Daniel CuestaDANIEL CUESTA GÓMEZ sj, diácono jesuita

 

  •  ¿Cómo ha cambiado su día a día desde que se decretó el estado de alarma y el confinamiento?

Durante el primer mes cambió de manera radical, puesto que uno de los miembros de mi comunidad se contagió del virus y tuvimos que ponernos en cuarentena total. Apenas podíamos salir de nuestras habitaciones, nuestro compañero fue hospitalizado y tuvimos que enfrentarnos a esa incertidumbre, etc. Fue duro, pero, aunque casi no nos veíamos, nos apoyamos mucho unos en otros. Un mes después nuestro compañero dio por fin negativo en el test del COVID-19 y pudimos volver a juntarnos todos. En ese momento decidimos responder a la llamada del Arzobispado de Madrid pidiendo sacerdotes y diáconos en los hospitales y en el cementerio. Y, al día siguiente estábamos ya echando una mano con los responsos en la capellanía del Cementerio de la Almudena. Una experiencia dura, pero muy necesaria.

  •  ¿Qué papel desempeña la Iglesia frente al coronavirus?

En mi opinión la Iglesia está haciendo una gran labor que se concreta el cumplimiento de la cuarentena en casa (llevado a cabo de manera muy seria por muchos cristianos), las ayudas a personas mayores, la atención a enfermos en hospitales y hogares (tanto de modo sanitario como espiritual), las ayudas económicas, la atención pastoral online (que lleva tanta esperanza a los hogares), la celebración de los sacramentos, etc. En estas acciones la Iglesia se manifiesta como sal y luz. Puesto que muchas de ellas no se ven, pero, como la sal, dan sabor a este caldo amargo que estamos tomando. Mientras que otras, como la luz, dan esperanza a muchas personas.

  •  ¿En estos tiempos de mayor convivencia en el hogar, cuál es la posición de los padres como educadores en la fe de sus hijos?

Siempre se ha definido a la familia como Iglesia doméstica, y, en estos tiempos creo que esto se está haciendo más patente. Los padres están orando y celebrando junto a sus hijos y esto ha hecho que muchas familias se unan más desde la fe. En este sentido, me ha emocionado mucho ver como los padres ayudaban a sus hijos en la elaboración de su palma para el Domingo de Ramos, o preparaban con ellos un altar doméstico para la Semana Santa, etc. Cosas que si no, normalmente se habrían “delegado” al colegio o la parroquia.

  •  ¿De qué manera su fe le ayuda a sobrellevar esta situación?

Durante la vigilia pascual que celebramos en nuestra comunidad, el jesuita que es el párroco elevó el cirio pascual hacia el barrio y dijo que pocas veces como en esta noche el mundo está más necesitado de la luz de Cristo Resucitado. Creo que esa imagen vale más que mil palabras.

  •  ¿Cómo cree que la fe puede servir de “vacuna” ante la impotencia y el miedo de enfermos y familiares?

Creo que la fe nos permite confiar más allá de nuestras propias fuerzas y también nos alivia cuando estamos haciendo todo lo que podemos, aunque veamos que no es suficiente por la magnitud de esta tragedia. Es decir, la fe nos remite a Dios y a su ayuda, y así se convierte en esa “vacuna” y también en ese “descanso” o sosiego que muchas veces nos está faltando. Lo estamos viendo en la oración que hacemos unos por otros, y en como mucha gente busca alivio de sus agobios, impotencias y miedos en Dios.

  •  ¿Considera que, debido a las circunstancias, estamos profundizando en nuestra relación personal con el Señor de una manera más pura?

Hay el riesgo de vivir toda esta pandemia desde la superficialidad de quien no se entera de lo que está pasando a su alrededor y no se vuelve hacia Dios. Pero, creo que la mayoría de los cristianos está encontrándose con Jesucristo desde el dolor, y en Él, vivo y resucitado, está encontrando esperanza. Estas circunstancias nos están dando más tiempo para el silencio, pero hay que saber aprovecharlo para orar y buscar al Señor, en lugar de llenarlo de whatsapps, chistes o vídeos.

