SACERDOTE DE JESUCRISTO

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Lucas Aragón 502
El 9 de julio de 1971, en Aguilafuente, fui ordenado sacerdote y así decía en los recordatorios de la Ordenación Sacerdotal: SACERDOTE DE JESUCRISTO. En esa parroquia recibí todos los Sacramentos… y nació la llamada del Señor. Doy gracias a Dios por mi familia: siempre cerca y pendientes de mi; por mi pueblo y parroquia, por sus vecinos y por cuánto respeto y ánimo siempre me han dado.

Han pasado muy deprisa los 50 años. Han estado llenos de gracia. Uno no puede olvidar las palabras del Obispo D. Antonio en la Ordenación: «El Señor que comenzó en ti la obra buena, El mismo la lleve a término». Yo necesito expresar que este aniversario está presidido por tres palabras que aprendí de un sacerdote de mi pueblo, y que condensan el ejercicio del ministerio: alabanza, gratitud y perdón.

Sí, perdón por cuanto esperaban y no les dí; por el rostro desfigurado del Maestro que les pude mostrar y por cuanto dejé de hacer. Perdón por las decepciones que causé al no ejercer el ministerio con plena fidelidad. ¡Cuánto nos ha bendecido el Señor! Años difíciles del posconcilio afrontados por la vivencia del ministerio y el ejercicio pastoral de una forma novedosa: vivir y trabajar pastoralmente en equipo sacerdotal…

El presbiterio segoviano, presidido por los obispos D. Antonio, D. Luís, D. Angel y D. César, que pastorearon nuestra Diócesis desde esa fecha, fueron la familia en la que descubría el lugar y el modo de servir. El ejercicio del ministerio me ha llenado de sana alegría y me ha enriquecido de tal manera que no puedo decir más que GRACIAS, SEÑOR. Mi madre me decía muchas veces: «Hijo, qué tristes tienen que vivir los que no son agradecidos».

¡Cuántas parroquias por las que desempeñé el ministerio! Lugares de residencia fueron: Boceguillas, Gomezserracín, Cuéllar, Nava de la Asunción y Santa Eulalia. Gracias a todos los que en ellas me fueron enseñando el pastoreo…, y a cuantos enfermos me dejaban entrever el rostro de Cristo sufriente. ¡Y creyendo que daba, era yo el que recibía! En 2012 las decisiones del Obispado me trajeron a esta parroquia de Santa Eulalia: fui y me siento muy bien recibido. Cuánta participación y ayuda de consejos, grupos y pueblo de Dios: Gracias. Muy distinto es el ejercicio del ministerio en la ciudad que en el mundo rural. He vivido el ministerio en las parroquias más pequeñas y en las más grandes, y en todas iba descubriendo que Él estaba allí.

¡Cuántos catequistas, agentes de pastoral, consejos, colaboradores anónimos siempre, eran y son las manos y la voz prolongada del Maestro! Gracias. ¡Y cuántos cristianos de nombre, anónimos, que esperaban sólo una mirada o «buenos días»! Gracias a todos. Y llega el momento de celebrar lo vivido, celebrar la esperanza y pedir su gracia en esta etapa final. Y «doy gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

Lucas Aragón Olmos. Segovia, Santa Eulalia.

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