Secretariado de Medios

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SAN JUAN DE ÁVILA

 

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha aprobado hoy la inscripción de la celebración de San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia en el calendario romano general.

La santidad se vincula con el conocimiento, que es experiencia del misterio de Jesucristo, indisolublemente unido al misterio de la Iglesia. Este vínculo entre santidad e inteligencia de las cosas divinas y también humanas, brilla de modo particular en aquellos que han sido adornados con el título de “doctor de la Iglesia”. De hecho, la sabiduría que caracteriza a estos varones y mujeres no les concierne solo a ellos, ya que, al convertirse en discípulos de la Sabiduría divina, se han convertido a su vez en maestros de sabiduría para toda la comunidad eclesial. Por este motivo, los santos y las santas “doctores” son inscritos en el Calendario Romano General.

Por ello, teniendo en cuenta que recientemente han sido reconocidos con del título de doctor de la Iglesia grandes santos de Occidente y Oriente, el Sumo Pontífice Francisco ha decretado inscribir en el Calendario Romano General con el grado de memoria ad libitum:

-San Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia, el día 27 de febrero,
–San Juan De Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia, el día 10 de mayo,
-Santa Hildegarda de Bingen, virgen y doctora de la Iglesia, el día 17 de septiembre.

Estas nuevas memorias deben ser inscritas en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y la Liturgia de las Horas; los textos litúrgicos que han de ser adoptados, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, tras su confirmación por parte de este Dicasterio, publicados por las Conferencias Episcopales.
Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 25 de enero de 2021, fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol.

Robert Card. Sarah
Prefecto

Arthur Roche
Arzobispo Secretario

manos unidas

 

La campaña anual de Manos Unidas, que tiene lugar en el mes de febrero, lleva este año un título que nos recuerda por un lado el contagio que tanto tememos y, por otro, la tragedia del hambre. Todos tenemos miedo a contagiarnos de algo que resulta difícil vencer, pues se escapa de nuestras manos: la COVID19. Ponemos todos los medios para evitar el contagio. El hambre no es una enfermedad ni una pandemia. Es una tragedia que se prolonga con sus muertes diarias, desnutriciones y terribles consecuencias para la salud y el bienestar de los más pobres. Paradójicamente, la humanidad sí puede vencer esta «pandemia» utilizando los recursos que posee a favor de la gente que padece hambre.

Esta dramática contradicción —lamentar lo que no podemos vencer por el momento y no luchar contra lo que podemos evitar— pone en evidencia la falta de compromiso moral ante problemas cuyas soluciones están en nuestras manos y el escándalo farisaico de rasgarnos las vestiduras ante el mal ajeno cuando no colaboramos eficazmente en su solución.

El lema de la campaña nos invita, en primer lugar, a contagiar solidaridad. No solo se contagia lo malo, también lo bueno. El ejemplo cunde porque el bien se difunde por sí mismo. Cuando vivimos junto a personas generosas nos sentimos estimulados a la imitación. Y la bondad tiene un especial atractivo que invita a la emulación. Jesús, en «El Sermón de la Montaña», invita a sus discípulos a que hagan buenas obras y sean vistas por la gente para que, al verlas, alaben al Padre que está en los cielos. Con esta invitación, Jesús subraya la importancia de que el bien sea visto de modo que pueda contagiar a otros a practicarlo, y así Dios será reconocido y alabado en las obras de sus hijos. Para ello debemos quitar barreras y obstáculos al bien de modo que pueda expandirse en la sociedad. Lamentarse ante el mal es ineficaz. Luchar contra él es obligación moral. Hacer el bien es propio de quienes se compadecen ante las necesidades ajenas y renuncian a sí mismos para que los demás sean felices y vivan con la dignidad de hijos de Dios. También la carta a los Hebreos insiste en la importancia del ejemplo que damos a los demás, cuando dice: «Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras» (Heb 10,24). Con frecuencia nos fijamos más en los defectos ajenos que en las virtudes. Si reconociéramos el bien que otros hacen, nos contagiaremos de su virtud y disculparemos con magnanimidad sus errores.