  •  ¿Opina que la irrupción de esta crisis sanitaria y social ha alterado la forma de vida generalmente individualista y materialista de la humanidad?

Creo que sí, en primer lugar, porque ha hecho que todos pongamos a los ancianos de nuevo en el centro, que nos preocupemos por ellos, que les llamemos, les ayudemos en la medida de nuestras posibilidades y reflexionemos sobre cómo queremos cuidarles. En segundo lugar, nos ha mostrado que, como dice el Papa Francisco, somos una única humanidad, y estamos sufriendo todos, pero también estamos luchando todos juntos. Y, en tercer lugar, esto ha hecho que nos interesemos por personas cercanas y lejanas, que conozcamos a nuestros vecinos al aplaudir cada noche, que nos preocupemos por la llegada del virus a otros países etc.

  •  ¿Cree que una vez superada la pandemia el ser humano cambiará su actitud ante la vida y ante los demás?

Confío plenamente en ello. Personalmente tanto la enfermedad de mi compañero de comunidad como el hecho de colaborar con los responsos en el cementerio está haciendo que se remuevan muchas cosas en mi interior. Creo que esto hará que en el futuro viva de otra manera mi relación con el dolor y la muerte. Pero claro, también está el riesgo de que en el futuro me “olvide” de todo ello y vuelva a mi vida como si nada. Por ello, creo que en los próximos meses tenemos una tarea muy importante, que es la de hacer que todo lo que hemos experimentado se asiente en nuestro corazón y se transforme en vida. Sólo así haremos realidad las palabras del Papa Francisco que afirman que “de esta crisis saldremos menos, pero seremos mejores”.

  •  La Iglesia ha sabido adaptarse para continuar con su labor desde la distancia ¿cómo valora las iniciativas evangelizadoras a través de los medios de comunicación y redes sociales?

La Iglesia ha demostrado en estas semanas que lo que la mueve es su deseo de llevar a Cristo a todos los lugares, pase lo que pase. Así, ante el cierre de los templos, la Iglesia ha sido enormemente creativa para seguir llevando la Palabra de Dios, los sacramentos, la oración, el consuelo, la celebración etc. a todos los hombres. Creo que con estas acciones la Iglesia ha sabido no sólo llegar a los fieles, sino también extender su mensaje de esperanza entre aquellos que se encuentran alejados de ella.

  •  Escoja una cita bíblica que sirva como mensaje de esperanza a los creyentes

Venid a mi todos los que estáis cansado y agobiados que yo os aliviaré (Mt 11, 28).

 Daniel Cuesta2cop

OMPCovid

El Papa Francisco quiere estar cerca de los que más sufren las consecuencias de esta pandemia, en los países más pobres. Por ello, ha abierto un Fondo de Emergencia internacional a través de Obras Misionales Pontificias (OMP), para sostener el trabajo que la Iglesia misionera realiza en esta crisis mundial. OMP España se une hoy a esta iniciativa con la campaña #AhoraMásQueNunca, apelando a los españoles a colaborar con los misioneros, en estas circunstancias tan difíciles.

José María Calderón, director de OMP España, se une a la petición del Santo Padre de crear un Fondo de Emergencia internacional para ayudar a los Territorios de misión, ante las graves consecuencias que la pandemia puede provocar en las zonas más pobres del planeta:

“Desgraciadamente la situación causada en España por el Covid-19 es terrible, en todos los aspectos: de muertos, de contagiados, de personal sanitario enfermo, de falta de material y de medios para trabajar con una cierta seguridad… ¡y la que nos viene encima a nivel económico!”, explica.

Sin embargo vamos viendo cómo esta pandemia está poco a poco haciéndose hueco en la vida de los países de África, Asia, Oceanía y América, que cuentan con muchos menos medios que nosotros, y en algunos sitios tienen unas graves dificultades para poder vivir el confinamiento, la disciplina a la hora de las relaciones, ¡la forma de vivir los duelos y los entierros! Por eso, los misioneros ya nos están dando la voz de alarma… ¡van a necesitar mucha oración y muchas ayudas por nuestra parte!”, afirma.

