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RETIRO PARA EL ENCUENTRO

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Pag.2 Imagen breves profesores

Se levantó un día soleado de primavera; el tiempo invitaba a salir a la calle y dejar que tanto el sol como la brisa acariciasen tu cara.

Habíamos quedado a media mañana, pero, aun así, yo me levanté pronto, nerviosa, por aquel encuentro. Era la primera vez que iba a reunirme con gente “extraña” desde hacía mucho tiempo; no quería llegar tarde. Por el camino iba imaginando cómo sería, qué haríamos y si sería capaz de tranquilizarme para poder disfrutar de ese momento.

Riiiing! Llamo al timbre, ya estoy allí, hecha un manojo de nervios, pero me abren y entro con paso firme. Al entrar me encuentro con dos muchachas que con cara de sorpresa me miran fijamente y me saludan amablemente preguntando mi nombre. Acto seguido, yo pregunto el suyo.

Entablamos un poco de conversación a la espera de que vengan todos los que faltan. Una vez reunidos todos, se hacen las presentaciones oportunas y se decide, con muy buen criterio, hacer nuestro Retiro en el patio- jardín. Y hacia él nos encaminamos.
Mientras recorremos aquellas amplias estancias me vienen a la mente recuerdos de mi etapa en el colegio de las MM. Concepcionistas, cuando desde fuera me preguntaba cómo sería aquello por dentro. Y ahora, unos cuantos años después y desde dentro, me pregunto cuanto tiempo hace de eso. Prefiero no echar cuentas y aprovecho la oportunidad para poder conversar de manera distendida con la persona que va a mi lado y poder conocernos un poco.

Llegamos al jardín y nos colocamos en círculo en los bancos que están bajo los árboles; comenzamos nuestro Encuentro…

Estoy mucho más relajada (el hecho de ser pocos también ayuda) y comenzamos con una oración y una lectura del Evangelio.

Unas lecturas que hablan de amor, pero del AMOR con mayúsculas. Ese amor que Dios nos da. Y que nosotros debemos también dar a los demás.

Mientras reflexionábamos sobre ese amor y mientras escuchaba a Esther, fui capaz de cerrar los ojos relajadamente (algo bastante difícil en mi día a día salvo si me duermo) y hacer un repaso de mi día cotidiano cayendo en la cuenta de la cantidad de momentos en los que se puede dar amor y que repercuta en ti en forma de felicidad por aquello que has dado y que sin embargo eliges estar enfadada, o triste o indignada por todo.

En esta época tan difícil por la que estamos pasando, se nos olvida que cada día es un regalo; un regalo que se nos da y que no siempre sabemos apreciar. Se hablaba de que el amor de Dios es incondicional, es decir, nos ama seamos como seamos; buenos o malos, obedientes o desobedientes; nos ama sin límite. Y también aquí me hizo pensar que yo debía actuar como Dios me daba a entender, sin importarme la reacción del otro y sin esperar que el otro actuase de la misma manera que yo. Me sentí muy identificada porque ¿quién no ha tenido alguna decepción de ese tipo alguna vez en su vida? Y ¿por qué continúas actuando así? Porque hay algo o Alguien dentro de ti que te impulsa a seguir, que te dice que vas por el buen camino y que no te suelta de la mano.

Por otro lado, cuando pusimos en común nuestras reflexiones, me encantó escuchar a mis compañeros, darme cuenta de que todos teníamos las mismas inquietudes (no ver los frutos que sembramos) y me gustó sentir que mis preocupaciones son las mismas que las de mis compañeras; y caer en la cuenta de que, efectivamente, los profes de reli no son otros profes cualesquiera; son algo más. Y pensaba en la suerte que tenía de poder estar allí compartiendo eso con ellos.

Después, durante el ratito del café, poder compartir conversación con personas que tienes cosas en común es muy enriquecedor, tanto desde el punto de vista personal como profesional. Te da la oportunidad de escuchar otros puntos de vista a cerca de un mismo tema. Y ver como cada uno lo siente diferente según su experiencia.

Por tanto, ¿qué me pareció el Retiro?, ¿cuál fue mi impresión, mis sensaciones? Creo que fue un ratito corto pero intenso en el que a cada momento que avanzaba me sentía más cómoda y en el que una vez más se afianzó mi idea de que el contacto personal enriquece el espíritu. Que somos seres sociales que dependemos y nos necesitamos unos a otros y me dio tiempo a parar y pensar, reflexionar sobre mi propia vida y mi actitud ante ella.

Mi objetivo de este Retiro era tener un encuentro con Dios y para ser sincera, no iba con ninguna expectativa más ya que desconocía cual sería el procedimiento, pero además de disfrutar con cada intervención de mis compañeras, me vine con nuevos conocidos, ¿una nueva y práctica aplicación en el móvil y un montón de buenos propósitos…se puede pedir más?... Sí, que si Dios quiere podamos repetir.

Belén Sierra Nicolás