Secretariado de Medios

Secretariado de Medios

Viernes, 20 Julio 2018 07:41

Un bastón para el camino. D.T.O.XV

 

Apóstol significa enviado. Jesús envía a los Doce con autoridad sobre los espíritus inmundos. Los envía de dos en dos. Y les encarga que lleven un bastón, y nada más. Ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja. Que lleven sandalias pero no única túnica de repuesto. ¿A qué tanta pobreza y escasez de medios? Para que brille la fuerza del Evangelio de la que son investidos y el poder que han recibido directamente de Cristo para proclamar el Reino de Dios. Así no se confundirán los dones de Cristo con los medios humanos. En realidad, esta pobreza es sobreabundancia de dones.
Jesús no promete el éxito de la misión, aunque dice el Evangelio que echaban muchos demonios y curaban enfermos al ungirles con aceite. Cristo no asegura el éxito a los Doce ni a los que envía. Les asegura más bien persecuciones, luchas y rechazos. Sin embargo, desde el inicio a nuestros días, el Evangelio ha arraigado en los pueblos y culturas que se han abierto a la predicación de los enviados por Cristo.
Esta primera misión de los apóstoles es presentada por Marcos como el paradigma de toda misión. Nos equivocamos, por tanto, cuando cambiamos el método de Cristo y ponemos el acento en los medios y el interés en el éxito. Es la trampa del apóstol: pensar que la fuerza de su misión reside en sí mismo y en los medios que posee. Nunca como hoy, la Iglesia ha poseído tantos medios para evangelizar, es cierto. Pero podemos preguntarnos si el éxito pastoral es proporcional a los medios que posee. ¿Son más vivas nuestras comunidades? ¿Abundan las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada? ¿Son más misioneras las familias cristianas, más fecundas? ¿La predicación, la catequesis, la enseñanza religiosa se dirigen al centro del Evangelio? ¿Es Cristo y su salvación el núcleo de la predicación? El Papa Francisco nos repite incansablemente que todo lo debemos centrar en el anuncio del Evangelio, en el kerigma. «Conviene —dice—ser realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo» (EG 34).
Cuando san Pablo reflexione sobre su ministerio dirá que cuando es débil entonces la fuerza de Dios se manifiesta en él. Se refiere naturalmente a las debilidades que rodean la predicación del evangelio. Podemos decir que Cristo ha querido enviarnos a exponer nuestra debilidad para que resalte más la fuerza del Evangelio. Aunque el apóstol aparece como un ser débil, en realidad está fortalecido por la autoridad Cristo y los dones que recibimos de él. ¿Hay algo más fuerte que la victoria sobre el mal? ¿Hay alguna institución o empresa en el mundo que tenga asegurado el triunfo sobre el pecado? Los grandes técnicos del marketing y del éxito comercial ¿pueden compararse a los humildes enviados de Cristo capacitados por él para derrotar el poder del Maligno?
Todo es cuestión de confianza en Cristo y en su Evangelio. El bastón que llevamos en la mano puede compararse al que llevaba Moisés cuando se enfrentaba con el faraón de Egipto. En él residía la fuerza de la palabra de Dios, que hacía lo que decía. Es verdad que, como afirma un filósofo, «Dios no tiene el nombre de éxito», pero esto no significa que su obra fracase, como no fracasó Cristo en la cruz, a pesar de sus apariencias. El apóstol sabe que si en una casa no le reciben, lo recibirán en otra; que la semilla del Evangelio puede caer entre piedras, zarzas y terreno estéril, pero allí donde sea acogida con fe, el fruto está asegurado, porque en la cruz de Cristo, a pesar de su aparente fracaso, el mal ha sido vencido.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia.