“OMP es el canal que el Santo Padre y la Iglesia tienen para hacerles llegar esa ayuda, tanto espiritual como material. Por eso hemos decidido sacar esta campaña. Gracias a todos los que decidan colaborar”, concluye.

Llegar a cada una de las parroquias misioneras

El Papa fue el primero en colaborar con este Fondo, con 750.000$. A través de Obras Misionales Pontificias, el instrumento que tiene la Santa Sede para sostener a las Iglesias más jóvenes, este dinero llegará a todas las comunidades afectadas en los países de misión a través de las estructuras e instituciones de la Iglesia. Este Fondo es internacional, y cuenta con la capilaridad de Obras Misionales Pontificias, que llega a 1.111 Territorios de Misión, y sostiene el trabajo de los misioneros y de cada una de las parroquias en estas zonas.

Estos territorios representan un tercio de las diócesis del mundo, y en ellas vive casi la mitad de la población mundial. Allí la Iglesia hace un enorme trabajo de evangelización y promoción humana. De hecho, en ellas la Iglesia sostiene 26.898 instituciones sociales (hospitales, dispensarios, residencias de ancianos, orfanatos…), y 119.200 escuelas -más de la mitad de las que sostiene la Iglesia en el mundo-. En los últimos 30 años, la Iglesia ha abierto en misiones una media de 2 instituciones sociales y 6 escuelas al día.

Todo este trabajo que la Iglesia realiza necesita apoyo económico, y lo recibe de forma habitual a través de Obras Misionales Pontificias, en campañas tan conocidas como el Domund. Pero en estas circunstancias tan especiales, ya hay peticiones de ayuda extraordinarias.

El Santo Padre ha pedido a los fieles y a las entidades de la Iglesia que tienen la posibilidad y lo desean, que contribuyan a este Fondo de Emergencia a través de las Obras Misionales Pontificias de cada país.

En el segundo domingo de Pascua proclamamos en el evangelio las dos apariciones de Jesús a los discípulos en una casa, supuestamente el cenáculo, donde Jesús había celebrado la cena pascual. En las dos apariciones se dice que estaban con las puertas cerradas. En la primera, se apostilla que era por miedo a los judíos.
Jesús resucitado se presenta con poder, se sitúa en medio, les saluda con la paz y les muestra las manos y el costado para que entiendan que es el mismo que fue crucificado. Los discípulos se llenaron de alegría al verlo, y Jesús repite su saludo de paz y los envía del mismo modo que él fue enviado por el Padre. ¿A qué los envía? El texto lo aclara a continuación: «Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”» (Jn 20,22-23). Este gesto de Cristo, soplando sobre los discípulos, expresa la donación de su espíritu para que puedan otorgar el perdón de los pecados. Es el aliento de vida en que se ha convertido Cristo por su resurrección: Él es el «espíritu vivificante» (1 Cor 15,45), agente de la nueva creación que reconcilia al hombre con Dios. Se ha cumplido el tiempo y Dios ha aceptado la ofrenda de su Hijo, elevado sobre todo poder y constituido en fuente de la verdadera Vida.
En la resurrección Jesús ha recuperado el espíritu que entregó a su Padre, pero lo recupera con su humanidad glorificada que se convierte así en el cauce por el que llegará a todas las generaciones el Espíritu de la vida y de la resurrección. Hemos sido recreados, vivificados, liberados de la muerte. A los ocho días, Tomás, que no estaba con los discípulos la primera vez y se negaba a creer retando de alguna manera a que Cristo le concediera la gracia de tocar su humanidad, ve cumplido su deseo. Cristo se aparece, otorga de nuevo la paz y le ofrece a Tomás la posibilidad de tocar sus llagas carnales y gloriosas. El evangelio no dice si Tomás llegó a hacerlo y experimentar así lo que todo hombre desearía: comprobar que el cuerpo de Cristo es real, con las llagas de la pasión y con la gloria de la resurrección. Lo cierto es que Tomás se rindió ante Cristo e hizo la más bella y solemne confesión de fe en primera persona: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).
Todo esto sucedió estando las puertas cerradas por miedo a los judíos, es decir, por miedo a la muerte. Sabían bien los discípulos que el destino de Jesús sería el suyo: la muerte de cruz. Y vivían con las puertas cerradas, no sólo a los judíos, sino al mismo Cristo en quien no creían a pesar del anuncio de María Magdalena, «apóstol de apóstoles» (Papa Francisco).
El miedo a morir nos encierra en la muerte que tememos. Cristo, con la efusión de su espíritu, nos abre a la vida. Por eso la paz que otorga va seguida de la misión, para lo cual es preciso abrir las puertas y salir. En Pentecostés la Iglesia naciente sale sin miedo, ebria de Espíritu, como diría san Agustín, a proclamar la salvación universal. La Iglesia tiene el peligro, en muchas ocasiones, de encerrarse en sí misma, por temor a que el Espíritu la lleve adonde el egoísmo, la comodidad, y, finalmente, el miedo a perder la vida no quieren ir. Se vive más cómodamente en el refugio de nuestros temores (y no me refiero ahora a la situación presente) que en la misión a la que Cristo nos envía con todo su poder. El que ha vencido a la muerte no nos envía desamparados, sino con su propio soplo y espíritu, capaz de regenerar el mundo y de vencer la muerte. El día de Pascua Jesús entró en la casa cerrada por miedo y la dejó abierta para siempre.

