemos con una especial solemnidad. Por eso, en esta jornada, la Iglesia celebra también el día de la Caridad, puesto que anunciamos y celebramos con profunda fe que de la Eucaristía mana la fuente de todo amor y santidad.

La Iglesia, inundada de alegría, adorna, canta, proclama y adora a Cristo muerto y resucitado en el sacramento de la fe y de la comunión. Él es el origen, camino y meta que puede dar sentido a toda existencia humana y que muestra la vocación a la que es llamado todo cristiano. Jesús nos da realmente su Cuerpo y su Sangre, verdadero maná, que alimenta nuestra vida y la llena de sentido nuestra peregrinación por este mundo hacía la patria celestial. Al recibir al Señor, recibimos el don de la comunión para vencer el virus de la división y el don del amor para hacer frente a la pandemia de la indiferencia.

Además de alabar y dar gracias a Dios por haberse quedado con nosotros hasta el fin de los tiempos, hemos de acoger con gozo su invitación a colaborar con Él en el anuncio del Reino, en la atención a los hermanos y en la transformación del mundo. En la Eucaristía experimentamos la alegría de vivir y recibimos el alimento necesario para reparar nuestras fuerzas desgastadas en el servicio a los hermanos.

Este trabajo de transformación del mundo no podemos llevarlo a cabo solos. Necesitamos de todos y particularmente de nuestras autoridades políticas, civiles, económicas y religiosas. Necesitamos personas con mucha paciencia, con la mirada puesta en los más frágiles de nuestra sociedad, y con una firme voluntad de llegar a acuerdos y de aplicarlos.

Que exista esa voluntad, es hoy lo más importante. Pedimos a todos los ciudadanos que ayuden a hacer posible un diálogo constructivo y eficaz. Oramos para que los muros sean superados, para que los egos, los intereses particulares y las ideologías sean dejadas a un lado. Oremos para que cuando los interlocutores se encuentren juntos en la misma sala, se miren a los ojos y perciban nuestro clamor y ánimo: «adelante, ustedes pueden…». Esperamos que de estos encuentros emerja también la complicidad y que el gesto de afecto facilite el acercamiento de posturas. Oramos para que el virus de la división, el diabolos, que estará siempre al acecho, no consiga romper el buen hacer de todos los interlocutores pues está en juego la construcción del bien común en esta querida casa de todos, que es nuestra sociedad.

4. Comunidad misionera al servicio de los pobres

Desde la comunión con quienes sufren a causa de la enfermedad o de la muerte de sus seres queridos, y desde la cercanía a tantas personas que carecen de lo necesario para vivir dignamente, el Señor nos invita a dejarnos alcanzar por Él, a compartir su mesa, a ser sus discípulos y, llegado el momento, nos anima a salir en misión. No podemos quedarnos bloqueados por el dolor. El Señor nos llama constantemente a ser discípulos misioneros, a salir a los caminos y encrucijadas de la historia para convocar a todos, especialmente a los desesperanzados, a los pobres y excluidos, a los que experimentan la violencia y la persecución, y a los que habitan en las diferentes periferias de nuestro mundo.

En cada Eucaristía el Señor nos invita a ser como el peregrino del Evangelio que sale al encuentro de tantos hermanos y hermanas que, como los discípulos de Emaús, deambulan por la vida, marcados por la oscuridad del sinsentido, de la falta de un hogar, de la soledad e incluso de las ganas de vivir. Al comulgar con el Cuerpo de Cristo, somos enviados por Él con la energía y la luz necesarias para salir al mundo, para partirnos por los heridos de la vida, para forjar las comunidades que puedan recibirlos con hospitalidad evangélica.

Quienes se preguntan dónde está la Iglesia en estos momentos, pueden dirigir su pregunta a los pobres, a los enfermos, a los discapacitados, a los que están solos, a los ancianos abandonados, a los que buscan sentido en medio de la oscuridad, a los que han perdido un familiar querido, a tantos que buscan a alguien que les escuche… Ellos han encontrado el rostro de la Iglesia en la acogida de los miembros de Caritas y de tantas otras entidades de Iglesia, en los hospitales, los comedores, los centros de acogida y las residencias de ancianos de parroquias y de diversas instituciones eclesiales. Ellos la han encontrado en tantos hombres y mujeres creyentes, que también son la Iglesia, y que se gastan y desgastan por edificar un mundo más justo, más fraterno, más humano y más abierto a Dios. La han encontrado en tantos médicos, enfermeros, auxiliares, transportistas, farmacéuticos, policías, militares, muchos de ellos católicos, que son también la Iglesia. La Iglesia, con la ayuda del Señor, seguirá realizando este servicio diariamente, con humildad, sin pretender ocupar las primeras páginas de los periódicos.