Además de invitarnos a hacer el bien, Jesús nos advierte de la seriedad con que seremos juzgados cuando damos la espalda a las necesidades de los hombres. El juicio de Cristo sobre nuestros pecados de acción y omisión en el ejercicio de la caridad no tiene atenuantes. Lo que hacemos o dejamos de hacer con hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, encarcelados, lo hacemos o dejamos de hacer a él mismo, que ha querido identificarse con los pobres y marginados de este mundo. Acabar con el hambre en el mundo es tarea de todos, empezando por quienes gobiernan los pueblos. Todos podemos contribuir de diversas maneras para que nadie muera por hambre, ni por sed, ni por una vida infrahumana. Es cuestión de dejarnos contagiar por el amor de Dios, nuestro Padre, que, a la hora de hacer el bien no distingue entre justos y pecadores, santos e impíos. Por eso, decir que amamos a Dios y no practicar la caridad con el prójimo es mentir, y la mentira es abominable a los ojos de Dios. Se trata, por tanto, de conocer el amor de Dios y ponerlo en práctica. Así dice 1 Jn 3,16-18: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras».

Contagiémonos unos a otros del amor que procede de Dios y que tiene su término también en Dios, pues hacia él caminamos. Pero no olvidemos que Dios ha querido revelarse en su Hijo Jesucristo, quien ha escogido hacerse uno con nosotros para que aprendamos a amar a Dios y a los hombres como lo hizo él.

+ César Franco
Obispo de Segovia.

Lunes, 01 Febrero 2021 11:56

REVISTA DIOCESANA FEBRERO 2021

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Es un dato constatado en los Evangelios que la enseñanza de Jesús revelaba una autoridad hasta entonces desconocida. En el Evangelio de este domingo, los asistentes a la sinagoga afirman que Jesús «les enseñaba con autoridad y no como los escribas». La diferencia entre Jesús y los escribas radica en que Jesús no repetía sin más lo que decía la ley y los profetas, sino que daba un paso adelante: añadía su propia interpretación, que, en muchas ocasiones, suponía una superación de la ley mosaica. Es decir, se situaba en el mismo nivel de Moisés, lo cual provocó naturalmente escándalo, dado que Moisés era el portavoz del mismo Dios para el pueblo escogido. En el «Sermón de la Montaña», que leemos en Mateo, esta autoridad de Jesús, situándose por encima de Moisés al interpretar los preceptos de la ley, queda perfectamente plasmada en la contraposición utilizada por Jesús: «Habéis oído que se os dijo […] pero yo os digo». Tal modo de enseñar revela que Jesús se sentía investido de una autoridad que superaba la de Moisés. Así lo reconoce J. Neusner en su libro Un rabino habla con Jesús. Resumiendo cuál es la clave de la enseñanza de Jesús, J. Ratzinger dice: «La centralidad del Yo de Jesús en su mensaje, que da a todo una nueva orientación» (Jesús de Nazaret, primera parte, p.135).

La autoridad de Jesús, en realidad, radica en su propia persona, en su conciencia de ser Hijo de Dios y su enviado, que enseña no solo con palabra, sino con obras. Así, en el Evangelio de hoy, Jesús realiza la curación de un poseso que gritaba contra Jesús porque había venido a destruir el poder del mal. Después de curarlo, los testigos del milagro afirman: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen» (Mc 1,27). Es claro, en este comentario de la gente, que la enseñanza de Jesús es nueva, no solo por sus contenidos, sino por la autoridad que la respalda con su poder milagroso. Como sucede con la curación del paralítico curado en Cafarnaún, el milagro de Jesús refrenda su capacidad para perdonar los pecados, que es propia y exclusiva de Dios.

