Secretariado de Medios

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convenio diputación

 

El vicario general de la Diócesis de Segovia, D. Ángel Galindo García, y el presidente de la Diputación Provincial, Miguel Ángel de Vicente, han firmado un convenio de colaboración con el objetivo de conservar el patrimonio cultural de los pueblos de la provincia. En virtud de este acuerdo, ambas instituciones destinarán 300.000 euros, financiados a partes iguales, a la restauración, conservación y reparación de varios templos de la provincia.

Las actuaciones de conservación y reparación atenderán a criterios de gravedad, urgencia y necesidad de estas, teniendo también en cuenta las aportaciones económicas que pudieran realizar tanto las parroquias como los ayuntamientos de los municipios donde se vayan a acometer dichos trabajos.

Don Ángel Galindo ha mostrado su agradecimiento a la Diputación por esta colaboración, y manifiesta su satisfacción porque el convenio tiene «muchos efectos positivos en la conservación del patrimonio religioso de la provincia». Asimismo, ha destacado la importancia de «conservar y embellecer los templos» tanto para las localidades que albergan los templos, como para que «la gente que acuda a los pueblos pueda admirar la belleza de las iglesias».

Por su parte, el delegado diocesano de Patrimonio, D. Alberto Espinosa, ha asegurado que esta firma hace posible la alianza entre Obispado, Diputación, ayuntamientos y parroquias con el objetivo de «promover que los pueblos no se deshabiten fomentando sus raíces, porque de lo que más orgullosos están es de sus iglesias».

Miguel Ángel de Vicente ha valorado la renovación de este acuerdo porque «el eclesiástico es un patrimonio que está ahí, dando valor a nuestros pueblos, y sería una irresponsabilidad por nuestra parte dejarlo morir». En este sentido, De Vicente se ha congratulado de que «este año se haya podido aumentar la aportación con respecto al pasado ejercicio porque es una demanda que se nos traslada desde los pueblos».

EXPERIENCIA POSITIVA

Este acuerdo suscrito entre Obispado y Diputación pone de manifiesto la intención de seguir una línea de cooperación institucional, teniendo en cuenta la experiencia positiva de años anteriores en los que se suscribieron convenios similares entre ambas partes.

Con este convenio, y el aumento de 60.000 euros en la financiación respecto al suscrito el pasado año, se pone de relieve la preocupación de la Iglesia y la Administración por conservar esos templos que, aunque no estén catalogados oficialmente como monumentos, forman parte del patrimonio arquitectónico del medio rural.

Grado del Pico, Castroserna de Abajo, Aldehuela del Codonal, Fuenterebollo y Villoslada fueron las cinco localidades en cuyas iglesias parroquiales se llevaron a cabo labores de restauración y reparación en sus estructuras y cubiertas el año pasado.

 

La imagen del buen pastor, que da nombre al cuarto domingo de Pascua, comporta una idea fundamental para entender por qué Cristo se aplica a sí mismo este título tan entrañable: Yo soy el buen pastor que da la vida por sus ovejas. En contraste con los ladrones, salteadores y bandidos, Jesús no sólo cuida del rebaño, sino que, cuando llega el lobo, da la vida por el rebaño. Jesús insiste en que este gesto, el de amar y morir, nace de su soberana libertad. E insiste de forma inequívoca: «Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre» (Jn 10,18).

Llama la atención, frente a esta claridad evangélica, que algunos exegetas expliquen la muerte de Cristo como algo inesperado para él, de forma que no tuvo más remedio que aceptar el desenlace de la muerte. Es obvio que, en la muerte de Jesús, han intervenido factores religiosos y políticos que provocaron su muerte. Esto no quita para que previera su muerte y la asumiera con entera libertad. De esto se trata en la imagen del buen pastor, sobre la que un investigador de la talla de A. Wikenhauser dice: «Este rasgo de la figura del pastor no proviene ni del Antiguo Testamento ni de las fuentes extrabíblicas; ni aparece siquiera en los sinópticos. Su origen no tiene otra explicación que el hecho mismo de la entrega que Jesús hizo de su vida sobre la cruz». Jesús fue consciente de que su enseñanza y su actuación le conducirían a la muerte, que aceptó con absoluta libertad como encargo recibido del Padre. Por eso, en las plegarias eucarísticas se subraya, antes de la consagración, que su pasión fue «voluntariamente aceptada». Dicho con otras palabras: en su amor a los suyos hasta la muerte, Cristo ha mostrado su libertad de amar y de morir. Este dato es esencial para entender el dogma cristológico. Así lo confesó también ante el procurador Poncio Pilato cuando este le advierte que tiene autoridad para condenarlo. La réplica de Jesús es contundente: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto» (Jn 19,11).