Viernes, 20 Julio 2018 07:35

El Destino del Profeta. D. T.O. XIV

Una característica que distingue al verdadero del falso profeta es que el primero experimenta siempre el rechazo de su pueblo. Hay dos razones que explican este rechazo: ser conocido por los suyos y anunciarles la verdad, que siempre es antipática por exigente. Los grandes profetas del Antiguo Testamento sufrieron este destino y algunos lo consumaron con el martirio. La vocación profética, que procede de la llamada directa de Dios, como en el caso de Isaías, Jeremías y Ezequiel, les situaba ante su pueblo como voceros de calamidades. Dios les mandaba anunciar al pueblo elegido pruebas y castigos a causa de sus pecados. El profeta no podía callar. Si lo hacía, Dios se volvía contra él por su cobarde infidelidad. Pero si proclamaba la palabra del Señor, el pueblo lo rechazaba y perseguía. Los falsos profetas eran bien acogidos. Halagaban los oídos del pueblo, se complacían en adular para conseguir así el aplauso, la benevolencia de sus oyentes; y, naturalmente, ocultaban los mensajes de Dios que ponían en peligro la acogida de su auditorio. Se les ha descrito como perros mudos que no ladran ante el peligro que se cernía sobre el pueblo de Dios.
Jesús, el gran profeta anunciado para los últimos tiempos, conocía muy bien la historia de su pueblo y de los grandes profetas. Ante la ciudad de Jerusalén, en vísperas de su pasión, pronunció estas palabras premonitorias de su destino: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían» (Lc 13,33). Su destino se fraguó desde el principio, cuando, en Nazaret, donde se había criado, los vecinos no daban crédito a su sabiduría y a sus milagros porque le conocían desde pequeño y sabían los orígenes humildes de su familia. Jesús no apareció con la aureola de lo extraordinario. Sus conocidos se escandalizaban precisamente de su humildad y sencillez. Por eso dice el evangelio de este domingo que Jesús no pudo hacer allí ningún milagro porque les faltaba fe. Además, su enseñanza era limpia y clara como la verdad, huía de toda adulación y artificio, advertía del peligro del pecado y proponía con mansedumbre y sinceridad el camino de la virtud. Hasta quienes le rechazaban sabían que la sabiduría habitaba en él.
La Iglesia ha recibido de Jesús su vocación profética. Los cristianos, por la unción del bautismo, somos sacerdotes, profetas y reyes. Todos hemos sido enviados a proclamar la verdad que salva. Nuestro servicio a la verdad está por encima del deseo innato de ser acogidos y aplaudidos por la sociedad. Nos acecha el peligro de callar para no ser rechazados, o presentar edulcorado el evangelio de Cristo. En torno a quienes están constituidos en autoridad, crece la adulación y el elogio servil, como decía santa Teresa de Lisieux: «¡Qué veneno de alabanzas se sirve diariamente a quienes ostentan los primeros puestos! ¡Qué incienso tan funesto!». Es una manera sutil de taparles la boca para que no digan «inconveniencias» que les reste prestigio. También en la relación entre iguales puede darse la renuncia a la vocación profética, cuando callamos ante los defectos ajenos o injusticias sociales, o simplemente cuando percibimos que proclamar la verdad nos acarreará rechazo e incomprensión. Qué bien lo decía san Agustín en sus Confesiones: «Al igual que los amigos corrompen con sus adulaciones, los enemigos nos corrigen apelando al insulto». El hombre sabio huye de toda adulación; el necio la busca ansiosamente. Por eso, el destino de los falsos profetas, a la postre, era ser tenidos por necios. Y san Pablo, que siguió el ejemplo de Cristo se alegraba cuando era débil —maltratado, rechazado y perseguido— porque entonces era fuerte y sabio.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia


Los Obispos de las Diócesis de la Iglesia en Castilla (que agrupa las Sedes episcopales castellano-leonesas, a excepción de las de Astorga y León) mantienen un encuentro de trabajo en la Casa diocesana de Ejercicios de Ávila los días 18 y 19 de julio. Al encuentro asisten, además, Vicarios Generales de las Diócesis así como algunos Vicarios episcopales de pastoral.
El Obispo de Ávila, Mons. Jesús García Burillo, anfitrión del encuentro, recibía en la mañana de hoy a todos los participantes: los Arzobispos de Valladolid y Burgos (Cardenal Ricardo Blázquez Pérez, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Español, y Mons. Fidel Herráez), así como los prelados de Salamanca (Mons. Carlos López), Palencia (Mons. Manuel Herrero), Osma-Soria (Mons. Abilio Martínez) y Segovia (Mons. César Franco), y el administrador apostólico de la diócesis de Ciudad Rodrigo (Mons. Francisco Gil Hellín). Junto a ellos, un grupo de vicarios episcopales de las diócesis mencionadas.
Durante la mañana y la tarde de este miércoles, los Obispos y Vicarios han trabajado sobre temas tales como el último encuentro de Villagarcía y las perspectivas de trabajo para los futuros encuentros. También han celebrado Vísperas y la Eucaristía en el Convento de La Encarnación. Esta noche, además, está prevista una visita nocturna desde el mirador de los Cuatro Postes, a las afueras de la ciudad.
El segundo día del encuentro, jueves 19 de julio, se trasladarán a la localidad de Madrigal de las Altas Torres, cuna de Isabel la Católica, donde visitarán el convento de las MM. Agustinas (antiguo palacio), así como el templo parroquial de San Nicolás. La jornada y el encuentro finalizarán tras la comida.
La colaboración entre las Diócesis castellanas es tradicional y, además de estos encuentros periódicos de Obispos y Vicarios, son ya clásicos los encuentros de arciprestes en Villagarcía de Campos. Además hay encuentros de diversos organismos de pastoral sectorial, que se reúnen con frecuencia para abordar problemas comunes, intercambiar experiencias y fomentar acciones conjuntas.

 

En el día de hoy el Excmo. y Rvdmo. Mons. César A. Franco Martínez ha realizado una serie de nombramientos que afectan a una serie de parroquias y sacerdotes de la diócesis. Así mismo, el Obispo ha emitido un decreto, que entrará en vigor el próximo día 29 de junio, en donde explica las motivaciones que llevan a la reorganización de estructuras y a estos cambios que se anuncian “con la esperanza puesta en el Señor y en la oración de todos los diocesanos, en orden a lograr una acción pastoral de conjunto más eficaz”. En ese mismo documento se dice: “Es de sobra conocido que la Iglesia que peregrina en Segovia tiene serias dificultades para atender las necesidades espirituales de sus diocesanos, debido al buen número de parroquias y a la escasez de sacerdotes. La penuria de vocaciones al ministerio sacerdotal y el exiguo número de sacerdotes ordenados en las últimas décadas nos urge a pensar en el futuro con gran preocupación y nos obliga a organizar la acción pastoral renovando las estructuras. Agradecemos la ayuda inestimable de sacerdotes extradiocesanos, aunque es evidente que este apoyo temporal no garantiza la estabilidad pastoral que toda Iglesia particular requiere”. Este proyecto exige de todos, sacerdote, seglares y consagrados, altura de miras, disponibilidad y docilidad al Espíritu Santo constructor de la Iglesia.

En esta reorganización jugará un papel determinante el arcipreste/vicario foráneo que según el decreto “ejercerá el oficio de párroco ayudado por vicarios parroquiales en aquellas parroquias que les encomiende el obispo y que en la actualidad carecen de párroco incardinado en la diócesis. De esta manera se dará mayor estabilidad y coordinación a la pastoral diocesana”. Esta reorganización comenzará por el arciprestazgo de Pedraza-Sepúlveda pero está pensado para toda la diócesis y se irá desarrollando al hilo de la experiencia que este próximo curso se iniciará. “Se pretende así, desde la estabilidad que exige el oficio de párroco, dinamizar la pastoral diocesana desde las parroquias que constituyen la cabeza del arciprestazgo y de aquellas otras que cuentan con poblaciones de mayor relevancia, atendiendo como es obvio, al resto de las comunidades parroquiales”, afirma el obispo.