Estas consideraciones sobre la «novedad» que aporta Cristo en su enseñanza y en su modo de actuar explican el impacto que produjo su persona entre sus contemporáneos y sus propios discípulos que se preguntaban: ¿Quién es este? Esta cuestión se halla en el centro de los tratados cristológicos. Sin decirlo expresamente, Jesús ha respondido a esta pregunta mediante circunloquios que le sitúan en el ámbito de Dios, en la unidad con aquel a quien llama Padre. Esta conciencia de ser Hijo de Dios explica la novedad en todo lo que hace: puede hablar en su nombre, interpretar la ley, hacer milagros y, sobre todo, entregar su vida a favor de los hombres en su muerte y resurrección. El modo de hablar de Jesús sobre sí mismo revela su identidad y nos abre las puertas de su propia conciencia. Sus obras, por otra parte, dan testimonio de que su enseñanza es verdadera porque hace lo que dice con plena autoridad. La curación del poseso muestra sobre todo que su poder está por encima del mal, al que ha venido a vencer. Por eso, el espíritu inmundo, al ver a Jesús, reconoce su poder y su identidad: «¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios» (Mc 1,24).

La novedad de Jesús es, en realidad, él mismo. Su persona encarna el reino que trae y la salvación que ofrece a los hombres. No es un profeta más, ni siquiera el que esperaba Israel, según la promesa de Moisés. Jesús supera las profecías y trasciende los esquemas del Antiguo Testamento. En su persona ha comenzado el tiempo definitivo porque solo él puede decir: «Mira, hago nuevas todas las cosas» (Ap. 21,5).

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

 

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«Ven y lo verás» (Jn 1,46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son

 

24 de enero de 2021, san Francisco de Sales. En este día en el que celebramos la memoria del patrón de los comunicadores, desgranamos el Mensaje del Papa Francisco para la LV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el próximo 16 de mayo, solemnidad de la Ascensión.

El Mensaje titula con la invitación de Felipe a Natanael, "Ven y verás", que no consiste en ofrecer un razonamiento, más bien un conocimiento directo. En este sentido, el Papa asegura que «desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros que comunican la fascinación de la aventura cristiana". De otra parte, «en la comunicación, nada puede sustituir completamente a la visión en persona». Para cada forma de expresión que busque ser honesta, el Papa sugiere la invitación a "venir a ver" la galaxia comunicativa actual, desde los periódicos a la web, pero también la «predicación ordinaria de la Iglesia» y la comunicación política o social.

En el texto tiene una gran importancia la dinámica de ponerse en marcha con pasión y curiosidad, lo que viene a ser salir «de la cómoda presunción de lo ya conocido». En referencia a la actualidad, el pontífice avisa a trabajadores de la comunicación y público del grave riesgo de verse aplastado por «periódicos fotocopiados o por telediarios y páginas web sustancialmente iguales», en los que las investigaciones pierden espacio en beneficio de la «información preempaquetada y de palacio». Esta información, recuerda, «es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no es capaz de captar ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que se liberan desde la base de la sociedad». «La crisis de la industria editorial corre el riesgo de llevar a la información a construirse en las redacciones, frente al ordenador sin 'gastar las suelas de los zapatos'», lamenta el Papa.

Digitalización y pandemia

La web con los medios sociales puede incrementar exponencialmente la difusión de las noticias y ser «una herramienta formidable». «Todo el mundo puede convertirse en testigo de acontecimientos que de otro modo serían pasados por alto por los medios de comunicación tradicionales y hacer que surjan más historias, incluso positivas», dice el Papa. Por otro lado, existe el riesgo de una comunicación social sin verificar, por lo que no debemos demonizar la herramienta, sino tener más capacidad de discernir asumiendo la responsabilidad para difundir contenidos.

En un contexto marcado por la pandemia que afecta a todo el mundo desde principios de 2020, el mensaje del Papa también hace alusión a esta situación. Y nos advierte de que se corremos el riesgo de contarla, como otras crisis, «solo con los ojos del mundo más rico». La reflexión del pontífice se dirige a las vacunas y la atención médica, al riesgo de exclusión de las poblaciones más pobres. «¿Quién nos hablará sobre la espera de la curación en los pueblos más pobres de Asia, América Latina y África?», se cuestiona. Asimismo, nos recuerda que se trata de un peligro que también afecta a los afortunados, donde «el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza permanece en gran medida oculto». De esta firna, las diferencias económicas corren el riesgo de marcar el orden de distribución de la vacuna contra la Covid, con los pobres siempre en último lugar.