+ César Franco
Obispo de Segovia.

periodista
 
El Obispo de Segovia, Don César Franco, y toda la Diócesis se unen al mensaje de apoyo y agradecimiento a todos los profesionales de la comunicación que han enviado hoy los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS). En una provincia tan castigada por la pandemia como es la nuestra, vuestra labor es digna de encomio. Gracias por vuestras noticias, vuestros reportajes, vuestras coberturas buscando también el lado más humano detrás de esta crisis sanitaria y social. Ahora que todos debemos estar confinados, vosotros salís a la calle no solo para informar, sino también para entretener. Por este motivo, queremos reconocer el trabajo de los profesionales que están en primera línea de esta guerra que nos toca librar. 
 
Nuestras oraciones por los enfermos, por la memoria de los fallecidos y el consuelo de los familiares. Y por todos los trabajadores, para que desarrollen su labor con la diligencia que nos lleve a salir reforzados de esta crisis.
 
Texto completo del mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS):

Los comunicadores sois garantes de esperanza ante el Covid-19

Parecía que no llegaría el maligno coronavirus que azotaba a lejanas zonas de la tierra, pero de pronto los españoles nos vimos confinados en nuestras casas, como sucede en otros países. En medio de esta situación, vosotros comunicadores y periodistas tenéis que narrar el drama mortal de esta pandemia y a la vez los ejemplos esperanzadores de entrega y solidaridad que se dan en abundancia en nuestra sociedad.

Los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS), queremos reconocer el luminoso trabajo de los profesionales que están en primera línea de esta guerra, como son los profesionales sanitarios y sus servicios auxiliares, laboratorios y farmacias. Con ellos, todos los que nos facilitan nuestra vida cotidiana, repartidores y distribuidores, comerciantes y supermercados, servicios de limpieza, de transporte, de mantenimiento, funerarias, junto con las ejemplares actuaciones de los militares, guardias civiles y policías.

También es de agradecer el servicio de los sacerdotes, en las capellanías de los hospitales, dando el consuelo en los cementerios, atendiendo desde las parroquias a los que están solos y asistiendo a los más necesitados, unidos a Cáritas. Igualmente, a todos aquellos que contribuyen anónima y solidariamente al bien común, vaya nuestro respeto, admiración y agradecimiento. De manera especial, pedimos y esperamos la pronta recuperación de los profesionales que han caído enfermos y encomendamos a quienes dieron su vida por el bien de todos. Cada uno de ellos hace verdad la petición del Papa Francisco que nos invita a “tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor” (Roma, 6 de abril de 2020).

En estos momentos difíciles, los medios de comunicación nos permiten conocer lo que está ocurriendo con todos sus matices y sus complejidades, ponen en contexto las informaciones y dan respuesta a nuestras preguntas. Además, difunden las indicaciones que señalan las autoridades competentes, que hemos de vivir en este momento como sociedad, y ayudan a desmentir las noticias falsas y los bulos que pueden angustiar o hacer caer en la desesperación o el desorden. Vuestro servicio es esencial para una sociedad que ama la libertad y la verdad.

