LA CONFERENCIA EPISCOPAL, ANTE LA PANDEMIA EN EL DOMINGO DE RAMOS

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La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española ha hecho pública una nota en relación a la situación de alarma que ha provocado la pandemia y con motivo de la celebración de la Semana Santa.

En la nota, los miembros de la Comisión Ejecutiva señalan que “queremos mostraros nuestro gran afecto y dirigiros con sencillez una palabra de ánimo y esperanza, apoyándonos confiadamente en Dios. Somos discípulos de un Dios que tiene entrañas: se conmovió por Lázaro, su amigo fallecido, por el hijo de la viuda o la hija del centurión, consoló a los tristes y curó a los enfermos y dio su vida en la Cruz para ofrecernos una vida nueva y eterna, como celebramos en la Semana que se inicia este Domingo de Ramos”.

En esta situación desconcertante, para la que nadie estaba preparado, los obispos señalan que “estamos viendo múltiples historias de santidad y variados ejemplos de entrega y heroísmo que muestran cómo el ser humano es capaz de superar grandes desafíos sirviendo a los demás con amor, generosidad, fortaleza y sacrificio”. Al mismo tiempo reconocen y agradecen “la entrega generosa de los profesionales de la salud plenamente volcados en la atención médica y humana a los enfermos, así como a los equipos de investigación que buscan soluciones a la pandemia. También queremos mostrar nuestra cercanía y apoyo a los ancianos y quienes viven en las residencias de mayores. A ellos, garantes de nuestra sabiduría e historia, debemos todo en nuestra vida y es el momento de devolver tanto amor y sacrificio. Nuestro agradecimiento a quienes se empeñan vivamente en cuidarles con cariño y esmero”.

En su nota, agradecen también a los sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos por su dedicación pastoral: celebrando la Eucaristía, atendiendo a las familias y a las personas que viven solas, acompañando a los enfermos; así como a los monasterios de vida contemplativa que mantienen viva la llama de la esperanza con su oración. En especial aprencian “la disponibilidad incansable de los presbíteros y agentes de pastoral para acompañar estos difíciles momentos y sostener a las familias en el duelo con esperanza cristiana“ en los cementerios y en los hospitales y se preguntan si, en estos momentos, “no sería posible producir en nuestro entorno más equipos de protección que, además de proteger al personal sanitario, permitiera la presencia de los familiares más cercanos y la debida asistencia espiritual”.

En lo que se refiere a la atención a los enfermos, los obispos recuerdan el mensaje de la Pontificia Academia para la vida que señala la igual dignidad de toda vida humana, y que el tratamiento a cada persona “no se puede basar en una diferencia en el valor de la vida humana y la dignidad de cada persona, que siempre son iguales y valiosísimas. La decisión se refiere más bien a la utilización de los tratamientos de la mejor manera posible en función de las necesidades del paciente… La edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección”.

Al agradecimiento a todas las familias y los trabajadores de los diversos sectores “que hacen posible que nuestras vidas puedan seguir adelante”, los obispos de la Comisión Ejecutiva unen su preocupación por la situación de los “más vulnerables, empobrecidos y en riesgo de exclusión” para los que pide y agradece el apoyo de “benefactores, colaboradores y voluntarios por su generosa caridad”. Al mismo tiempo señalan “gran herida en el campo económico, laboral y social del país” y la necesidad de un “el esfuerzo por paliar con altura de miras y sin intereses particulares las consecuencias de esta pandemia que genera sufrimiento y pobreza. Para salir de esta crisis vamos a necesitar más que nunca la colaboración estrecha entre el sector público y el privado, entre las instituciones civiles y religiosas. Hacemos un llamamiento a una alianza de toda la sociedad y sus instituciones en favor de este gran proyecto común”, para lo que “ofrecemos nuestros recursos humanos y materiales para hacer frente a este desafío. Juntos podremos superarlo y vislumbrar el futuro con esperanza”.

Los obispos concluyen con “una llamada a la esperanza, fundada en la resurrección del Señor y en su promesa:

“Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20)”.

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