Finalmente, el Papa lanza un sentido mensaje de agradecimiento al valor de los trabajadores de la comunicación. De ellos dice que gracias a periodistas, camarógrafos o editores que arriesgan en su labor «hoy conocemos la difícil condición de las minorías perseguidas en diversas partes del mundo; se han denunciado muchos abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación o se han denunciado muchas guerras olvidadas». Por eso, señala que sería un empobrecimiento perder todas esas voces.

 

 

Puedes leer y descargar el MENSAJE COMPLETO del Papa Francisco aquí 

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La delegación de Manos Unidas de Segovia ha tomado la difícil decisión de posponer sine die la celebración del tradicional ‘Bocadillo Solidario’ acción que se lleva a cabo en la jornada del Ayuno Voluntario, que este año tendría que haberse desarrollado el próximo 12 de febrero, y que tiene por finalidad intentar concienciar a la sociedad española de que más allá de una cuestión de horario, tendencias o costumbres, el acto de comer para muchos seres humanos se convierte en un mero acto de supervivencia.

El equipo de voluntarios que trabaja para la organización de dicha actividad ha considerado que, atendiendo a la incidencia de la Covid-19 en Segovia capital y provincia, lo más adecuado es aplazar esta cita de gran arraigo. Cada año, el ‘Bocadillo Solidario’ congrega a centenares de alumnos y profesores de los colegios de la ciudad en un evento multitudinario y en esta edición del 2021 pretendía hacerse extensiva al resto de la provincia.

Dada la cercanía de la cita, las líneas de trabajo para que esta actividad pudiera tener lugar estaban ya muy avanzadas. La organización contaba con el visto bueno de centros escolares y administraciones para una iniciativa diferente a la de otros años: el plan era llevar los bocadillos a los distintos centros docentes y organizaciones repartidos por numerosos punto de la geografía segoviana. Sin embargo, la pandemia y sus consecuencias han llevado a tomar la decisión más responsable y adecuada a la situación actual.

No obstante, desde la delegación de Manos Unidas de Segovia no cejan en su labor de colaboración con los tres proyectos establecidos para la campaña de este año. Por eso, y siempre atendiendo a la situación y criterios sanitarios para evitar la propagación de la Covid-19, plantearán las actividades que puedan ser oportunas y viables con el objetivo de seguir ayudando a quienes más lo necesitan.

PROYECTOS E INGRESOS

Mejorar las condiciones de alojamiento en las internas de Purul, en Senepati (India), prosperar en la seguridad alimentaria y los ingresos de las familias campesinas en Uganda, y trabajar en la prevención y reparación de desastres naturales en la población rural de Filipinas. Estos son los proyectos que no serían posibles sin la ayuda de los segovianos y el trabajo incansable de los voluntarios de Manos Unidas de Segovia.

Organización que el pasado año 2020 ingresó más de 190.000 euros destinados a la financiación de los planes encaminados a mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables. De esa cantidad, la mayor parte, un total de 87.416 euros, son provenientes de los ingresos de socios y donativos de particulares que colaboran activamente con la organización.

Una cantidad similar recibieron por parte de las colectas parroquiales e instituciones religiosas, montante que asciende a los 85.638 euros. Finalmente, otras donaciones y actividades de la propia delegación diocesana lograron sumar 9.000 y 8.500 euros, respectivamente.

Cantidades significativas cuyo fin es aportar un pequeño granito de arena para hacer que la vida de quienes más sufren la ausencia de recursos sea lo más digna posible.

