SAN JOSÉS DESDE LA VENTANA

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SAN JOSÉS VENTANA

 

Como viene ocurriendo desde que perdimos la buena costumbre de enviarnos christmas para felicitarnos las Pascuas, los últimos días del año son propicios para recibir y reenviar por whatsapp todo tipo de imágenes más o menos relacionadas con la Navidad. Una de las que más circularon en esta última fue la de una Sagrada Familia con un posado particular: María durmiendo plácidamente y el bueno de san José jugando alborozado con el Niño entre sus brazos. ¿Se acuerdan? A todos nos llegó por uno u otro camino. ¿Qué quiere significar? ¿Es una oportuna estampa reivindicativa de la responsabilidad que cabe exigir a los hombres en las tareas del hogar o es una cariñosa muestra de la naturalidad que reinaba en aquella familia ejemplar? Las dos cosas son posibles y están igual de bien traídas. Quedémonos con la segunda por esta vez. ¿Demostraría verdaderamente José en su vida esa sensibilidad por los detalles íntimos que hay que atender dentro de una casa? Yo creo que sí.

 En un tiempo convulso en el que tan necesario se hace el discernimiento sosegado de lo que nos acontece, aceptando las cosas como vienen y tomando las mejores decisiones en bien propio y de los demás, el papa Francisco ha declarado un año dedicado a san José en memoria de un hombre honesto y prudente cuyo comportamiento modélico puede iluminar hoy el de muchos. Este es el objeto de la carta apostólica Patris corde (con corazón de padre), un documento sencillo, en muchos pasajes más personal que doctrinal, cuya lectura es verdaderamente recomendable para los que deseen acercarse al fondo humano del personaje.

En la sociedad en que vivimos, tan entintada de un feminismo oficialista por momentos agotador, se agradece poder volver la vista hacia una figura masculina, hacia un hombre justo, tal como lo define el Evangelio, que encarna unas virtudes que, aunque el imaginario sociológico dominante atribuye por sistema a la mujer, son fácilmente reconocibles también en la mayoría de los varones. San José fue un esposo discreto, callado, práctico, trabajador, amante de su familia, de su casa, ajeno a todo protagonismo y, sobre todo, un hombre delicado. Gran delicadeza y una personalidad fuera de lo común es lo que demostró al mundo al no repudiar a María, despreciando olímpicamente los convencionalismos sociales –y escandalosamente machistas– de su época, dando así su «fiat» particular al papel secundario que se le pidió desempeñar en la vida. Francisco dice que fue un hombre valiente, capaz de una valentía creativa en medio de las dificultades que hubo de afrontar. Y un buen padre para Jesús.

Pues de hombres cabales y trabajadores, hombres virtuosos y ejemplares como fue el carpintero de Nazaret, anda el mundo lleno. A todos nos vienen a la cabeza los rostros afables de algunos de ellos, buena gente que ha demostrado esa valentía creativa en su existencia y que nos hace más agradable la nuestra. Cuántas personas mayores –ahora que nos acordamos de ellas– han trabajado honradamente para sacar adelante a los suyos; cuántos padres de familia andan entregados hoy a esa causa en medio de la que está cayendo; cuántos hombres que viven solos, viudos o divorciados, llevan una vida reservada pero de mérito en unas circunstancias que no son las que quisieran ni para ellos ni para nadie. Y cuántos abuelos ya jubilados hay, ¡cuántos!, cuya labor más querida es la de darse a sus nietos en todo lo que humanamente dependa de ellos. No conozco a ningún abuelo que, recordándole su condición recién adquirida, no yerga orgulloso la cabeza, esboce una sonrisa y mude la expresión poniendo una cara de arrobo semejante a la del san José del whatsapp.

Uno de los momentos más simpáticos del día es la salida de los colegios. En ellos, puede observarse a decenas de abuelos, un pequeño ejército de jovencitos de segunda generación que, pertrechados de buenos abrigos en invierno o cargando en una mano con los de los nietos en el entretiempo, se hacen cargo de sus respectivos mocosos a la hora de la salida, dándoles la mano que les queda libre para cruzar la calle y siendo los primeros receptores de la cuenta de las andanzas de la mañana y de la lista de tareas para la tarde. «Venga, hijo, camina más ligero que ya debe de estar la abuela esperando con la comida en la mesa» parecen decirles, y más de una vez así será, a esos mocitos que dentro de muchos años los tendrán como referentes imborrables en los recuerdos de su infancia.

En fin, que siempre es refrescante, como decíamos, recrearse en la figura amable del bueno de san José. O expresándolo de otro modo, contemplar su santidad, que de eso se trata. Conviene recordar que en el mes de marzo, sólo unos pocos días después de los dedicados a los actos ruidosos y justamente reivindicativos de las mujeres, celebramos la presencia silenciosa del esposo de María para certificar que, aunque los hombres no tengamos el privilegio de tener una fecha dedicada a nuestras cosas, sí podemos sentirnos representados por el santo que más llegó a conocer a Dios. Ahora que comienza mayo, volvemos a tener la ocasión de reparar en su figura, como obrero que fue, con motivo del día de los trabajadores.

San José, el padre de Jesús. Un varón justo, como así merecen ser llamados todos esos sanjosés que, apurando el paso, desfilan bajo mi ventana mirando prudentemente hacia ambos lados antes de cruzar la calle con una criatura que, sin ser propiamente suya, el amor providente de Dios ha puesto bajo su cuidado.

David San Juan

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