Secretariado de Medios

Secretariado de Medios

Queridos diocesanos:

El domingo de la Santísima Trinidad celebramos la Jornada mundial Pro orantibus, es decir, por los que dedican su vida en los monasterios de vida contemplativa a orar por la Iglesia y la humanidad. Son hombres y mujeres que han hecho de su vida una permanente ofrenda a Dios, una alabanza continua a su gloria y una intercesión por las necesidades espirituales y materiales de los hombres. Permanecen muchas veces en el olvido, no digo ya del mundo, sino incluso de cristianos que desconocen este modo de vivir en la Iglesia o no lo valoran como conviene. 

El hecho de que se celebre esta Jornada el día de la Santísima Trinidad es todo un signo. Dios es el fundamento de todo lo que existe. El Dios revelado en Cristo es, además, un Dios amor y comunión. Son tres personas que se aman en una unidad indestructible a imagen de la cual hemos sido creados. Este Dios inefable y cercano, trascendente y encarnado en el Hijo, todopoderoso y anonadado en la cruz, Juez universal y humilde samaritano, es el que atrae hacia así a todo el universo y a la humanidad. Porque Dios es el inicio y la meta de todo. Muchos hombres no lo saben, andan a la deriva, vagan como ciegos y colman sus deseos en lo perecedero que nunca sacia. Quienes viven la vocación contemplativa son atraídos por Dios para vivir en él en plena adoración mezclada de trabajo y liturgia, de convivencia fraterna y de silencio, y dominados, sobre todo, por una compasión por el hombre que, sin que nos demos cuenta, es el ungüento con que Dios cicatriza nuestras heridas, sana nuestras torturas y nos levanta de nuestras frustraciones. Son los hombres y mujeres que, ahondándose en Dios, alientan al caído con la esperanza de encontrar un día la felicidad que busca sin conocer la fuente.

Segovia cuenta con quince comunidades contemplativas de distintos carismas que dan vida a la Iglesia desgastándose como los cirios que se consumen lentamente en presencia del Altísimo. Jerónimos, concepcionistas franciscanas, agustinas, carmelitas descalzas, cistercienses, franciscanas clarisas, dominicas, franciscanas de la tercera orden regular. ¡Nunca agradeceremos los dones que nos llegan de su entrega! Como ocurre en otros órdenes de la vida, entendemos más el hacer que el dejarse hacer, y la contemplación es sobre todo dejarse hacer (naturalmente, por Dios).

Decía santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia: «Dios mío, en el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado». He aquí el secreto de la vocación contemplativa: ser el amor en el corazón de la Iglesia. Por eso, María es el lugar donde se vive contemplativamente, pues ha tenido en su seno —en todo su ser— habitando el amor; y porque ella misma ha querido habitar en él virginalmente, entregándose sin reservas a la voluntad de Dios. Ella enseña a guardar los misterios de Dios en el corazón y a meditarlos sin descanso; ella es maestra del silencio y del trabajo callado y humilde; ella educa en el perdón y la misericordia como hizo al pie de la cruz; ella es trono de compasión cuando recibe el cuerpo muerto de Jesús en su seno de madre; ella recibe el Espíritu con humildad de sierva y fortaleza de madre; ella acoge a los predicadores del evangelio y los conforta en sus trabajos; ella se ofrece a Dios, junto a su Hijo, para que la salvación llegue al último rincón de la tierra. Sólo con María podemos estar en el corazón de la Iglesia y orar sin desfallecer como hacen nuestras hermanas y hermanos de la vida contemplativa. ¡Demos gracias a Dios por sus carismas que nos hacen ser ricos en toda clase de bienes!

 

+ César Franco
Obispo de Segovia.

Domingo, 31 Mayo 2020 08:06

REVISTA DIOCESANA JUNIO 2020

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La fiesta de Pentecostés era la segunda fiesta de peregrinación del pueblo judío. Se la denominaba «la fiesta de las semanas», porque se celebraba siete semanas después de la Pascua. Se llevaba como ofrenda dos panes fermentados y ramos de espigas, frutos de la cosecha, en recuerdo de sus orígenes como fiesta de la siega.

