SAN ROQUE, ABOGADO DE EPIDEMIAS

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Desde 1599 el Concejo de Segovia acordó celebrar el VOTO (promesa de fidelidad) a S. Roque como agradecimiento a la intercesión del Santo por ser librados y curados del mal de la peste que había asolado a la ciudad. El Historiador segoviano, Diego de Colmenares, habla de 12.000 muertos. La epidemia parecía incontenible. Todo era horror y lástima; enfermos y difuntos por doquier; los templos y cementerios se llenaban de cadáveres.

Es una fiesta contemplada desde el Ayuntamiento, como fiesta solemne. El alcalde (la alcaldesa), en nombre y representación de toda la ciudad, renueva el voto en el ofertorio de la eucaristía, agradeciendo todas las bendiciones venidas de Dios por la intercesión del Santo.

Hay que resaltar que, la fiesta de S. Roque no es exclusiva de la parroquia de San Millán, sino de toda la ciudad, porque fue toda la ciudad quien se sintió protegida y ayudada por la intercesión de este santo; por ello, acuden masivamente de todos los barrios de la ciudad.

San Roque es un santo muy popular en España y Europa. Originario de Montpelier (Francia), del S. XIII y XIV. Sintió la llamada de Dios al seguimiento de Jesús en pobreza y entrega absoluta a los demás. Peregrinando a Roma, se encuentra con la peste por todos los lugares. De una forma decidida y solidaria, se entrega a los enfermos en cuerpo y alma. Les consuela, les habla de Dios, les da esperanza y muchos se sienten curados. Al final, él mismo es contagiado por la misma peste. La tradición cuenta de él que se retiró a un bosque, al lado de una fuente y, casi sin fuerzas, comienza a sentir hambre, motivo por el cual, cuenta la leyenda que un perro todas las mañanas le llevaba un panecillo. Finalmente, muere en el Señor.

¿Qué puede decirnos este santo en nuestros días, en esta situación tan dramática de epidemia por la que seguimos pasando y que tanto nos ha cambiado la vida? A mi modo de ver, podemos entresacar de su vida algunos aspectos relevantes. En primer lugar, estar abiertos para acoger la gracia del amor de Dios en nuestra vida; sólo el amor de Dios será el que nos impulse a seguir al Señor en fidelidad a su Palabra. En segundo lugar y, como consecuencia del seguimiento a Jesucristo, ha de proseguir una vida entregada a los demás, de manera particular, a los más pobres y necesitados. Precisamente en este momento, los datos de escasez y penuria económica en muchas familias, derivados de la crisis sanitaria, son cada vez más abultados. Sin duda, esta situación nos tiene que hacer reflexionar a nivel personal, eclesial y social, a fin de que nuestras vidas sean vividas con austeridad y sobriedad, y, sobre todo, como S. Roque, estando al lado de los pobres.

En este estado de pandemia, parecido al que vivió San Roque, nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que somos, de nuestra fragilidad y las limitaciones de nuestra vida; del gran sufrimiento causado por la enfermedad y la muerte por la que han pasado muchos de los nuestros; la angustia y la impotencia para aliviar y sanar a muchos enfermos que se han quedado en el camino; el dolor y la tristeza al no poder despedir a nuestros fallecidos con el calor y la cercanía de la familia y los amigos, como tampoco ofrecer una despedida en la fe de la Iglesia que les dio acogida y sostén desde el día de su bautismo. Ciertamente, ha sido (o está siendo) un drama muy doloroso.

Pero, ¿habremos aprendido algo de toda esta situación? Creo que deberíamos reflexionar e interiorizar desde la oración silenciosa ante Dios, y tomar conciencia de la verdadera dimensión del hombre, de la creación, de Jesucristo, de Dios... Necesitamos un cristianismo renovado por la gracia y el amor del Espíritu Santo; pasar de una comprensión de la fe como un código de normas, leyes, una religión sólo de prácticas devocionales, sacramentos vividos externamente …, a una fe nacida de la experiencia del encuentro con la Persona viva y resucitada de Jesucristo. Una fe vivida desde la gracia del amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Es necesario volver a las fuentes del Evangelio y redescubrir en él la vida y la persona de Jesucristo de una forma nueva; como unos ciegos que, viendo por primera vez, quedan iluminados por la luz del Evangelio, y arrastrados por la fuerza del amor, siguen al Maestro con libertad y valentía. Y nunca olvidemos aquello del Señor: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20).

Este año, tendremos en cuenta en la celebración, como no podía ser de otra manera, a todos los contagiados y fallecidos por este coronavirus mortal. La celebración se llevará a cabo según las normas y disposiciones de las autoridades sanitarias.

Todos estamos a invitados a participar de esta fiesta en honor de San Roque bendito. Pedimos a Dios, a través de su intercesión, la sanación de todos los contagiados por el Covid-19, y una ciudad creciente en los grandes valores humanos y religiosos.

D. Jesús Cano. Párroco de San Millán

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