Sábado, 06 Febrero 2016 19:29

Pescador de hombres

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«Pescador de hombres»

            El evangelio de este domingo presenta la vocación de Pedro, a quien Jesús dice que será «pescador de hombres». Pedro se dedicaba a la pesca en el mar de Galilea con su hermano Andrés y otros dos hermanos, Santiago y Juan. Jesús les cambia su destino, mediante el milagro de la pesca milagrosa, que provoca admiración y temor al mismo tiempo. Después de haber pasado la noche sin pescar nada, Jesús les ordena echar las redes y éstas se llenan milagrosamente de peces. Ante el asombro, Pedro cae rendido a los pies de Jesús y le dice: «Apártate de mi que soy un pecador». Esta es la experiencia de toda auténtica vocación. Jesús ahuyenta su temor y le dice que hará de él un pescador de hombres.

«Pescar» hombres es tarea ardua. En el interior del hombre existe un yo potente, autónomo, en ocasiones endiosado, que le cuesta reconocer que es un pecador necesitado de Cristo. Sin esta experiencia, es difícil que el hombre se deje «pescar» por Cristo. Que se lo digan a san Ignacio de Loyola, cuánto le costó la conversión de un joven altanero, seguro de sí, aplaudido por el mundo, que sería después un misionero sin igual, san Francisco Javier. Dicen que la obra más  grande de san Ignacio de Loyola no fue la creación de la Compañía de Jesús, sino la conversión de Francisco Javier. También a Pedro le costó dejarse atrapar por Cristo de verdad, hasta que tuvo que sufrir el examen del amor, después de haber negado a Cristo tres veces. Tres veces tuvo que confesar que amaba a Cristo a pesar de la triple negación.

El hombre se resiste a ser atrapado por Cristo, a entrar en la red de su seguimiento. Por eso el «pescador de hombres» no debe desanimarse jamás. Debe echar las redes, invitar, convencer, dialogar con los hombres para hacerles comprender que Cristo llama a su misma tarea. La beata Teresa de Calcuta comprendió que las palabras de Cristo en la cruz —«tengo sed»— la llamaban a tener sed de la salvación de los hombres, de los más pobres, y nadie puede dudar que ha sabido pescar a los hombres en las redes de la ternura, la misericordia, la compasión, el amor hasta dar la vida. Quien entiende esto, y se reconoce él mismo salvado por Cristo, no dudará en dedicar su vida a echar las redes en el nombre de Cristo. Es la tarea más hermosa que jamás pudo imaginarse.

+ César Franco

Obispo de Segovia.

Visto 869 veces Modificado por última vez en Lunes, 09 Mayo 2016 20:01
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