Queremos destacar el papel de las empresas de comunicación y la labor social que vosotros, periodistas, corresponsales y comunicadores, lleváis a cabo en esta epidemia: acortando las distancias geográficas y sociales, abrís una ventana a la esperanza y al futuro, dais a conocer iniciativas solidarias y ofrecéis a los que están confinados en casa múltiples posibilidades para estar conectados con el mundo y para desarrollar sus cualidades. Sin olvidar, la capacidad de entretener con programas de humor, con el cine o la música, que nos permite salir de una rutina diaria necesariamente estrecha, y nos puede vincular con lo mejor de la humanidad, el arte y la cultura. Sin esta labor de los medios de comunicación, este aislamiento sería muchísimo peor.

En muchas ocasiones, este trabajo no está exento de dificultades técnicas y de preocupaciones personales en el presente, pero también en el temor sobre lo que pueda pasar en el futuro con vuestro puesto de trabajo. El agradecimiento de todos debería traducirse en apoyo social para que los medios puedan continuar llevando a cabo su tarea ahora y en un futuro que se presenta difícil. ¡Recibid todos, nuestra consideración, respeto y aliento!

Nuestra esperanza está en que el coronavirus sea vencido, no solo por el trabajo individual de algunos, sino por el esfuerzo colectivo de cada uno que cumple con su deber, que en el caso de muchos de nosotros es el de quedarnos en casa. Hay que sacar lecciones de lo que esta ocurriendo. Esta situación se puede superar juntos, entre todos, sumando el esfuerzo de cada uno para construir un tiempo nuevo lleno de valores y con un estilo de vida mucho más sencillo y fraterno.

Ha finalizado el tiempo litúrgico de la Cuaresma, pero no ha terminado nuestro confinamiento en las casas, seguimos en “situación cuaresmal”, pero viviéndo con sentido Pascual el gozo y la esperanza que surge del acontecimiento clave del cristianismo: Cristo ha muerto y ha resucitado, venciendo el mal, la muerte, el dolor y toda enfermedad. Porque Él es la Esperanza de los vivientes, de los que están cerca y de los lejanos. A todos alcanza con su acción misteriosa y salvadora.

Cuando mueren las esperanzas de los pueblos, desaparecen las culturas. Por ello, a vosotros hombres y mujeres de la comunicación en España os pedimos que no os canséis, en medio de este oscuro panorama. Sed portadores de la verdad y la esperanza en todo aquello que hacéis y comunicáis, para que vuestras noticias y programas alcancen el corazón de la ciudadanía dolorida. Sabed que estáis presente en nuestras oraciones para que el mal de este espantoso virus no os alcance y podías gozar siempre de la “salud del alma y del cuerpo”.

A pesar de lo que está sucediendo tenemos que desearos: ¡Feliz Pascua de Resurrección! Con nuestro afecto y bendición.

+ Mons. Juan del Río. Arzobispo castrense y presidente de la CECS

+ Mons. Salvador Giménez. Obispo de Lleida

+ Mons. José Manuel Lorca. Obispo de Cartagena.

+ Mons. Sebastià Taltavull. Obispo de Mallorca

+ Mons. José Ignacio Munilla. Obispo de San Sebastián

+ Mons. Antonio Gómez Cantero. Obispo de Albarracín-Teruel

+ Mons. Joan Piris. Obispo emérito de Lleida

fe y covid henri
 
Desde hace unos meses, el ritmo de nuestra vida va cambiando. El coronavirus nos ha sacudido a todos y se ha hecho muy famoso a través del universo. Tiene a los medios de comunicación como socios preferidos. Hay una abundancia literatura sobre su forma así como su modo de transmitirse. Parece que el ser humano se ve impotente para pararlo de momento. Todas las capas sociales están de pie buscando la respuesta adecuada para salvar la vida sacando sus armas. Y la Iglesia no ha quedado al margen.
 