Hay otra afirmación de Jesús que conviene comentar para entender su misión y la de la Iglesia. Es la siguiente: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor» (Jn 10,16). Muchos cristianos y no cristianos no entienden que la Iglesia deba llevar el Evangelio a todos los hombres. Consideran esta tarea como una especie de «colonización cristiana» de las diferentes culturas y pueblos. ¿No sería mejor —se preguntan— que los hombres siguieran sus propios caminos de salvación, que, en la providencia de Dios, pueden conducirle a él? Este planteamiento haría inútil, en primer lugar, la encarnación del Hijo de Dios, que ha venido precisamente a revelar el camino hacia el Padre. Aunque el hombre pueda salvarse por caminos que solo Dios conoce, éste ha querido revelarse en su Hijo para manifestar su amor a los hombres de una manera que ninguna mente humana hubiera sospechado. Por eso dice Jesús que el Padre le ha enviado a congregar a todos los hombres en un solo rebaño bajo un solo pastor. Por otra parte, el cristianismo se presenta como una oferta de libertad. La fe se propone, no se impone. Pero iría contra la universalidad de la fe y contra la fraternidad universal de los hombres privarles del conocimiento de lo acontecido en Cristo —la salvación eterna— y, en último término, dejaría a los hombres huérfanos del amor y de la compañía de quien nos ama hasta dar la vida por nosotros. Como decía san Juan Pablo II, Cristo es un derecho de los pueblos y de cada hombre.

+ César Franco
Obispo de Segovia.

Miércoles, 21 Abril 2021 07:24

ENERO A MARZO DE 2021

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El relato de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús es uno de los pasajes más conmovedores de los evangelios. Y también de las más actuales. Los peregrinos —representación del homo viator— somos los hombres en busca de certezas y calor de hogar. Los discípulos se alejan de Jerusalén porque consideran invento de mujeres el anuncio de la resurrección. Se alejan de la casa universal para ir a la propia. Caminan entristecidos. Conversan sobre lo sucedido utilizando, sin embargo, un lenguaje de creyentes. Pero su esperanza se ha desfondado.

La presencia de Jesús, que se une a ellos en el camino con total normalidad, no les alerta sobre su identidad. Jesús se interesa por la conversación que se traen y entra de lleno en el asunto, calificándoles de «necios y torpes». Ellos, que han definido a Jesús como «profeta poderoso en obras y palabras», reciben de Cristo el reproche de no creer en las profecías sobre su destino de muerte y gloria. Y, después de una catequesis que explica cómo se han cumplido en sí mismo, «simuló seguir adelante» cuando llegaron a su aldea. El fuego de su palabra había prendido en el corazón de los discípulos y no querían que se apagara. Le invitaron a quedarse con ellos porque caía la noche.
Casi como un relámpago, el gesto de la «fracción del pan» desveló la identidad de Jesús resucitado al tiempo que desaparecía de su presencia. Jesús estaba vivo. Y sacudidos por este descubrimiento, volvieron a la casa madre de Jerusalén, donde los Once también certificaron que Jesús había resucitado y se había aparecido a Simón Pedro. Si hubieran permanecido en Jerusalén, los de Emaús habrían evitado el viaje de ida y vuelta, pero no habrían sido testigos de la «fracción del pan» que les abrió los ojos.

¿Por qué este texto sigue siendo actual? Creo que muchos cristianos, si son sinceros, pueden reconocerse fácilmente en los de Emaús: peregrinan —es decir, viven (¿vivimos?)— con aire entristecido; creen, pero sin convicciones profundas que convierten la fe en un fuego ardiente; se descuelgan de la Iglesia católica para replegarse en el ámbito de su privacidad y de sus ideas personales sobre Cristo; participan en la Eucaristía, pero no descubren al Resucitado con toda su potencia. En resumen, viven entre la fe y la duda, entre la esperanza y el desaliento. Hace años, un profesor de Teología Pastoral de Viena, Paul Zulhener, sintetizaba la situación de la iglesia actual con esta radical paradoja: ateísmo eclesial. No olvidemos que san Juan Pablo II afirmaba que la Iglesia padecía en su interior una profunda crisis de fe. Como los de Emaús.

Jesús es un maestro excepcional para superar las crisis de fe. Aun sin ser reconocido, va siempre de camino con el hombre. Se interesa por él, por las cuestiones que le inquietan, por sus conversaciones, que en ocasiones son soliloquios internos. Y si encuentra un resquicio en el alma, se cuela por él para avivar la llama de la fe. Y lo hace con la única palabra capaz de generar luz y certeza: la Palabra de Dios que es, al mismo tiempo, palabra de profetas, y, por supuesto, palabra de Jesús. Cuando los corazones están al rojo vivo y arden de pasión por la verdad eterna, entonces se sienta a la mesa —lo hace cada domingo en una cita inaplazable— y parte para nosotros el pan. Por eso, algunas apariciones terminan en una comida que evoca la Eucaristía. Es en la Eucaristía donde la presencia de Cristo se convierte en el signo de que está vivo y convoca a la Iglesia a festejar su presencia hasta el fin del mundo. Esto ocurre cada domingo, como en los orígenes del cristianismo. ¿Qué nos pasa entonces para que parezcamos peregrinos sin meta y sin esperanza?

