71407cuellar edades del hombre reconciliare

 

 

Majestad, sed bienvenida.

Vuestra presencia nos honra y nos alegra, conocedores como somos de vuestro interés por el Arte y de vuestra estima por las exposiciones de las Edades del Hombre. Señora, en nombre de la diócesis de Segovia y de todos los presentes os agradezco vuestra presencia.

Saludo cordialmente a los Excmos. Srs. y Sras, Presidente de la Junta de Castilla, Presidenta de las Cortes, Delegada del Gobierno, Alcalde de Cuéllar y al resto de las autoridades civiles, militares y académicas.

A mis hermanos obispos, al Emmo. Sr. Cardenal presidente de la CEE y Arzobispo metropolitano de Valladolid, Mons. Ricardo Blázquez; al Presidente de la Fundación de las Edades del Hombres, Excmo. Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila, y al resto de los Obispos miembros del patronato de la Fundación que nos acompañan.

Agradezco la presencia del Subsecretario del Pontificio Consejo de la Cultura, en representación de su Presidente, el Emmo. Sr. Cardenal Ravasi, quien ha tenido la deferencia de patrocinar esta edición de las Edades del Hombre.

Una edición de las Edades del hombre es fruto de muchos esfuerzos y generosas colaboraciones, que bien conocen el Secretario general y el equipo de la Fundación, así como su Comisario, Don Miguel Ángel Barbado, a quienes agradecemos su trabajo.

Es fruto de la comunión entre las diócesis, las que forman parte del Patronato, que han aportado obras extraordinarias, y otras más que se han sumado a embellecer con piezas maestras esta hermosa muestra en la noble villa de Cuéllar, denominada «capital del mundo mudéjar», e «isla mudéjar en mar de pinares». Quiero agradecer, como obispo de Segovia, y segoviano de oficio, aunque no de nacimiento, las ayudas y patrocinios de La Junta de Castilla y León, compañera de viaje a través de las Edades del hombre, viaje que nos lleva a las raíces espirituales de nuestro pueblo, que ya desde el primer latido de expansión del cristianismo, recibió el evangelio, cuya fuerza fecundó nuestras tierras. El arte cristiano no es sólo exponente del espíritu humano, transido por la belleza trascendente de Dios, sino exponente inequívoco de la pasión por ofrecer al mundo la única belleza que nos salva, según Dostoiewski, la belleza de Cristo, el más hermoso de los hijos de los hombres. Contribuir a exponer este arte para que transfigure a sus visitantes es muy de agradecer especialmente en esta sociedad en que lo cristiano no goza de la estima que merece y que llevó a los más grandes artistas de nuestra historia a crear un patrimonio que enriquece a toda la humanidad. Es de agradecer a entidades como Bankia, MOLEIRO, CONSEJO REGULADOR –denominación de Origen- RIBERA DEL DUERO, ARTISPLENDORES, GRUPO SIRO, ONCE Y RENFE, la sensibilidad para apostar por el arte, que es como apostar por el perfeccionamiento del hombre y la reconciliación de la humanidad con el misterio que la religa con Dios, y que permite al hombre atravesar las «edades» del mundo dejando la huella de lo divino.

Reconciliación es precisamente el lema de esta edición, palabra que evoca una necesidad urgente en nuestra época lacerada por divisiones, guerras, odios fratricidas y la terrible lacra del terrorismo que el Papa Francisco ha denominado como una guerra mundial a pedazos. El arte, como tarea espiritual, es medio de reconciliación entre culturas, pueblos e individuos, y medio de elevación hacia la cumbre de lo humano. Por eso, se destruye el arte cuando se busca esclavizar al hombre y borrar las creaciones de su espíritu. Decía Kandisky que «los períodos en que el arte no tiene representación de altura, en que falta el pan transfigurado, son períodos de decadencia en el mundo espiritual».

Con su mano tendida al hombre, Cristo le ha reconciliado con Dios y, al mismo tiempo, consigo mismo y con los demás. Reconciliar o establecer la paz son verbos sinónimos que describen en la Biblia la acción de Dios y de Cristo. La exposición de Cuéllar toca, pues, el núcleo más potente del cristianismo, que no tiene parangón en ninguna otra religión. Las obras de arte de esta exposición se explican desde el anhelo que el hombre tiene de ser reconciliado y de reconciliar, es decir, de ofrecer esperanza al hombre asediado por una cultura de muerte, cuyos efectos devastadores pueden hacernos creer que el hombre no tiene remedio ni salvación. No es así. Dios no teme «que se sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas de tus noches» (Dámaso Alonso). No teme a la muerte por insistente y amenazadora que se nos muestre, porque ha venido a tender la mano al hombre, lo ha agarrado fuertemente y nada ni nadie le soltará de su mano. Basta con que se deje reconciliar. Por todo ello, Majestad, Sras. y Srs. auguro mucho éxito a esta nueva edición de las Edades del Hombre. Muchas gracias. 

Discurso proclamado por nuestro obispo D. César Franco el día 24 de abril de 2017 con motivo de la inauguración de las Edades del Hombre.

 

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