Viernes, 22 Enero 2016 18:12

El “hoy” de la misericordia

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            Después de su bautismo en el Jordán y del prolongado ayuno en el desierto, Jesús comienza su ministerio público en la sinagoga de Nazaret. Era un sábado y, entrando en la sinagoga como era costumbre, le fue entregado el rollo del profeta Isaías para que hiciera la lectura. El pasaje que leyó se refiere a la misión del Mesías con estas palabras: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).

            Al terminar su lectura, como único comentario que recoge el evangelista, son estas palabras de Jesús: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Jesús se proclama directamente el Mesías de Dios al identificarse con la misión anunciada por Isaías. Resulta evidente que Jesús interpreta el texto del profeta en un sentido profundamente espiritual. Aunque Jesús hizo alguna curación de ciegos, no sanó a todos, y tampoco sabemos que hiciera salir de las cárceles a los prisioneros. Solo Barrabás tuvo la dicha de verse libre por causa de Jesús. Cuando Jesús realiza algún milagro con paralíticos, leprosos, sordos y ciegos, y cuando resucita a algún muerto, ciertamente está realizando un gesto profético, que anuncia  y hace presente la salvación más allá del estado físico de la persona. Habría sido un Mesías fracasado si su misión hubiera consistido en sanar todas las miserias físicas de los hombres. Por eso el texto que lee en la sinagoga termina con las palabras: «anunciar el año de gracia del Señor», que se refiere al perdón que Dios concedía en los años jubilares. Y el perdón ha llegado a todos los hombres sin excepción. Ese es el verdadero milagro de Cristo.

            Hemos comenzado un año jubilar de la misericordia. También hoy podemos decir que vivimos en el «hoy» de Cristo, porque hoy, para todos nosotros, la misericordia de Dios se hace presente en Cristo que viene a sanarnos de nuestras pobrezas, cautividades, cegueras y esclavitudes. Basta que fijemos la mirada en Cristo, como hicieron los de Nazaret, y nos dejemos amar por él. Entonces, también nosotros seremos para los hombres testigos y portadores de la misericordia de Cristo, porque también nosotros somos ungidos, es decir, cristianos.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Visto 562 veces Modificado por última vez en Lunes, 09 Mayo 2016 20:03
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