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Viernes, 01 Julio 2022 08:11

«El pueblo sencillo y fiel» XIV Domingo de Tiempo Ordinario

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Después de aplazar en tres ocasiones a causa de la pandemia la Visita Pastoral a los arciprestazgos de Fuentepelayo y Coca-Santa María, hemos podido realizarla durante este curso pastoral. El Obispo, como pastor de la Diócesis, debe visitar sus comunidades para confirmarlas en la fe y alentarlas en su camino hacia el Padre. Es una ocasión óptima para conocer de cerca al pueblo cristiano. A su vez, las comunidades confirman al obispo en su ministerio, pues, como dice una oración de la liturgia, el progreso de los fieles es la alegría del pastor. He de decir que, en general, me he sentido acogido y edificado por el pueblo fiel y sencillo que conforma la vida de las parroquias a pesar del secularismo y la increencia actual. Doy gracias a Dios que me ha permitido constatar que la fe está viva, aunque los creyentes disminuyan.

            En algunos pueblos, la gente se ha sorprendido de que el Obispo les visitara siendo tan pocos. O que me acercara a confirmar a dos o tres adolescentes. Siempre digo que si esos pocos, o dos o tres adolescentes, son dignos de ser visitados y confirmados es porque Cristo ha dado la vida por ellos y tienen el valor de su sangre. La Iglesia se construye siempre con la fidelidad y el amor. El pueblo cristiano disminuye en número. Es verdad. Este hecho, sin embargo, no significa que disminuya en calidad e intensidad. Admiro a los mayores, algunos casi centenarios, que participan de la Eucaristía con admirable fidelidad; y me impresionan las lágrimas de quienes, por estar enfermos o impedidos, no pueden participar en la Eucaristía presencialmente, como he comprobado en la visita a sus domicilios. En alguna parroquia he quedado impactado por el cuidado de la liturgia, hecho con esmero y auténtica piedad. No todas las parroquias tienen coros, pero no han faltado los cantos para vivir la liturgia como auténtica fiesta.

            En las asambleas que he celebrado, se me ha interpelado sobre el futuro de las comunidades y del patrimonio de la Iglesia. Saben que hay escasez de vocaciones, carencia de sacerdotes, y también de recursos económicos para mantener tantos templos. Ante esta perspectiva de futuro nada esperanzadora, siempre respondo que la fe pervivirá en la medida en que los cristianos comprendan que es su mejor tesoro. Allí donde hay un cristiano de verdad subsiste la Iglesia de Cristo. Y esa presencia de Cristo vivo en los creyentes disipa cualquier duda sobre le pervivencia de la fe, como sabemos por la historia de la Iglesia. Hace poco tiempo el Papa Francisco, citando a Benedicto XVI, decía que el cristianismo del futuro será, al menos en Europa, más minoritario. Esas minorías, sin embargo, si viven intensamente la fe, serán esperanza de futuro y, bajo el poder del Espíritu, se convertirán en el nuevo «resto de Israel», o, como dice Jesús en el «pequeño rebaño» llamado a renovar el mundo.

            Como Obispo de Segovia, quiero dar gracias a Dios por todas y cada de las comunidades que he tenido el honor de visitar y conocer más profundamente. Son el pueblo fiel, libre de ideologías y planteamientos sofisticados, que viven su adhesión a Cristo y su pertenencia a la Iglesia con la clara conciencia de que Dios los ama y nunca los abandona a pesar de las dificultades. Doy gracias a Dios por todos los que aportan lo mejor de sí mismos a sus parroquias y las edifican con el testimonio diario de su entrega. No todo es perfecto, ciertamente. Dios cuenta con nuestra fragilidad y pecado. Pero no hay nada más hermoso que ver a un pueblo cristiano confiado en la presencia del Espíritu. Un pueblo que sabe trasformar su pobreza en riqueza para otros; su fragilidad en fortaleza; su pequeñez, en confianza en Dios.

FIRMA DIGITAL OBISPO recortada

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