+ César Franco
Obispo de Segovia.

Martes, 13 Abril 2021 10:58

NOMBRAMIENTOS EN LA DIÓCESIS

nombramientos

 

Monseñor Cesar A. Franco Martínez, Obispo de Segovia, ha realizado en los últimos días una serie de nombramientos en la organización diocesana que ponemos en su conocimiento y son los siguientes:

 

CAPELLANÍAS 

• Rvdo. D. Edmond Ngwe, nuevo capellán del Hospital de la Misericordia-Recoletas y de las Misioneras Concepcionistas de la Enseñanza.
• Rvdo. D. Juan Antonio Muñoz Bullón, capellán adjunto de las Hermanitas de los Pobres.

 

ARCIPRESTAZGO COCA-SANTA MARÍA

• Rvdo. D. Slawomir Harasimowicz, nuevo arcipreste de Coca-Santamaría. Nuevo párroco de la UPA de Santa María la Real de Nieva, que incluye las localidades de Santa María la Real de Nieva, Tabladillo, Pascuales, Ortigosa del Pestaño, Pinilla Ambroz, Villoslada, Balisa, Ochando y Nieva. Nuevo párroco de Bernardos, Migueláñez, Miguel Ibáñez, Domingo García y Armuña. 

    *Rvdo. D. Jean Damascene Ndayisisenga, continúa siendo vicario parroquial de la Unidad Parroquial de Santa María la Real de Nieva (Santa María la Real de Nieva, Nieva, Ochando, Tabladillo, Pascuales, Ortigosa del Pestaño, Pinilla Ambroz, Villoslada y Balisa).

    *Rvdo. D. Deogratias Rulindamanywa, continúa siendo vicario parroquial de Bernardos, Migueláñez, Miguel Ibañez, Domingo Garcia Bernardos, Migueláñez, Miguel Ibañez, Domingo Garcia y Armuña.

 

carcel segovia

 

Con la finalidad de promover y facilitar las labores de ámbito social y cultural, el vicario general de la Diócesis de Segovia, D. Ángel Galindo, ha rubricado un convenio con el secretario general de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior, D. Ángel Luis Ortiz. En virtud de este, ambas instituciones se comprometen a colaborar en el cumplimiento de penas de trabajos en beneficio de la comunidad impuestas en la provincia de Segovia.

Comenzado su periodo de vigencia tras la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) con fecha 7 de abril, el Obispado se compromete a habilitar un número determinado de puestos laborales, y a impartir los conocimientos necesarios para cumplir con la actividad a desempeñar por los penados, así como a facilitar el material necesario para realizar la tarea encomendada.

El desempeño de estos trabajos no supondrá el recibo de remuneración alguna, ni tendrán impacto negativo en los puestos existentes y futuros del Obispado de Segovia, desde donde se realizará el seguimiento de los trabajos y se dará debida cuenta a Instituciones Penitenciarias.

Don Jesús Cano, capellán del Centro Penitenciario de Segovia, será el encargado de gestionar este proyecto por parte del Obispado, un plan abierto a toda la Diócesis. Por el momento, ya se han puesto al servicio del programa la biblioteca del Obispado y la Catedral, y se ha dado cuenta a los nueve arciprestazgos para que puedan establecer otras ofertas de espacios donde los penados puedan cumplir con los trabajos comunitarios.

Con este convenio la Diócesis de Segovia da muestra de su interés por la integración de las personas y pone de relieve su faceta más social dentro de su misión evangelizadora.

 

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D Cesar Fuencisla

 

Tras permanecer poco más de una semana ingresado, y superar el proceso febril por el que se requirió su hospitalización, Monseñor César Franco ha recibido el alta y ya se encuentra en Segovia.

El Obispo de la Diócesis retomará su agenda y su labor pastoral en los próximos días, agradeciendo a representantes institucionales, medios de comunicación, sacerdotes y feligreses la preocupación por su estado de salud y las oraciones por su recuperación.