La venida del Espíritu tiene mucho de Pascua y de cosecha. De Pascua, porque el Espíritu nos viene de Cristo muerto y resucitado. Cuando Jesús muere, Marcos dice escuetamente que «expiró»; Juan matiza: «entregó el espíritu». El agua que brota del costado abierto de Cristo es el símbolo del Espíritu, el agua viva que promete a la samaritana, y que podrán beber todos los que tengan sed y deseen creer en él. Cuando Jesús resucitado se aparece a los apóstoles —como dice hoy el evangelio— les muestra las llagas de su pasión y les otorga la paz. Después realiza un gesto que recuerda lo que hizo Dios en la creación: sopló sobre ellos —Dios sopló sobre el barro de Adán— y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Sin el perdón de los pecados es imposible la paz. Por eso, Jesús, inicia la nueva creación con su muerte y resurrección y con el don del Espíritu Santo. Esta es la cosecha de la Pascua, la gracia del perdón.

Esta acción de Jesús en el cenáculo con los apóstoles se hace visible a todos los pueblos en Pentecostés. La presencia del Espíritu se manifiesta con fuerza en el viento impetuoso que llena la casa donde estaban y en las llamaradas de fuego que se repartían, en forma de lenguas, sobre sus cabezas. El viento y el fuego son figura del Espíritu. Viento y espíritu se dicen con la misma palabra hebrea. En cuanto al fuego, baste recordar lo que dice Juan Bautista de Jesús: «Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego» (Mt 3,11). Esto sucede en Pentecostés. Jesús consuma su tarea bautizando, desde el Padre, a quienes son llamados a expandir su fuego por toda la tierra para que arda en el amor de Dios; los llamados a comunicar en todas las lenguas el Evangelio de la gracia; los enviados a transmitir, gracias al Soplo de Cristo, el perdón que reconcilia y une a todos los hombres en una humanidad recreada. Pentecostés, como bien se ha dicho, es el acontecimiento definitivo de la gracia. Si en la cruz Jesús entrega su espíritu, y en la Pascua insufla aliento de vida en los apóstoles, en Pentecostés congrega a todas las naciones para que participen en los frutos de su entrega al Padre y a los hombres.

Es hermoso imaginar que todos los pueblos conocidos entonces se dan cita en Jerusalén, lugar de la universalidad, donde nace la «Católica», la que no deja a nadie fuera de su salvación. En Pentecostés el pueblo judío venía a Jerusalén peregrinando. Ahora vienen todos los pueblos que representan el mundo conocido, escuchan todos las maravillas de Dios en su propia lengua, y se convierten en una humanidad unida sin perder sus diferencias. Pentecostés es el contra-Babel. Lo opuesto a la confusión y disgregación que produce el pecado del hombre. Es la unidad consumada por el Espíritu que hace de quienes lo reciben o beben de él, como agua viva, un solo cuerpo de Cristo donde no existen divisiones. Por eso los pecados contra la unidad de la Iglesia, las divisiones y cismas, son pecados contra el Espíritu de la unidad que nos permite aportar cada uno nuestro propio don o carisma al conjunto del Cuerpo de Cristo. Dicho de otra manera: El Espíritu es el amor de Dios derramado en nuestros corazones para que la Iglesia sea como un sacramento de unidad entre Dios y los hombres.

