DON CÉSAR FRANCO: «CRISTO VIVO Y RESUCITADO ES EL CAMINO»

DON CÉSAR PASCUA2

Hoy es un día especial en la Iglesia. Hoy celebramos la Pascua de Resurrección del Señor, después de la pasión y la muerte, ha vuelto a la vida. Y en esta jornada, el Obispo de Segovia, Don César Franco, ha celebrado la Eucaristía en una capilla del Santísimo de la Catedral prácticamente vacía. Un oficio que ha ofrecido por aquellos que sufren el coronavirus, que padecen por la muerte de un ser querido o por aquellos que tienen alguna imposibilidad física. 

«Celebramos la fiesta de las fiestas, el día en el que Dios ha actuado con todo su poder para levantar a Jesucristo de entre los muertos». Así ha comenzado don César la homilía en este día festivo. «La muerte ha sido superada, os invito a la alegría y a la acción de gracias porque Dios ha cumplido sus promesas y hemos vistoal Resucitado». El prelado ha asegurado que en este día, todos somos partícipes de la resurrección a través de los ojos de la Magdalena y de los apóstoles, añadiendo que esto no es ni fantasía ni mito, puesto que hablamos de historia y de sus testigos. Hablamos de un testimonio que permanece en los obispos, así como en toda la Iglesia, que vive y cree en lo que ellos nos transmitieron: que Jesús resucitó al tercer día tras su muerte clavado en la cruz.

Por este motivo, el pastor de la Iglesia segoviana ha afirmado que «Cristo vivo y resucitado es el camino», para añadir que no debemos perder el tiempo buscando atajos, ya que debemos acoger el anuncio pascual y vivir como dice San Pablo, esto es, aspirando «a los bienes de arriba y no a los de la tierra».

Conocedor de la realidad que vivimos en la actualidad a causa de la pandemia del coronavirus, don César ha puesto de relieve que muchas de las reflexiones que aparecen en los medios de comunicación están orientadas al futuro, a ese momento en el que todo esto acabe. «Se dice que nuestro mundo deberá ser distinto, con una forma nueva de vivir, un estilo más humano de comportamiento», no cabe duda de que, una vez que podamos regresar a nuestra vida habitual, habremos aprendido muchas lecciones, sobre todo la del ser sobre el tener. «Dios quiera que aprendamos de la historia», ha subrayado el obispo, para añadir a renglón seguido que hace 2020 años ya se instauró una nueva forma de vivir que, en la actualidad, nos permmite mirar la historia dese una perspectiva de salvación, la historia de «Cristo resucitado, que se implanta en el corazón de aquellos que creen que hay que morir en el pecado y resucitar a la gracia».

El Señor ha muerto por todos nosotros, para cambiar el rumbo de la Historia. Pero para ello, es necesario, es preciso, que el hombre se convierta ya que aquellos que consideran que para superar esta situación que atravesamos solo hay que planificar políticamente, económicamente y socialmente dejando al margen la acción de Dios, irán al fracaso, según nuestro obispo. «Mientras el hombre no cambie la historia, volverá sobre sus propios errores», ha destacado.

En su homilía, don César ha hablado de tres conceptos, tres fundamentos éticos que ha definido como "palabras talismanes": verdad, justicia y caridad. No puede haber verdad si la mentira regula las relacions sociales y políticas. No puede haber justicia si se menosprecia a pobres, ancianos o personas que no se valen. No puede existir el perdón sin arrepentimeitno. No puede darse la desaeada solidaridad si no se pone el bien común por encima de los bienes partidistas y políticos que son maquillados como intereses generales. Es decir,  «sin verdad, justicia y caridad, no puede haber paz».

Por eso, para buscar las "cosas de arriba", hay que morir a las pasiones terrenas, solo así el mundo será diferente tras la pandemia. En este punto, don César se ha referido al mensaje que el Papa Francisco envió con motivo de la celebración de la LII Jornada Mundial de la Paz enunciando, textualmente, las palabras del Santo Padre: «la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio».

Finalmente, el prelado ha asegurado que la vida nueva supone dar muerte al hombre viejo y no es necesario inventar una nueva forma de vivir porque ésta ya existe. Es esa en la que la se pone al hombre en el centro como imagen inviolable del Dios Creador, esa que nos catapulta al cielo, abierto hoy por la Resurrección de Cristo. «Por eso cantamos Aleluya, porque Dios ha actuado en este día resucitando a su HIjo y ofreciéndonos una vida nueva que colma las aspiraciones del corazón humano», ha concluído don César.

La Eucaristía ha concluido con la Bendición Urbi et Orbi con indulgencia plenaria en nombre del Santo Padre (quien la ha otorgado hoy desde Roma). Rogad a Dios por el Papa, por nuestro Obispo y por la Santa Madre Iglesia.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! 

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