 

Lista de Nombramientos

En el arciprestazgo de Segovia y La Granja San Medel se producen algunos cambios. D. Ángel García García-Estévez es nombrado párroco de La Resurrección del Señor, de Segovia, continua como director de la Escuela Diocesana de Teología y deja San Millán donde ha estado hasta el momento. A esta parroquia se incorpora como vicario parroquial el sacerdote congoleño D. Aimé Kukuluka, quien continuará además con sus estudios en Madrid. D. Fernando Mateo González, hasta ahora en el barrio de Nueva Segovia, pasa a ser párroco la Unidad Parroquial de Cuéllar, Escarabajosa de Cuéllar, Fuentes de Cuéllar, Lovingos y Arroyo de Cuéllar que ha estado servida por D. Emilio Calvo Callejo, que es nombrado párroco y abad de la Colegiata del real Sitio de San Ildefonso, Palazuelos de Eresma, Tabanera del Monte y urbanizaciones de Parque Robledo y Carrascalejo. Estará acompañado por D. Fidele Nkanza Buka como Vicario parroquial y seguirá con sus estudios en Madrid. D. Slawomir Harasimowicz, estará este curso de año sabático. D. Pablo Montalvo Muñoz, por su parte, sigue con las clases en la Universidad y es nombrado párroco de Cantimpalos y Tabanera la Luenga en sustitución de D. José María Martínez Nieto.

En el arciprestazgo de Cantalejo-Fuentidueña hay también algún cambio. Don Rodrigo Arias López es nombrado administrador parroquial de Campo de San Pedro, Bercimuel, Cedillo de la Torre, Cilleruelo de San Mamés, Fuentemizarra, Maderuelo, Montejo de la Vega de la Serrezuela, Moral de Hornuez, Valdevacas de Montejo, Valdevarnés y Villaverde de Montejo. Deja las parroquias de Fuentesaúco de Fuentidueña, Fuentidueña, Aldeasoña, Valles de Fuentidueña y Calabazas que ahora serán atendidas en calidad de párroco por D. Casimiro Lamparski.

El arciprestazgo de Pedraza-Sepúlveda sufre una reestructuración que además va acompañada de un decreto del Sr. Obispo de Segovia, D. César Franco (cf. más adelante). Con este decreto se quiere dotar al arcipreste de todas sus atribuciones para que pueda desarrollar un trabajo de coordinación entre todos los sacerdotes y agentes de pastoral del arciprestazgo. Por este motivo se nombra a D. Jaime Izquierdo Martín Arcipreste/Vicario Foráneo del arciprestazgo de Sepúlveda-Pedraza y Párroco de Sepúlveda, Aldehuelas de Sepúlveda, Castrillo de Sepúlveda, Duratón, El Olmo, Hinojosas del Cerro, Sotillo de Sepúlveda, Urueñas, Villar de Sobrepeña y Villaseca. Además, será párroco, junto con tres Vicarios parroquiales, de: Navares de Enmedio, Navares de Ayuso, Navares de las Cuevas, Barbolla, Aldonte, El Olmo, El Olmillo, Prádena, Ventosilla y Tejadilla, Condado de Castilnovo, Castroserna de Arriba, Castroserna de Abajo, Casla, Matabuena, Arcones, Santiuste de Pedraza, Requijada y Gallegos de la Sierra. Los tres vicarios parroquiales que dependerán de D. Jaime Izquierdo y que hasta ahora eran administradores parroquiales son D. Miroslaw Kozlowski, vicario parroquial de Navares de Enmedio, Navares de Ayuso, Navares de las Cuevas, Barbolla, Aldonte, El Olmo y El Olmillo; D. Delphin Nkano Mbumpwa, vicario parroquial de Prádena, Ventosilla y Tejadilla, Condado de Castilnovo, Castroserna de Arriba, Castroserna de Abajo, Casla, Matabuena, Arcones, Santiuste de Pedraza, Requijada y Gallegos de la Sierra. Y D. Georges Kabasele Bialua, Vicario parroquial de Prádena, Ventosilla y Tejadilla, Condado de Castilnovo, Castroserna de Arriba, Castroserna de Abajo, Casla, Matabuena, Arcones, Santiuste de Pedraza, Requijada y Gallegos de la Sierra. Estos dos sacerdotes están así mismo realizando estudios en Madrid.

Por último, D. Alfonso Águeda Martín, que hasta ahora servía la Unidad Parroquial de Santa María la Real de Nieva, es nombrado párroco de El Espinar y La Estación de El Espinar.

Estos son los nombramientos que por el momento D. César ha dispuesto. Seguramente en el mes de septiembre realizará otros referidos a las parroquias que por diversos motivos quedan vacantes y a secretariados como el de pastoral de Juventud cuyo responsable D. Javier Gil ha dejado la dirección del mismo.