 + César Franco

Obispo de Segovia

Sábado, 23 Mayo 2020 08:46

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Sábado, 23 Mayo 2020 08:45

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Sábado, 23 Mayo 2020 08:24

YO ME APUNTO A RELIGIÓN, ¿Y TÚ?

clase religión

Cada año, en el periodo previo a la matriculación para el próximo curso escolar -que este año se realizará de forma virtual-, la Delegación de Enseñanza de la Diócesis, pone en marcha la campaña a favor de la enseñanza religiosa y la elección de la asignatura de Religión como parte del currículo académico. Cabe destacar que, a través de esta campaña de matriculación a favor de la Religión Católica, se recuerda:

  • La enseñanza religiosa es un derecho de los padres respecto de la educación de sus hijos. Derecho que está amparado por la Constitución española en su artículo 27 y que recoge que los progenitores pueden escoger para sus hijos la educación que se adecúe a sus creencias y convicciones
  • La asignatura de Religión no es catequesis. Los profesores que imparten esta materia facilitan a sus alumnos el conocimiento de las raíces cristianas de la sociedad y les ayudan a responder a las cuestiones del corazón humano. Asimismo, son un vehículo para entender y conocer la cultura y sus obras artísticas, literarias, musicales y caritativo-sociales

Ahora, más que nunca, es importante recordar estos aspectos a las familias católicas y a aquellas que quieran educar a sus hijos de forma integral. La proximidad de la nueva ley educativa, arrincona académicamente a la asignatura de Religión y pone en juego la libertad de educación. Además, supone un obstáculo en el camino hacia un pacto educativo a nivel global, como ha propuesto el Papa Francisco. 

Ante estas circunstancias, el Obispo de Segovia, Mons. César Franco, ha escrito una carta dirigida a los padres y madres de los escolares segovianos. En ella, anima a la matriculación en esta asignatura de Religión como un camino hacia el conocimiento y el entendimiento del mundo que nos rodea desde la perspectiva de la fe, con el fundamento en Cristo y su Evangelio.

 

LEA Y DESCARGUE AQUÍ LA CARTA COMPLETA DEL OBISPO DE LA DIÓCESIS

 

 

 

Cartel Jornada Com Sociales 2020

Hace ya más de medio siglo (desde 1967) que la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en estas fechas de final de primavera, haciéndola coincidir expresamente con la solemnidad de la Ascensión, recordando así el mandato de Jesús a los discípulos antes de entregar la labor que Él había empezado en sus manos: “Id y proclamad al Evangelio a toda la creación, hasta el confín de la Tierra”. Un mensaje de esperanza global, como diríamos ahora. La misión de la Iglesia no es otra que anunciar la Buena Noticia al mundo, La misión de la Iglesia es la comunicación.

En este año que tantas vidas y proyectos ha torcido, el Papa nos propone en esta jornada “respirar la verdad de las buenas historias” y crear, en medio de la confusión y noticias falsas que nos envuelven, narraciones humanas que sepan mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura. Hay que tejer historias buenas, bellas y verdaderas.

Como es costumbre, el mensaje de la jornada fue publicado en enero, antes de que nadie fuera capaz de anticipar las consecuencias de la pandemia que nos ha venido encima y que aún hoy nos tiene aturdidos. Hablaba el Santo Padre, proféticamente, de “héroes, también actuales, que se enfrentan a situaciones difíciles y luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor”.

Estamos viviendo momentos en los que valoramos más que nunca los gestos y las acciones, las historias tejidas entre todos que comunican mucho más que las palabras. No hay más que ver la emoción que nos sigue provocando la entrega, impagable, de todos los profesionales y trabajadores sanitarios en esta época de angustia.

Junto con el resto de la sociedad civil, la Iglesia ha estado y está ahí en esta crisis.  Muchas de esas historias de vida entregada las están protagonizando los voluntarios de Cáritas en medio del agobio y la incertidumbre, las congregaciones religiosas que se han aplicado a la fabricación de equipos de protección en su confinamiento, los sacerdotes que  han celebrado la Eucaristía o han comentado las lecturas del día por redes sociales y todos los laicos de a pie que están cuidando a sus familias de la mejor manera que pueden.

Estamos viviendo momentos muy recios pero, como dice el Santo Padre, hay historias que transforman la vida. Hay historias que huelen a Evangelio. La Iglesia siempre está ahí, comunicando lo mejor de sí misma y ofreciendo sinceramente una Palabra de esperanza y trascendencia en medio del mundo.

cifras economía iglesia segovia

En un momento como el actual, la Iglesia Católica desea rendir cuentas a la sociedad en cumplimiento de lo previsto en los Acuerdos, en un ejercicio de transparencia y responsabilidad que busca manifestar la gratitud a todos los que, con su colaboración, permiten que la Iglesia siga cumpliendo con su labor.