Su propuesta, que da sentido al sufrimiento que toca compartir con familiares y amigos, hombres y mujeres, chicos y chicas, niños y niñas de toda edad, es volver a Dios en la oración y conversión para permanecer en la fe (1Co 16,13) y resistir. Es verdad que, el clamor de los aplausos dirigido a los que luchan para salvar vidas dejándose la piel bajo la hermosa canción que se ha vuelto viral: "Resistiré", es un mensaje social muy fuerte, de compartir lo que somos y tenemos con los demás.
 
Pero desde el punto de vista eclesial, 'resistiré' alude a permanecer en la fe, sin tirar la toalla de la esperanza. Esto conlleva ser coherente en la vida cristiana que es una respuesta personal a Cristo Salvador del mundo y el fiel caminante al lado de los que en él creen. Pero la realidad histórica de una sociedad secularizada ha provocado un hiato entre la fe y la vida, la libertad y la verdad, el presente y el futuro, la vida y la muerte.
 
Permanecer en la fe es no separar estas realidades,sino compaginarlas. No se trata de dejar para mañana lo que se ha de realizar hoy. Permanecer en la fe es estar alerta cada día, beber de la fuente de los sacramentos( eucaristía, confesión, unción de enfermos, etc.), no en modo urgencia,sino consciente de que allí Dios nos otorga su gracia y misericordia. Permanecer en la fe es resistir a dar razón al refrán español que expresa la falta de confianza en Dios:"Se acuerda de santa Bárbara cuando truena ".
 
Ojalá que cuando pase el confinamiento por causa del covid19, la fe cristiana sea purificada e iluminada por la resurrección de Cristo. 
 
HENRI TSHIPAMBA MUKALA 
Capellán del hospital general de Segovia

DON CÉSAR PASCUA2

Hoy es un día especial en la Iglesia. Hoy celebramos la Pascua de Resurrección del Señor, después de la pasión y la muerte, ha vuelto a la vida. Y en esta jornada, el Obispo de Segovia, Don César Franco, ha celebrado la Eucaristía en una capilla del Santísimo de la Catedral prácticamente vacía. Un oficio que ha ofrecido por aquellos que sufren el coronavirus, que padecen por la muerte de un ser querido o por aquellos que tienen alguna imposibilidad física. 

«Celebramos la fiesta de las fiestas, el día en el que Dios ha actuado con todo su poder para levantar a Jesucristo de entre los muertos». Así ha comenzado don César la homilía en este día festivo. «La muerte ha sido superada, os invito a la alegría y a la acción de gracias porque Dios ha cumplido sus promesas y hemos vistoal Resucitado». El prelado ha asegurado que en este día, todos somos partícipes de la resurrección a través de los ojos de la Magdalena y de los apóstoles, añadiendo que esto no es ni fantasía ni mito, puesto que hablamos de historia y de sus testigos. Hablamos de un testimonio que permanece en los obispos, así como en toda la Iglesia, que vive y cree en lo que ellos nos transmitieron: que Jesús resucitó al tercer día tras su muerte clavado en la cruz.

Por este motivo, el pastor de la Iglesia segoviana ha afirmado que «Cristo vivo y resucitado es el camino», para añadir que no debemos perder el tiempo buscando atajos, ya que debemos acoger el anuncio pascual y vivir como dice San Pablo, esto es, aspirando «a los bienes de arriba y no a los de la tierra».

Conocedor de la realidad que vivimos en la actualidad a causa de la pandemia del coronavirus, don César ha puesto de relieve que muchas de las reflexiones que aparecen en los medios de comunicación están orientadas al futuro, a ese momento en el que todo esto acabe. «Se dice que nuestro mundo deberá ser distinto, con una forma nueva de vivir, un estilo más humano de comportamiento», no cabe duda de que, una vez que podamos regresar a nuestra vida habitual, habremos aprendido muchas lecciones, sobre todo la del ser sobre el tener. «Dios quiera que aprendamos de la historia», ha subrayado el obispo, para añadir a renglón seguido que hace 2020 años ya se instauró una nueva forma de vivir que, en la actualidad, nos permmite mirar la historia dese una perspectiva de salvación, la historia de «Cristo resucitado, que se implanta en el corazón de aquellos que creen que hay que morir en el pecado y resucitar a la gracia».