 

 

Decreto

 

CÉSAR AUGUSTO FRANCO MARTÍNEZ
OBISPO DE SEGOVIA
La Iglesia se distingue por ser la casa y «edificación de Dios» (1 Cor 3,9; cf. LG 6) que se renueva continuamente atendiendo a los signos de los tiempos y circunstancias históricas mientras peregrina en este mundo hacia su consumación final. La fidelidad a su misión exige que sus estructuras pastorales se organicen de tal modo que los fieles puedan acceder con facilidad a la salvación que Dios les ofrece gracias a la redención de Cristo. Para caminar en esta dirección, son decisivas las palabras del Papa Francisco: «En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma» (EG 30).
Es de sobra conocido que la Iglesia que peregrina en Segovia tiene serias dificultades para atender las necesidades espirituales de sus diocesanos, debido al buen número de parroquias y a la escasez de sacerdotes. La penuria de vocaciones al ministerio sacerdotal y el exiguo número de sacerdotes ordenados en las últimas décadas nos urge a pensar en el futuro con gran preocupación y nos obliga a organizar la acción pastoral renovando las estructuras. Agradecemos la ayuda inestimable de sacerdotes extradiocesanos, aunque es evidente que este apoyo temporal no garantiza la estabilidad pastoral que toda Iglesia particular requiere.
Con la esperanza puesta en el Señor y en la oración de todos los diocesanos, en orden a lograr una acción pastoral de conjunto más eficaz, he visto necesario, después de reflexionar profundamente en el Consejo episcopal, realizar algunos cambios que afectan especialmente a la distribución del clero y a los oficios que se les encomienda, consciente naturalmente de que la mayor responsabilidad recae sobre los sacerdotes incardinados en la diócesis. Agradezco de antemano la disponibilidad de los presbíteros que se verán afectados por dichos cambios y la cooperación de los que ejercen su ministerio enviados por los obispos de sus respectivas diócesis. Como Obispo, debo atender a las necesidades y derechos de los fieles y de las diversas parroquias teniendo en cuenta la situación particular de cada sacerdote.
Para llevar adelante esta reorganización, es necesario y urgente potenciar la figura del arcipreste o vicario foráneo y del arciprestazgo, tal como son definidas en el Código de Derecho Canónico (can. 553-555). Sólo asumiendo las competencias que le son propias, el arcipreste puede llevar adelante la pastoral de conjunto y misionera que necesita la diócesis. Para ello, a la cabeza del arciprestazgo habrá un arcipreste/vicario foráneo (CIC 553) que ejercerá el oficio de párroco ayudado por vicarios parroquiales en aquellas parroquias que les encomiende el obispo y que en la actualidad carecen de párroco incardinado en la diócesis. De esta manera se dará mayor estabilidad y coordinación a la pastoral diocesana.
En atención a las necesidades pastorales, se estudiará la conveniencia de que los sacerdotes, que en la actualidad actúan como administradores parroquiales, ejerzan este oficio o asuman el de vicario parroquial con los derechos y obligaciones de su cargo en comunión con el arcipreste/vicario foráneo. De esta manera se logrará mayor coordinación en las acciones pastorales y se favorecerá la «íntima fraternidad sacramental» (PO 8). Se pretende así, desde la estabilidad que exige el oficio de párroco, dinamizar la pastoral diocesana desde las parroquias que constituyen la cabeza del arciprestazgo y de aquellas otras que cuentan con poblaciones de mayor relevancia, atendiendo como es obvio, al resto de las comunidades parroquiales.
Aunque este plan está pensado para ser aplicado en toda la diócesis, lo desarrollaremos progresivamente con el fin de avanzar al hilo de la experiencia. Durante el próximo curso 2018-2019,

DECRETO:

Iniciar el proceso ad experimentum durante tres años en el núcleo arciprestal de Sepúlveda-Pedraza. A la luz de los logros y dificultades que experimentemos y de las necesidades del resto de la diócesis, seguiremos avanzando, con las correcciones y cambios necesarios, en esta nueva ordenación diocesana.
Pidamos al Señor que nos ayude con su gracia y providencia de manera que nuestra Iglesia particular de Segovia sea un signo eficaz de la salvación que Cristo ha traído a los hombres. Que el Espíritu Santo anime nuestras estructuras con su sabiduría y dinamismo y haga de todos nosotros instrumentos dóciles de su acción como constructor de la Iglesia.
En Segovia, a veintinueve de junio de dos mil dieciocho, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Por mandato
Alfonso Mª Frechel, Canciller

 

Martes, 19 Junio 2018 10:01

Peregrinación a Lourdes

La Hospitalidad es una Asociación de voluntariado sin ánimo de lucro. Todos colaboramos en los gastos de la peregrinación según las cuotas, que se señalan en el triptico adjunto.
“HACED LO QUE ÉL OS DIGA”
Estas son las palabras con las que la Virgen María se dirige a los hombres. Nos las dijo a nosotros, y ahora tenemos que acoger el consejo de nuestra madre. ¿Quién de nosotros por sí solo conseguirá la salvación?

Descargar programa completo

Jueves, 14 Junio 2018 10:11

La semilla del Reino. D. XI. T.O.

Hay muchas formas de ateísmo, unas más claras que otras. Existe el ateísmo teórico que niega a Dios desde presupuestos de la razón. Está el ateísmo práctico que no se preocupa por los argumentos lógicos de la existencia de Dios, pero explica la vida como si Dios no existiera. Simplemente lo ignora. Hay también un ateísmo de los creyentes, aunque parezca paradójico. Hay creyentes que confiesan a Dios, pero con frecuencia pretenden ocupar su puesto. No aceptan que Dios tenga la primacía en todo, y especialmente, en el crecimiento de su Reino. De alguna manera, pretenden arrebatar a Dios el protagonismo que sólo él tiene en la historia. Hace años, P. Zulehner, catedrático de teología pastoral en la universidad católica de Viena, respondía así a la pregunta sobre los pecados más graves de la Iglesia: «Me atrevo a decir que el mayor pecado de la Iglesia es el ateísmo eclesial. Es una palabra muy dura. Pero es como si la misma Iglesia se olvidara de Dios, que se fiara demasiado de sus planes y de sus fuerzas y se preguntara demasiado poco qué es lo que Dios le pide y para qué la capacita».

Algo de esto quiere decir Jesús con las dos parábolas del evangelio de este domingo. En la primera compara el Reino de Dios con el sembrador que lanza la semilla a la tierra: «Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». Es una parábola luminosa que pone al hombre en su sitio, y a Dios en el suyo. El hombre duerme de noche y se levanta de mañana, dice Jesús, queriendo decir que la acción no es suya. El Reino de Dios necesita la colaboración del hombre, naturalmente. Pero sólo Dios da el crecimiento, mientras el hombre duerme. Pretender ocupar el lugar de Dios es necedad y pecado de orgullo. Sin embargo, ¡cuántas veces caemos en la tentación de sustituirle! Ya decía Isaías que los caminos y pensamientos de Dios no son los de los hombres. Y ya tenemos experiencia para saber qué ocurre cuando el hombre intenta desbancar a Dios y ocupar su sitio. Es una forma sutil y grosera al mismo tiempo de ateísmo.

La segunda parábola, llamada del grano de mostaza, compara el Reino de Dios con la semilla más pequeña. Cuando crece y se desarrolla, se convierte en un arbusto tan grande que los pájaros pueden anidar y cobijarse en él. Jesús apela a la dialéctica de la desproporción entre lo que se siembra y el fruto de la semilla. Así es el Reino de Dios: humilde en sus orígenes y desbordante en sus frutos. ¿Quién está detrás de este desarrollo? ¿El hombre? Desde luego que no. Por mucho que riegue, abone y cultive la tierra, nunca podrá crear una semilla con un potencial semejante. Sólo Dios puede hacer el prodigio anunciado por el profeta Ezequiel: «Yo humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños; seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos». Según el profeta, Dios tomará un pequeño brote de cedro y lo plantará en la montaña más alta de Israel. Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico que dará cobijo a toda clase de pájaros. Es claro que Jesús conocía este texto del profeta y pudo inspirarse en él para presentar el Reino que traía en sí mismo. Si lo observamos bien, el árbol en que se cobijan todos los hombres es la cruz, que se ha desarrollado gracias al grano de tierra caído en tierra, que es Cristo. El es el Reino, que lleva en sí la capacidad de desarrollarse y extenderse por todo el mundo y convertirse en el lugar donde todo hombre encuentra cobijo.