En general, la Iglesia rinde cuentas en dos sentidos. En primer lugar, qué recursos recibe y dispone para cumplir su labor. Y en segundo, cómo emplea dichos recursos para sus fines propios: evangelizar, vivir la fe y darse a los demás.

Asignación tributaria

El informe general presentado por la Conferencia Episcopal Española hace referencia a la asignación tributaria correspondiente al año 2018, el reparto de los fondos recibidos en dicho ejercicio y la economía diocesana, a la cual nos referimos. Dicho informe, enmarca Segovia como una diócesis muy pequeña, lo que tiene sus consecuencias en la asignación y distribución de los recursos. Así, más de la mitad de los recursos de los que dispone la diócesis provienen del Fondo Común Interdiocesano, que se constituye con la aportación de la asignación tributaria, mientras que las aportaciones voluntarias de los fieles segovianos suponen un 15% de los recursos.

quesito economía

En cuanto a los datos de las aportaciones por medio de la “x” en la Declaración de la Renta, nuestra diócesis registró en 2018 un total de 32.911 declaraciones de IRPF, de las que el 42.02% contaban con asignación a la Iglesia, lo que se traduce en una aportación de 812.222€. En comparación con el ejercicio anterior del año 2017, tanto el número de declaraciones (-250) como el porcentaje de asignación (-1,40%) fue menor. No obstante, cabe destacar que en el importe diferencial registró un aumento en 43.583€.

Fondo Común Interdiocesano y otras ayudas

Por otro lado, encontramos la cantidad que, desde la Conferencia Episcopal se reparte cada ejercicio a las diócesis en función de diferentes criterios, lo que llamamos Fondo Común Interdiocesano. Así, en 2018, Segovia recibió 2.088.337,75€, lo que supone un aumento del 0.85% respecto al año anterior, cuando la diócesis recibió 2.070.781,68€.

Otra partida que emana de la Conferencia Episcopal, es la compensatoria por la pérdida de la exención de IVA, a partir de 2007, en la construcción de templos. La Conferencia Episcopal solicita a las diócesis la información de todos los proyectos de ejecución de obra correspondientes al ejercicio 2017 y la ayuda se entrega en 2018.  En caso de que se otorgue, se concede como ayuda el importe correspondiente al 50% del IVA de las nuevas construcciones iniciadas en el año y el 25% de las rehabilitaciones de templos.

En nuestra diócesis, se realizaron dos proyectos de nueva construcción en 2017 por un importe de 73.385,81€ (sin IVA) con un IVA de 15.411,02, por lo que la ayuda recibida en 2018 fue de 7.705,51. De otra parte, se ejecutaron un total de ocho rehabilitaciones por valor de 510.584,84€ (sin IVA) con un IVA de 107.216,24, ascendiendo la ayuda por este concepto a 28.804,06€. En total, la cantidad recibida en 2018 por proyectos de nueva construcción y rehabilitación fue de 34.509,57€.

Cabe también recordar que Cáritas es la Iglesia en su vertiente asistencial. En el caso de Segovia, Cáritas Diocesana recibió en 2018 una aportación total de 64.686€ para el desarrollo de sus diferentes programas de ayuda y asistencia a los más débiles.

En conclusión, el resultado de la liquidación de la asignación tributaria de 2018 fue positivo para la Iglesia española en su conjunto, con un aumento de 26.885 declaraciones con asignación y 17 millones más de euros que en el ejercicio anterior. Además, la mayoría de recursos que cada diócesis recibe se reparten con unos criterios basados en la solidaridad, la comunión de bienes y las necesidades de cada Iglesia local.

