Viernes, 08 Noviembre 2019 10:46

«Sin ti, no hay presente. Contigo, hay futuro»

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La jornada de la Iglesia diocesana nos recuerda cada año que la Iglesia es una gran familia en la que cada cristiano expresa su pertenencia a la comunidad instituida por Cristo. Cada bautizado es un don para toda la Iglesia en la medida en que toma conciencia de que, por muchos que seamos, cada uno aporta la riqueza de su individualidad y los dones que ha recibido de Dios.
Ese es el sentido de la idea que se quiere transmitir en la jornada de este año: «Sin ti, no hay presente. Contigo hay futuro». En la vida social y política de los pueblos, la importancia de cada persona se pone de relieve cuando llegan las jornadas electorales que determinan el futuro de la sociedad. Por eso, los líderes políticos buscan el voto en las grandes ciudades y en los pueblos más perdidos de la geografía. La Iglesia no es una comunidad política. Su fuerza no reside en el número de los que la constituyen como familia o pueblo de Dios. El valor de cada individuo reside en que es un miembro del Cuerpo de Cristo, que siente la responsabilidad del testimonio público en la sociedad. Por eso, el presente de la Iglesia implica a cada bautizado sin excepción. Y el futuro de la Iglesia nos permite acrecentar la esperanza en la medida en que cada cristiano asume su pertenencia a la Iglesia entregándose a sí mismo como hizo Cristo.
La Iglesia, como familia de Dios, es una hermosa comunión de bienes espirituales y materiales. Todos aportamos lo propio y acogemos los talentos de los demás. Esta comunión es una característica esencial de la Iglesia, como sabemos por el libro de los Hechos de los apóstoles. Los cristianos participaban de un patrimonio común que hacía posible el desarrollo de las grandes acciones de la Iglesia: evangelización, culto y caridad. Lo espiritual —en una visión cristiana del hombre— no puede separarse de lo material. En esta jornada la Iglesia diocesana hace pública su actividad y cómo distribuye la aportación de los fieles. Así aparecen claramente los dos aspectos de la Iglesia: dar y recibir. El pueblo cristiano, que construyó sus templos y catedrales, es el mismo pueblo que evangeliza y atiende las necesidades de los más pobres. Culto y dinamismo social están íntimamente unidos, porque, en la medida en que participamos de la liturgia de Cristo, nos comprometemos más y mejor en la expresión visible de la caridad. Podemos decir incluso que, sin culto a Cristo en los sacramentos que él ha instituido, es imposible la verdadera caridad. Por eso, los grandes maestros de la fe han acentuado la íntima relación entre la acción sagrada de la liturgia y el testimonio de la caridad en sus diversas expresiones. Presente y futuro de la Iglesia van de la mano gracias a la entrega de Cristo por los hombres. Su entrega —actualizada en los sacramentos de la Iglesia— nos estimula a hacer nosotros lo mismo. Por ello, invito a cada cristiano a expresar en su vida la entrega radical de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida por los hombres.
Pido al Señor que la diócesis de Segovia y cada cristiano de la misma sea un signo de la entrega de Cristo. De esta manera serán muchos los que quieran formar parte de la familia de los hijos de Dios.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia.

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