El Señor ha muerto por todos nosotros, para cambiar el rumbo de la Historia. Pero para ello, es necesario, es preciso, que el hombre se convierta ya que aquellos que consideran que para superar esta situación que atravesamos solo hay que planificar políticamente, económicamente y socialmente dejando al margen la acción de Dios, irán al fracaso, según nuestro obispo. «Mientras el hombre no cambie la historia, volverá sobre sus propios errores», ha destacado.

En su homilía, don César ha hablado de tres conceptos, tres fundamentos éticos que ha definido como "palabras talismanes": verdad, justicia y caridad. No puede haber verdad si la mentira regula las relacions sociales y políticas. No puede haber justicia si se menosprecia a pobres, ancianos o personas que no se valen. No puede existir el perdón sin arrepentimeitno. No puede darse la desaeada solidaridad si no se pone el bien común por encima de los bienes partidistas y políticos que son maquillados como intereses generales. Es decir,  «sin verdad, justicia y caridad, no puede haber paz».

Por eso, para buscar las "cosas de arriba", hay que morir a las pasiones terrenas, solo así el mundo será diferente tras la pandemia. En este punto, don César se ha referido al mensaje que el Papa Francisco envió con motivo de la celebración de la LII Jornada Mundial de la Paz enunciando, textualmente, las palabras del Santo Padre: «la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio».

Finalmente, el prelado ha asegurado que la vida nueva supone dar muerte al hombre viejo y no es necesario inventar una nueva forma de vivir porque ésta ya existe. Es esa en la que la se pone al hombre en el centro como imagen inviolable del Dios Creador, esa que nos catapulta al cielo, abierto hoy por la Resurrección de Cristo. «Por eso cantamos Aleluya, porque Dios ha actuado en este día resucitando a su HIjo y ofreciéndonos una vida nueva que colma las aspiraciones del corazón humano», ha concluído don César.

La Eucaristía ha concluido con la Bendición Urbi et Orbi con indulgencia plenaria en nombre del Santo Padre (quien la ha otorgado hoy desde Roma). Rogad a Dios por el Papa, por nuestro Obispo y por la Santa Madre Iglesia.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! 

090420094650 PHOTO 2020 04 07 11 20 55

Cáritas Diocesana de Segovia no es ajena a esta nueva realidad y, por supuesto, sigue estando al lado de aquellos que lo están pasando mal dando respuesta a las demandas que llegan a través de los teléfonos 921 461 188 / 921 462 820 y 606 369 203, además de los correos electrónicos de todos los técnicos.

Desde que comenzó esta situación, ha llegado a Cáritas Segovia más de 200 solictudes respondiendo a todas ellas con ayudas directas, derivaciones, escucha, orientación, etc. Se mantiene, además, la coordinación continuada con todas las entidades sociales de Segovia que, al igual que Cáritas, siguen al pie del cañón ofreciendo sus recursos y ayuda.

El equipo de Cáritas Segovia está gestionando ayudas de alimentos en especie, en algunos casos llevándolo al domicilio cuando las personas se encuentran sin poder salir de su casa, también está gestionando ayudas económicas para cubrir otros gastos como el de alimentación, medicinas y otras necesidades solicitadas por familias provenientes tanto de la capital como de la provincia.


Cada GESTO cuenta. GESTOS de Solidaridad. Cáritas Diocesana de Segovia.
DONA en nuestro número de cuenta ES9020387627826000135015
DONA en nuestros teléfonos 921462820 - 921461188
(Concepto Campaña COVID 19)

IMG 20200403 WA0006

Para poder vivir la Pascua de este año de una manera activa y como ayuda de parroquias y comunidades, durante estos días, iremos compartiendo en la página web de la Diócesis unos materiales elaborados por las Delegaciones de Liturgia de las Diócesis de Astorga, Ávila, Burgos, Ciudad Rodrigo, León, Osma-Soria, Oviedo, Palencia, Salamanca, Santander, Segovia, Valladolid y Zamora… especialmente concebido para estos momentos y para vivirlo en familia.