Desde la Diócesis de Segovia, agradecemos a todas las personas que confían en la labor de la Iglesia y colaboran con nosotros mediante su asignación tributaria. Porque juntos realizamos una inmensa labor social y espiritual, para ayudar a quienes más lo necesitan. Esperemos que, cada año, podamos ser más los que colaboremos de este modo para el sostenimiento de nuestra Iglesia, porque sumando “x” logramos un mundo mejor. La Diócesis de Segovia, siempre contigo: SOMOS IGLESIA, SOMOS FAMILIA.

Jesús no es un profeta más de los que, según la tradición bíblica, fueron llevados al cielo en un carro de fuego como Elías o Henoc, a quien Dios lo arrebató sin pasar por la muerte. El misterio de la Ascensión, que celebramos este domingo, no es un paralelo de estas elevaciones al cielo, sino que se sitúa en el nivel de la trascendencia divina. Quien sube a los cielos es el eterno Hijo de Dios que tomó nuestra carne en el seno de María y, resucitado de entre los muertos, alcanza el señorío sobre el cosmos, como dice Jesús en su despedida: «Se me ha dado todo poder en el cielo y sobre la tierra» (Mt 26,18).

Este poder, o autoridad, es simbolizado también en el gesto de sentarse a la derecha del Padre, indicando así que Jesús, también en cuanto hombre, goza de su misma dignidad. Cuando san Pablo reflexiona sobre este hecho en la carta a los Efesios, dice que Dios lo sentó a su derecha «por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos» (Ef 1,20-23). Quizás nos resulte extraña esta forma de hablar que recoge la imaginería cósmica de los espíritus angélicos sobre los cuales ha sido constituido Jesús con el título de Señor, que se otorgaba a Dios en el Antiguo Testamento.

Si leemos con atención este texto de Pablo observaremos que la Ascensión de Jesús no lo aísla ni de su comunidad, que es la Iglesia, ni de la creación entera. Por eso, se dice que Dios «todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo». Hay una lógica perfecta en este razonamiento. Se trata naturalmente de una lógica teológica, pues no estamos hablando con categorías sociológicas ni políticas, que podrían llevar a confusión sobre la misión de la Iglesia e incluso sobre la soberanía de Cristo. Según la teología cristiana, Dios ha creado el cosmos a través de su Palabra eterna —el Logos— que es el inicio y la meta de la creación, el alfa y la omega, como dice el Apocalipsis. Todo tiene, por tanto, su consistencia en Cristo y todo tiende hacia él, como explicó, siguiendo a san Pablo, Teilhard de Chardin y explican, con diferentes matices y perspectivas, otros teólogos contemporáneos.

Ahora bien, la Palabra eterna de Dios se ha hecho carne, de manera que, en su ascensión, lleva también esta carne —nuestra carne— a la intimidad misma de Dios, al seno trinitario. Dios es también hombre. Era, pues, preciso que la carne humana fuese glorificada con la misma dignidad y gloria divina. Por eso, puede «sentarse» a la derecha de Dios y recibir así la adoración de todo el universo y de la humanidad salvada por él, que es la Iglesia. Al decir Pablo que el Cristo glorioso es nuestra cabeza, afirma que está unido a nosotros —como la cabeza al cuerpo— con la misma carne y, por tanto, no se ha roto la comunión que estableció la encarnación, sino que, por el contrario, queda definitivamente unida por una gloria que también nos pertenece a nosotros y hacia la cual vamos peregrinando. En este sentido, la Iglesia está llena de Cristo —esto quiere decir la palabra griega pleroma que usa Pablo— y Cristo puede trasmitir a todos sus miembros la plenitud de vida que hay en él.

Visto así el proyecto de Dios sobre la creación y la humanidad sólo puede sobrecogernos por su belleza y santidad. La carne del hombre no puede aspirar a mayor cima y gloria. Aquí reside el fundamento de su dignidad y trascendencia. Nuestra carne está ya sentada junto a Dios rebosante de gloria. Esta es la meta hacia la que caminamos. No vamos a la deriva. Nuestra Cabeza ha llegado a término.

+ César A. Franco
Obispo de Segovia

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