Hoy, día del Corpus Christi y de la Caridad, la Iglesia que peregrina en España da gracias a Dios por los miles de católicos que, unidos al Señor, iluminados por su Palabra, alimentados del Cuerpo de Cristo, viven ofreciendo sus vidas y sus recursos a los más necesitados. Damos gracias a los agentes de pastoral, a los voluntarios de Caritas y de tantísimas otras instituciones de la Iglesia. Esta familia que es la Iglesia invita a orar con intensidad por todos ellos, para que el Señor les regale fortaleza de espíritu y lucidez para afrontar la nueva realidad de necesidad y pobreza que está emergiendo. Y, al mismo tiempo que recibe el don del Corpus Christi, invoca la especial intercesión de María para que nos libre de la pandemia provocada por el coronavirus y de tantas otras pandemias que a veces nos quedan lejanas pero que provocan sufrimiento a muchos hermanos y hermanas de aquí y del mundo entero. Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayude a poner siempre nuestro corazón en los bienes del cielo y oriente nuestra mirada hacia sus hijos más necesitados.  

Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social

 

Fuente: CEE

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Queridos amigos:

Me piden que comente cómo estoy viviendo, aquí en la Misión de Binga en Zimbabue, la pandemia del coronavirus.

La respuesta es: Con una GRAN PREOCUPACIÓN ; tanto por la salud física, como por la salud espiritual de todos los que componen esta misión y sus 24 centros, en una extensión comparable con la
provincia de Segovia.

Hace ya más de cinco domingos que no podemos visitar las comunidades, muchas de ellas con pocos cristianos y, con frecuencia con muy pocos que sepan leer y escribir. Hay muchos que, por eso mismo, no tienen la Biblia y, si no se pueden reunir con los demás, como es el caso ahora, no van a escuchar la Palabra de Dios por un tiempo largo. Dadas las circunstancias en que nos movemos, aquí no se puede esperar que, a través de la tele, o de algún otro medio, puedan seguir la Misa o cualquier servicio religioso. Incluso el WhatsApp no
llega a muchos sitios, pues no hay cobertura. Aquí mismo, donde vivo, nos robaron el cable del teléfono y estamos casi incomunicados.

Así las cosas, uno se pregunta cómo podrá mantener la fe viva tanta gente, que no tiene mucho conocimiento y que no van a recibir la visita del cura quizás por un tiempo largo. Me vienen a la cabeza las palabras de Amós, en el capitulo 7, cuando a la vista de lo que el Señor tenía planificado contra Israel, le dice al Señor : "¿Cómo va a sostenerse Jacob, siendo tan pequeño? Y el Señor se compadeció por esto".

Y no es menor la preocupación por la salud física, porque aquí haymuy poquitos medios para combatir este virus, o su propagación. Es cierto que hay estado de alarma, o algo parecido, pero en las zonas rurales de aquí, es impensable que la gente no salga de sus casas. 
Tienen que hacerlo para conseguir agua, leña, etc. Incluso en esta pequeña ciudad, donde sí hay agua corriente, no llega bien a todos y muchos cocinan con leña. Además la mentalidad no está hecha para mantenerse encerrados en casa. A veces la policía o los soldados
impiden más movimientos, pero en muchas partes eso es imposible.

Y los preparativos que hay en el hospital, dejan mucho que desear. Los médicos y enfermeras no tienen material protector, ni tampoco, en nuestro caso de Binga, pueden hacer el test, si llega alguno con síntomas de virus. Han montado una tienda de campaña grande,
fuera del hospital, con dos o tres camas, pero nada más. Dicen que las altas temperaturas son un buen preservativo contra este virus, cosa que no sé si es cierto, pero aquí se llega con facilidad a los 35ºC, incluso ahora. En Octubre los 40ºC y más, no son una rareza. ¿Será
eso suficiente?

Y no hay que olvidar los efectos devastadores en la economía. En un país que ya estaba muy mal económicamente , ahora se añaden el hambre, pérdida de trabajo, inseguridad ante el futuro...Cáritas y algunas ONGs están distribuyendo comida, pero no llega a todos, ni  tampoco con regularidad.