El Papa Francisco instituyó hace dos años el Domingo de la Palabra de Dios que coincide con el domingo III del tiempo ordinario, que celebramos hoy. Con este gesto desea que el pueblo cristiano comprenda «la riqueza inagotable que proviene del diálogo constante de Dios con su pueblo». Para ello, trae a la memoria el momento en que Jesús, caminando junto a los discípulos de Emaús, les «abrió la inteligencia para comprender las Escrituras» (Lc 24,45). Sin esta apertura de la inteligencia, las Escrituras santas, pueden ser letra hermosa pero muerta, por la sencilla razón de que los libros que constituyen el Canon de la Iglesia, sólo pueden entenderse si se leen como Palabra viva de Dios que sigue hablando a su pueblo en cada momento de la historia. Es Palabra escrita, ciertamente, pero Palabra viva que comunica su mensaje de salvación a todas las generaciones.

El Concilio Vaticano II ha dejado claro que la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición constituyen la única Palabra viva de Dios, el cual quiere comunicarse con su pueblo y conducirle a la plenitud de la revelación. Tanto la Escritura como la Tradición, sostenida y salvaguardada por el Magisterio de la Iglesia, tienen su clave de interpretación en Cristo, Palabra eterna de Dios. Por eso decía san Jerónimo que la ignorancia de las Escrituras —y lo mismo podemos decir de la Tradición— es ignorancia de Cristo».

A pesar del gran movimiento bíblico desplegado en los siglos XIX y XX, que cuajó en la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II sobre la Palabra de Dios, el acceso a la Biblia y la comprensión de su mensaje siguen siendo para la mayoría del pueblo cristiano una asignatura pendiente. Es posible que la Biblia no falte en los hogares cristianos, pero ¿se lee, se medita, se comprende, se hace vida práctica? «Lamentablemente —escribe el Papa Francisco— en muchas familias cristianas nadie se siente capaz —como en cambio está prescrito en la Torá (cf. Dt 6,6)— de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Señor, con toda su belleza, con toda su fuerza espiritual. Por eso quise establecer el Domingo de la Palabra de Dios, animando a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios. Todas las demás manifestaciones de la religiosidad se enriquecerán así de sentido, estarán orientadas por una jerarquía de valores y se dirigirán a lo que constituye la cumbre de la fe: la adhesión plena al misterio de Cristo».

En este domingo del tiempo ordinario se proclaman dos lecturas que, por sí mismas, bastan para comprender la fuerza de la Palabra de Dios. La del Antiguo Testamento describe la conversión de Nínive por la predicación del profeta Jonás, que se negaba a ir porque desconfiaba de que pudiera convertirse. En el evangelio, aparece Jesús predicando en Galilea con estas palabras: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). Aquí, la palabra «evangelio» no se refiere a ninguno de los que conocemos porque sencillamente no habían sido escritos. Esta palabra se refiere a todo el mensaje de la salvación, que alcanza su máxima expresión en la misma persona de Jesús —Evangelio de Dios—, y que está contenido en lo que llamamos Palabra de Dios, gracias a la cual podemos entrar en diálogo con él, conocer su voluntad y configurar nuestra vida según sus enseñanzas. Dios quiere la conversión del hombre, busca atraerle hacia sí para llevarle a la verdad y felicidad plena. Por eso, desde el principio de la humanidad le ha hablado por medio de profetas, sabios y maestros, y, finalmente, por medio de su Hijo. Recibamos sus palabras como el mejor tesoro para conservarlo, no como un libro más, sino como la Palabra de la salvación y de la vida.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

 

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Con motivo de la grave crisis que estamos padeciendo, a causa de la pandemia provocada por la enfermedad de la COVID-19, las parroquias asumimos que había que extremar las medidas higiénicas y sanitarias según los criterios establecidos por el Ministerio de Sanidad y la Junta de Castilla y León, de forma que hasta el presente no se ha podido detectar ningún brote epidémico en las iglesias, ni en los actos litúrgicos, ni en las catequesis. Por eso, no podemos menos que unir nuestras voces a las de los obispos de la Comunidad, que han solicitado a la Junta de Castilla y León la revocación de la decisión de establecer 25 personas como criterio para los actos de culto. Nos parece un criterio poco fundamentado y un tanto arbitrario.

