JueMay11

V Domingo Tiempo Pascual (A): El camino hacia Dios

            En el discurso de despedida que Jesús dirige a sus apóstoles en la última cena, narrado en el cuarto evangelio, Tomás y Felipe le interrumpen para pedirle aclaraciones de lo que dice. Como en otras ocasiones, las palabras de Jesús les resultan enigmáticas, dada la idea que se habían hecho de la misión de Cristo.

            Jesús les anuncia su muerte mediante la imagen de su vuelta al Padre, y afirma que va a prepararles una morada para que estén siempre con él, concluyendo con esta afirmación: «adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le replica: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». A pesar de que Jesús había dicho que se iba al Padre, Tomás, el apóstol pragmático que necesita ver y tocar, no entiende el significado de estas palabras y pregunta por el lugar al que va Jesús y por el camino.  Jesús aclara sus dudas con su famoso dicho: «Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre, sino por mí».

            A continuación, Jesús habla del Padre, y Felipe, curioso por conocer ya al Padre, le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Con cierto reproche, Jesús le dice: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre?».

            No sé si, después de veinte siglos, estas aclaraciones de Jesús son comprendidas por los que le seguimos. Las dos cuestiones que Tomás y Felipe plantean a Jesús siguen teniendo enorme actualidad. ¿Cuál es el camino para llegar a Dios? ¿Cómo podemos verlo? Llegar a Dios y verlo cara a cara es la aspiración más profunda del corazón humano, incluso de aquel que no se formula estas preguntas de modo explícito. ¿Quién no se tambalea ante la muerte propia o la de un ser amado? ¿Quién no se pregunta, cuando está solo, sobre el más allá? Y quienes tenemos el don de la fe, ¿no desearíamos saber cómo es Dios y vislumbrar, aunque fuera un instante, el perfil de su rostro, la luz de su eternidad? Todos tenemos algo de Felipe y Tomás en nosotros, es fácil simpatizar con sus preguntas, que no son tan torpes como parecen.

            Si el hombre no buscara el camino hacia Dios, no existirían las religiones. Hasta el hombre primitivo hizo sus tanteos en busca del camino hacia Dios. También el hombre moderno, a pesar de sus rechazos a las religiones existentes, experimenta el tirón de Dios y lo expresa en diversas formas de buscarlo. El sociólogo de la religión, P. Berger, escribía en 1999: «El mundo actual… es furiosamente religioso como era antes, y en algunos lugares, incluso más que anteriormente. Esto significa que la totalidad de la literatura de los historiadores y sociólogos sobre la “teoría de la secularización” es esencialmente errónea».

            Jesús se presenta como el camino hacia el Padre. Y la razón que da es muy poderosa: Él y el Padre son uno. Quien le ve a él, ve al Padre. Estas palabras nos ayudan a entender que el cristianismo no es una religión más, un sistema de signos y símbolos, que nos conducen a Dios. El cristianismo es, sobre todo, una revelación. Dios se nos ha manifestado en Cristo. No es el hombre quien ha salido al encuentro de Dios y ha descubierto el modo de llegar a él. Es Dios quien ha salido al encuentro del hombre y le ha enviado a su Hijo para que, viviendo en él, no equivoque el camino de su búsqueda insaciable de Dios. Se comprende, entonces, el reproche de Jesús a Felipe: tanto tiempo entre vosotros y aún no me conocéis. Quien ha visto a Cristo ha visto al Padre. Y los apóstoles vieron a Cristo, antes y después de resucitar de entre los muertos. Este es el testimonio gozoso de la Pascua, el que dan aquellos que, con sus preguntas, hicieron que Cristo respondiera a las nuestras.

+ César Franco

Obispo de Segovia

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