+ César Franco

Obispo de Segovia.

Viernes, 05 Enero 2018 07:24

Ungidos por Dios

Ungidos por Dios

 

Siempre ha llamado la atención que Jesús quisiera bautizarse en el Jordán uniéndose a los pecadores que acudían a escuchar al Bautista y hacer penitencia. Sumergirse en las aguas del río representaba un lavatorio mediante el cual se renunciaba a los pecados para llevar una vida nueva. Si Jesús no tenía pecado, ¿por qué quiso asemejarse a los pecadores y aparecer como uno de tantos? No extraña, pues, que el Bautista se negara a bautizarlo con este argumento: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le responde con una frase enigmática que ha suscitado mucho debate entre los estudiosos: «Déjalo ahora, conviene que así cumplamos toda justicia» (Mt 3,14-15).

¿A qué justicia se refiere Jesús? La palabra justicia, término clave en el evangelio de Mateo, hace referencia al cumplimiento de la voluntad de Dios, que hace al hombre justo y perfecto. Jesús no quiere entrar en el debate que le propone el Bautista sobre quién de los dos necesita ser bautizado, sino que afirma la norma de conducta que regirá toda su vida: cumplir la voluntad del Padre, agradarle en todo. Surge entonces otra pregunta: ¿Por qué el bautismo de Jesús agradaba a Dios si mostraba a su Hijo como un pecador más que hacía penitencia? Precisamente por eso: Jesús se humilla, se somete a un rito de purificación, se une a los hombres pecadores para indicar que su misión consistirá en estar con ellos y ofrecerles la salvación. Sabemos que Jesús, en su muerte, es contado entre malhechores. Y durante su vida pública, algunos le acusaron de comer y beber con pecadores. Al someterse al bautismo de Juan, Jesús revela simbólicamente que asume sobre sí los pecados de los hombres a quienes viene a redimir. Esta es la justicia que desea realizar: siendo santo, se humilla y cumple la voluntad de Dios. En este sentido, el bautismo anuncia su muerte ofrecida como expiación de los pecados.

A este gesto de Jesús, el Padre responde con una afirmación sobre Jesús que explica el significado de su bautismo. El texto de Marcos, que leemos hoy, dice que, al salir del agua, Jesús vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajando sobre él en forma de paloma. Y se oyó una voz: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco». Esta afirmación dirigida directamente al «tú» de Jesús disipa toda duda sobre su santidad y misión. Tiene todo el aspecto de una proclamación, de una investidura del hombre Jesús que recibe el Espíritu sobre su propia carne para poder realizar el plan del Padre. Mezclado con pecadores, ha venido a salvarlos; confundido entre los malhechores, viene a hacerlos justos. Como dice momentos antes el Bautista, Jesús es el más fuerte que viene a bautizar, no con agua, sino con Espíritu Santo, el mismo Espíritu que él recibe en el bautismo. Por eso, cuando Pedro explique a los paganos quién es Jesús, lo definirá como «el Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él» (Hch 10,38).

Podemos decir que para realizar la justicia de Dios, su Hijo ha querido humillarse hasta ser tenido por un pecador y, desde esta proximidad con los pecadores, liberarlos con el bautismo del Espíritu que restaura la santidad perdida. Tomando nuestra carne, ha hecho posible que el Espíritu, que él recibió del Padre en el Jordán cuando le ratificó como Hijo, pueda pasar a todos los que somos bautizados en él. ¡Cómo cambiaría nuestra vida si fuéramos conscientes de nuestro bautismo y entendiéramos que también a nosotros Dios nos llama hijos y nos envía al mundo para liberar a cuantos viven oprimidos por el mal! Exactamente como Cristo, ungidos por Él.

+ César Franco

Obispo de Segovia.

© 2018. Diócesis de Segovia
We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.