Jueves, 08 Abril 2021 10:04

«La fe de Tomás» Domingo II de Pascua

El mismo día de la resurrección, al anochecer, Jesús se apareció a los apóstoles cuando estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Dice el Evangelio que Jesús se puso en medio de ellos, les saludó con la paz, les mostró las manos y el costado y, soplando sobre ellos, les concedió el Espíritu Santo con la potestad de perdonar los pecados. Los apóstoles —dice el evangelista— se llenaron de alegría al ver al Señor. Con estas breves indicaciones, se nos hace un perfecto resumen del significado de la resurrección. Jesús resucitado vuelve con los suyos —se pone en el centro—; se identifica como el Crucificado mostrando sus llagas; les otorga la paz, que no es un simple saludo, sino la plenitud de los bienes mesiánicos; sopla sobre ellos, como sopló Dios sobre el barro de Adán insuflando vida, para concederles la capacidad de perdonar pecados. La alegría es el signo de la salvación acontecida. Dios ha recreado el mundo. La resurrección es el gran acontecimiento de la salvación.

Ese día no estaba Tomás. Al contarle lo sucedido, Tomás se niega a creer. Exige verlo, meter el dedo en sus llagas y la mano en su costado. Jesús condesciende y, a los ocho días, se aparece de nuevo a los apóstoles, esta vez estando Tomás con ellos. Jesús se dirige a él con estas palabras: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Por una parte, Jesús permite a Tomás cumplir sus deseos (aunque el Evangelio no dice que lo hiciera); pero por otra, le dice las palabras más importantes de todo el pasaje: deja de ser incrédulo, empieza a creer. La fe de Tomás no es solo la consecuencia de la visión, sino de las palabras de Cristo que le saca de la incredulidad en que permanecía de modo obstinado. Por eso, a Tomás no le llama bienaventurado, sino que este calificativo lo reserva a quienes, sin necesidad de ver y tocar, crean por el testimonio de quienes le han visto y oído. De hecho, el Evangelio es una recopilación de aquellos hechos y dichos de Jesús, gracias a los cuales, los hombres de todas las generaciones pueden confesar la verdadera fe en Jesús con la certeza de quienes fueron testigos. Así se entienden las palabras finales del Evangelio que leemos hoy: «Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn 20, 30-31)

La escena de Tomás contiene la confesión más completa de fe, dicha por un discípulo de Jesús: ¡Señor mío y Dios mío! Tomás se rinde ante la evidencia del Resucitado con unas palabras en las que, no solo se llama «Señor» a Jesús, como en otros lugares de los Evangelios, sino que se le llama incluso «Dios», como en el prólogo del Evangelio. No sabemos, insisto, si tocó realmente las llagas de Cristo ni si introdujo su mano en el costado, como lo pinta Caravaggio, en un cuadro de extraordinario realismo. Una cosa es cierta: ante la visión del cuerpo resucitado de Cristo, se desvanecieron sus dudas y confesó que aquellas llagas de las manos, de los pies y del costado eran tan reales que podían ser vistas y tocadas, de modo que el Jesús que había conocido en su vida terrena seguía entre ellos, siendo el mismo que ahora confesada como «Dios» y «Señor» de su propia vida, como indica el adjetivo posesivo «mío». Se comprende, pues, que estas palabras de Tomás se hayan convertido en la más bella confesión de fe que un cristiano puede pronunciar con sus labios.

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

casa

 

El Obispado de Segovia ha firmado un convenio de colaboracíon con Cáritas Diocesana en virtud del cual se cederán a la organización las casas parroquiales rehabilitadas de varios pueblos de la provincia que, en la actualidad, se encuentran vacías. De esta forma, las viviendas podrán ser alquiladas, mediante el pago de un alquiler social, por familias que estén incluidas en alguno de los programas de Cáritas y que se encuentren en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Este convenio se desarrolla en aplicación del convenio que el Obispado de Segovia firmó hace varios años con la Junta de Castilla y León con la misma finalidad.

Actualmente, el proyecto ya cuenta con una familia beneficiaria, que ya reside en la casa parroquial de un pequeño pueblo de la provincia. Ellos son los dueños de su economía y su hogar y, con el respaldo de Cáritas, están emprendiendo un nuevo camino que les permitirá construir su proyecto de vida familiar de forma más desahogada. Gracias la firma de este convenio colaborativo, el Obispado y Cáritas Diocesana también aportan su grano de arena para reactivar la vida de todos esos pueblos de la provincia que, poco a poco, van perdiendo a sus habitantes, viendo cómo jóvenes y niños ya no pasean por sus calles y lamentando el cierre de muchos servicios básicos.

En definitiva, mediante esta colaboración se dota de vida a esa 'España vaciada' a la vez que, como objetivo principal y más importante, se trata de aminorar la problemática de muchas familias segovianas para acceder a una vivienda a causa de los precios excesivos, las exigencias de las condiciones económicas y laborales, y las consecuencias socioeconómicas que está dejando también la pandemia de la Covid-19.

© 2018. Diócesis de Segovia