Anunciamos también que, como medida de precaución y a pesar de que no se ha detectado ningún problema hasta ahora, suspendemos durante dos semanas tanto las catequesis presenciales como los grupos de clases de español para inmigrantes, y de apoyo escolar para niños.

Rogamos a Dios para que pase pronto esta pandemia, y ofrecemos nuestros servicios a esta sociedad herida por el dolor de la muerte de muchos de nuestros vecinos y por la soledad y desamparo emocional que está provocando. Para muchos de ellos, la Eucaristía que ahora queda limitada es fuente de consuelo y de esperanza.

Fdo. Párrocos de la ciudad de Segovia

 

 

COMUNICADO CYL

 

Los Arzobispos y Obispos de las once Diócesis de Castilla y León ante las medidas publicadas en el BOCYL del 16 de enero de 2021 quieren expresar a los miembros de sus respectivas comunidades diocesanas y a la sociedad castellanoleonesa lo siguiente:

1º.- Somos conscientes del grave momento sanitario que vive nuestra Comunidad autónoma a causa de la pandemia COVID-19. La situación nos exige a todos una gran responsabilidad y cuidar las medidas preventivas e higiénicas que impidan la expansión de la enfermedad.

2º.- En todos estos meses de pandemia las once diócesis, en sus miles de parroquias y comunidades, hemos aplicado las indicaciones sanitarias y aceptado la limitación de aforos y actividades. El trabajo realizado por las diversas comunidades de nuestras respectivas diócesis ha sido grande, como también enorme el esfuerzo de Cáritas y otras organizaciones eclesiales para prestar ayuda en estos meses tan difíciles.

3º.- Aceptamos que en la actual situación haya que hacer un esfuerzo mayor para evitar los contagios y evitar el colapso de nuestro sistema sanitario.

4º.- No nos parece razonado ni aceptable que el criterio de ese mayor esfuerzo sea una limitación de aforo expresada en términos absolutos –máximo de 25 personas por templo– cuando la superficie y volumen de los miles de templos, ermitas y capillas que hay en Castilla y León es muy diversa. Creemos que el criterio proporcional que se ha seguido en toda España durante las diversas fases de la pandemia puede considerarse más ecuánime.

5º.- El criterio del numerus clausus es además injusto por desproporcionado, ya que impide el ejercicio del derecho fundamental de la libertad de culto (art. 16, 1º de nuestra Constitución) a personas que podrían ejercerlo en tantos de nuestros templos que, aun con estricta limitación proporcional de aforo, podrían acoger a más de 25 participantes sin poner en riesgo la salud propia y ajena.

6º.- Hemos hecho llegar a los responsables políticos nuestra firme oposición al criterio de numerus clausus, en la esperanza de que nuestras razones fueran escuchadas a ejemplo de lo ocurrido en otras Comunidades autónomas que, habiendo establecido numerus clausus, rectificaron y volvieron al criterio proporcional aplicado de manera general en los diversos aforos.

7º.- Pedimos al Gobierno de CyL que suprima el numerus clausus de 25 personas y permanezca la limitación proporcional y razonada de aforos en templos, como en el resto de CC.AA. Al mismo tiempo, manifestamos nuestro compromiso de seguir instando al pueblo cristiano a poner en práctica las medidas acordadas por las autoridades para prevenir los contagios.

8º.- Si reivindicamos el derecho del pueblo cristiano a participar en la Eucaristía es porque estamos convencidos de que la celebración de la Pascua dominical es fuente del amor y de la esperanza que nuestra sociedad necesita especialmente en esta hora.