¿Qué es lo que yo puedo hacer en esta situación? Pues, naturalmente, rezar, rezar y rezar. Otras cosas están fuera de mi​ alcance, a nivel de comunidad. Los curas de aquí hemos escrito una carta para todos los Cristianos, animándoles a rezar en sus casas, y a
seguir las normas que salen del gobierno, como lavarse las manos con frecuencia, etc, pero incluso esta carta no ha llegado a todos, ni mucho menos. Todo lo dejamos y ponemos en las manos de Dios, a través de nuestra Madre María. Que Él tenga piedad de todos
nosotros, tanto aquí, como en España y en todo el mundo.

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Un fuerte abrazo,

Jesús María del Barrio: Binga ~ ZIMBABUE

Domingo, 10 Mayo 2020 09:53

CON MIRADA AGRADECIDA...

CON MIRADA AGRADECIDA

A lo largo de este año 2020 un grupo de sacerdotes en nuestra Diócesis celebra sus Bodas de Platino (Juan de Frutos), Diamante (Alfonso M. Frechel, Jesús Hernangómez, José L. Sancho Nuño, Tomás R. Rincón -sin foto-, Eloy Tejero, Félix G. Matarranz), Oro (Teodoro Cuesta, Ángel García, Jesús Torres, Julio Martín) y Plata (Fernando Mateo, Edilberto Parada). Entre los que celebran las bodas de oro, me encuentro yo. Por ello, doy gracias a Dios, por encima de todo.

La vida de mis hermanos ­­—sobre todo quienes celebran sus bodas de diamante, como quienes celebramos las de oro y de plata también— ha sido un entresijo de circunstancias y acontecimientos, donde el dedo de Dios ha ido dirigiendo nuestra historia. Con mirada retrospectiva, unas circunstancias socio-políticas no fáciles en tantas ocasiones, para hablar con la libertad de los hijos de Dios, para dar y presentar el mensaje cristiano con toda su nitidez; recordemos las secuelas del "mayo del 68", el prohibido prohibir,...

El final de una situación política de España, no fácil para la Iglesia que peregrinaba. ¿Cómo encajar esta situación dentro de una Europa homogénea y un acontecimiento, ­­—el más importante del siglo XX— el Concilio Vaticano II, con todo un bagaje eclesial, pastoral, etc. Era muy necesario abrir de par en par las ventanas de nuestra Iglesia, a fin de que el aire y soplo del Espíritu que envolvía el Concilio Vaticano II renovara nuestros ambientes intraeclesiales, enrarecidos por la polilla del conformismo y de la instalación. Era urgente tomar conciencia y dar paso, de una Iglesia basada en el poder, a una Iglesia de servicio: volver a sus raíces, lavar los pies a los hermanos. Ser más testigos que maestros, sin olvidar nuestra tarea de evangelizadores. No fueron tiempos fáciles, por supuesto, el viento no siempre era favorable. Hubo que remar, en muchas ocasiones, a contracorriente. Pero la fidelidad del Señor siempre estuvo a nuestro lado: ciertamente soñamos con planes pastorales innovadores, nuevas metodologías, ensayos diversos en catequesis, en reuniones, homilías... Todo ello muy relativo con el discurrir de los días: lo más significativo e importante fue "sembrar contra toda esperanza", haciendo realidad lo de san Pablo: "Ay de mí, si no evangelizare", o hacer realidad el lema de san Juan de Ávila, patrono del clero español: "su amor, la Iglesia y las almas".

Al mirar hacia atrás en este itinerario de 65, 60, 50 o 25 años de ministerio sacerdotal, la gratitud debe primar por encima de todo. A Dios, dador de nuestra vocación sin merecerla, a nuestra familia —base humana de nuestro existir—, a las personas que nos ayudaron a crecer y madurar en nuestra etapa de Seminario: educadores, profesores... Y a las comunidades y lugares donde fuimos enviados, ellas nos enseñaron a ser sacerdotes... ¡Cuántas lecciones anónimas, clases magisteriales de fe, de entrega, de amor desmedido! A pesar de nuestra debilidad, envuelta en la misericordia de Dios, que ha ido marcando nuestra historia. Él ha sido quien ha dirigido nuestra vida, como siervos inútiles, pastores de la última hora y solo de Él hemos aprendido cómo debemos anunciar su mensaje y cómo hemos de servir a los hermanos. A pesar de nuestra fragilidad, una mirada alegre y agradecida a un ayer —con sus luces y sombras—, a un hoy lleno de inmensa gratitud, y a un mañana repleto de esperanza.

Gratitud, enhorabuena y un deseo de que alguien, los jóvenes de nuestra Diócesis, recojan el testigo.

Ángel García Rivilla

 

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