Este material es un subsidio complementario de las celebraciones en directo, o cuando éstas no se pueden tener.

Desde las Delegaciones de Liturgia, antes de empezar aconsejan seguir estos sencillos pasos:

  • Buscar el momento adecuado (el Domingo de Ramos y Domingo de Pascua puede ser a mediodía, Jueves Santo y Sábado Santo por la tarde-noche previo a la cena y el Viernes Santo por la tarde.
  • Preparar un portátil, ordenador o smart tv para visionar el video del comienzo.
  • Ambientar el lugar (una vela encendida, una biblia abierta, un crucifijo o una imagen del Señor Jesús, un símbolo que haga referencia a la celebración del día tal como indicamos al comienzo de cada celebración).
  • Reunir a la familia, a quienes estáis en el mismo domicilio en la cuarentena en el salón u otro espacio de encuentro, que sea cómodo para orar (para el Domingo de Ramos, Viernes Santo y Domingo de Pascua).
  • El lugar adecuado para el Jueves Santo y el Sábado Santo será la mesa del lugar donde se come en ocasiones especiales.

El esquema de cada día es el siguiente:

  • Introducción (palabras de un adulto y visionado de un video)
  • Oración del padre o madre de familia
  • Lectura del Evangelio (con varios de la familia)
  • Oración de los fieles
  • Padrenuestro
  • Comunión espiritual
  • Oración final
  • Oración a María por el final de esta pandemia.


DESCARGAR MATERIALES: SEMANA SANTA EN FAMILIA

Domingo de Ramos

Jueves Santo

Viernes Santo

Vigilia Pascual. Sábado Santo

Domingo de Pascua

PAPA SÁBANA SANTA

 

«Deseo expresarle mi más sincero agradecimiento por este gesto, que responde a la petición del pueblo fiel de Dios, duramente probado por la pandemia del coronavirus», estas son las palabras que ha trasladado el Papa Francisco en una carta dirigida a Monseñor Cesare Nosiglia, Arzobispo de Turín y Obispo de Susa, Italia, quien ha presidido esta tarde una celebración en la capilla que custodia la Sábana Santa, que, de forma extraordinaria, será visible para todos los que participan en la oración a través de los medios de comunicación este Sábado Santo, 11 de abril de 2020.

El Hombre de la Sábana Santa, el Siervo del Señor

Ante la ostensión extraordinaria de la Sábana Santa, el Santo Padre se une a la oración del Arzobispo de Turín, dirigiendo su mirada al Hombre de la Sábana Santa en quien reconocemos los rasgos del Siervo del Señor, que Jesús realizó en su Pasión. Y citando al profeta Isaías (53,3.4-5), el Papa Francisco señala que, Cristo “soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido curados”. Por ello, “en el rostro del Hombre de la Sábana Santa – precisa el Pontífice – vemos también los rostros de muchos hermanos y hermanas enfermos, especialmente los más solos y menos cuidados; pero también de todas las víctimas de las guerras y la violencia, de la esclavitud y la persecución”.

El Padre siempre escucha a sus hijos y los salva

En este sentido, como cristianos, y a la luz de las Escrituras, afirma el Papa Francisco, contemplamos en esta tela el icono del Señor Jesús crucificado, muerto y resucitado. “A Él nos confiamos, en Él confiamos. Jesús – indica el Pontífice – nos da la fuerza para afrontar cada prueba con fe, con esperanza y con amor, con la certeza de que el Padre siempre escucha a sus hijos que claman a Él, y los salva”. Por ello, a todos los que participaran a través de los medios de comunicación en la oración ante la Sábana Santa, el Santo Padre los invita a vivirlo en íntima unión con la Pasión de Cristo, para experimentar la gracia y la alegría de su Resurrección. Antes de concluir su Misiva, el Papa Francisco imparte su bendición a Monseñor Nosiglia, a la Iglesia de Turín y a todos los fieles, especialmente a los enfermos y a los que sufren y a cuántos los cuidan. Que el Señor dé paz y misericordia a todos. ¡Feliz Pascua!

 

*Fuente: Vatican News

© 2018. Diócesis de Segovia