16 de enero de 2021

 

OBISPOS CYL

 + Ricardo Blázquez, Cardenal Arzobispo de Valladolid
+ Mario Iceta, Arzobispo de Burgos
+ Carlos López, Obispo de Salamanca
+ César Franco, Obispo de Segovia
+ José Mª Gil, Obispo de Ávila
+ Jesús G. Burillo, Administrador apostólico de Ciudad Rodrigo
+ Fernando Valera, Obispo de Zamora
+ Manuel Herrero, Obispo de Palencia
+ Abilio Martínez, Obispo de Osma-Soria
+ Jesús Fernández, Obispo de Astorga
+ Luis Ángel de las Heras, Obispo de León
+ Luis J. Argüello, Obispo auxiliar de Valladolid

La vocación de los primeros discípulos de Jesús en el Evangelio de Juan, que leemos este domingo, ha sido comparada con el fuego del anuncio que prende rápidamente, con el alud de nieve que arrastra más nieve y con el corredor que pasa el testigo al siguiente. Da la impresión de estar ante un movimiento que no cesa. Todo empieza con una indicación del Bautista, que, viendo a Jesús pasar, lo señala y dice: «He ahí el cordero de Dios». Inmediatamente, Andrés y Juan comienzan a seguir a Jesús quien les invita a ver donde vive. Andrés se lo comunica a Simón y lo conduce a Jesús. Después, Jesús llama a Felipe y éste se lo dice a su amigo Natanael, de modo que en breve tiempo se ha formado el primer grupo de los Doce. La Iglesia ha comenzado a existir convocada por Jesús, que parece tener prisa en constituirla. Para ello, viaja desde Judea a Galilea, tierra de Andrés y Pedro, donde conoce a Felipe y Natanael. Todo produce la impresión de que se trata de un plan previsto. Y así fue. A Simón le cambia el nombre y a Natanael le revela que le conoce de tiempo atrás, cuando estaba debajo de la higuera.

Este movimiento hacia Cristo no ha cesado desde entonces. La fe se transmite de persona a persona, como dice el Papa Francisco. Basta que uno se atreva a señalar a Cristo para que provoque en alguien el deseo de conocerlo, como ocurrió con los dos primeros discípulos, que le preguntaron: «Maestro, ¿dónde vives?». Para que esto suceda, es preciso que, como en el caso del Bautista, sepa bien quién es Jesús. Dice J. Pieper que para que haya alguien que crea tiene que haber alguien que sepa. ¿Tenemos hoy esta clase de testigos? ¿Sabemos realmente quién es Jesús para poder encaminar hacia él a otras personas? El conocimiento de Cristo viene, como es obvio, de la experiencia del trato con él. El Papa Francisco ha insistido mucho en el acompañamiento de quienes son evangelizados. Para ello se requiere experiencia de Cristo y de la salvación que ofrece. Exige también formación en la fe para poder dar razón de lo que se cree. Es preciso reconocer que andamos muy escasos de cristianos capaces de realizar esta misión. ¿Cómo voy a entender si nadie me guía?, replica el ministro de la reina de Etiopía a Felipe cuando éste le pregunta si entiende la Escritura santa que iba leyendo. Fue necesario que Felipe se detuviera a explicárselo.

La evangelización tiene una dinámica muy simple: señalar a Jesús, decir quién es y acompañar a los que se adhieren a él o buscan conocerlo. Es el fuego del anuncio que prende en el corazón del hombre y necesita que alguien avive la llama. Jesús mismo utilizó esta imagen cuando presentó su misión: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!» (Lc 12,49). Desde Pentecostés, el fuego del Espíritu no cesa de expandirse por su propio dinamismo. Pero es preciso que alguien porte la llama y comunique a otros su propia experiencia de creyente. Aunque Dios puede obrar directamente en el corazón de los hombres el milagro de la fe, el camino ordinario es la evangelización directa y personal. Cuando Pedro y Juan son llevados al tribunal del Sanedrín y reciben la prohibición de anunciar el nombre de Jesús, responden: «Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Ser testigos de lo acontecido es la base de la evangelización y la clave de la expansión del cristianismo en los primeros momentos de su historia. Hoy, en el tercer milenio de la Iglesia, no hallaremos mejor síntesis de la misión de los cristianos que estas palabras de dos testigos cualificados: contar lo que hemos visto y oído con la convicción de ser testigos de la verdad.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia

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