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Como ya es habitual, la Plataforma de Amigos de don Antonio Palenzuela organiza unos
sencillos actos el día 22 de febrero de cada año para mantener vivo el recuerdo del que
fue obispo de Segovia de 1970 a 1995 y que tan honda huella dejó en nuestra diócesis.
En esta ocasión, se cumplían los 50 años de su ordenación episcopal. Por la mañana, se
realizó una ofrenda floral junto a la placa que la ciudad le dedicó en el exterior de la
residencia de las Hermanitas de los Pobres. El breve panegírico compuesto por D. José
María Carlero, estudioso que ha ordenado y clasificado su obra escrita, se centró en la
idea de RE-CORDAR: volver a traer al corazón para actualizar su humildad, empatía,
sabiduría y espiritualidad.

DAP3


Por la tarde, la capilla del Santísimo Sacramento acogió una Eucaristía presidida por el
Deán de la Catedral. La palabra clave de su homilía fue LIBERTAD, la que movió siempre
a don Antonio en su pensamiento y en su labor pastoral. Ubi spiritus, ibi libertas fue el
lema de su episcopado. Tras el acto religioso, los Amigos presentaron una nueva edición
del famoso “libro verde” de 1995, una antología de textos del querido obispo con muchas
de sus reflexiones e intuiciones acerca del mundo y la Iglesia que siguen siendo válidas
hoy, 25 años después de su publicación. La jornada terminó con una sentida oración junto
a la tumba que guarda sus restos.

DAP5


Un día hermoso. Unas 50 personas fieles a don Antonio Palenzuela, escogidos y
entusiastas, disfrutaron con sencillez de estos actos como una pequeña isla en medio del
ruido de la ciudad, entre el tráfico que incesantemente transita junto a la placa de las
Hermanitas y el carnaval que ya se barrunta en los aledaños de la Plaza Mayor. Hoy y
siempre nos hacen falta estos remansos de serenidad que nos lleven al re-cuerdo, a la
reflexión y a la libertad de pensamiento y acción. El ejemplo de don Antonio Palenzuela
nos puede muy bien guiar por este camino.

DAP6

El pueblo de Israel ha tenido siempre una conciencia muy viva de la santidad de Dios. Es el Dios infinitamente santo que ha hecho alianza con su pueblo para hacerle partícipe de su misma santidad. Por eso, la santidad de Dios y la del pueblo judío están estrechamente unidas como aparece claro en la conocida como ley de la santidad judía: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Lev 19,2). La razón de la santidad del pueblo radica en que el Dios Creador ha dejado su impronta en la criatura, de modo que ésta debe reflejar la santidad de Dios. Además, al pactar con su pueblo, Dios le pide que viva sus mandamientos como forma concreta de santidad. Se comprende, entonces, que después de enunciar la ley de santidad —«Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo»—, el Levítico enuncie algunos preceptos que se refieren al amor, como expresión de la santidad de Dios.
En el texto del sermón de la montaña Jesús recoge la ley de santidad de Israel, pero se atreve a reformularla con algunos cambios significativos. Dice así: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,42-48).
Jesús no dice «vuestro Dios», sino «vuestro Padre celestial». Este cambio revela uno de los rasgos de la enseñanza Jesús: Dios es Padre que nos mira como hijos puesto que nos ha engendrado por el bautismo. Los hijos deben adoptar la conducta del Padre, de manera que no deben contentarse sólo con amar a los hermanos de raza, parientes o cercanos, sino que deben extender su amor a los enemigos y perseguidores, porque el Padre celestial hace salir su sol sobre buenos y malos manda la lluvia sobre justos e injustos.
El segundo cambio que hace Jesús es utilizar la palabra «perfectos» y no «santos». No hay oposición entre ambos términos: la santidad a la que debe aspirar el discípulo de Cristo se concreta en la perfección (o plenitud) del amor, es decir, en imitar al Padre bueno. Esta perfección se expresa, a diferencia de la ley mosaica, en el amor a quienes nos persiguen o tenemos por enemigos. La plenitud de la ley consiste en el amor. Por eso, Jesús exhorta a vivir una justicia mayor que la de los escribas y fariseos, es decir, a superar interpretaciones restrictivas del amor al prójimo reflejadas de modo expresivo en el «ojo por ojo, diente por diente». La perfección de la que habla Jesús no tiene fronteras: supone el cumplimiento íntegro de la Ley, cuyo origen es Dios, el Padre celestial, que nos urge a imitarle en todo. En definitiva, se trata de amar como Dios ama.
Seguramente alguien se preguntará si es posible amar como Dios. Quizás el texto de Mateo induce a confusión, pues dice que seamos perfectos como nuestro Padre celestial. La partícula griega que se traduce por «como» puede tener el significado de «porque», como en la ley de santidad judía. Se invita, pues, a los discípulos de Cristo que sean perfectos «porque» su Padre lo es, aunque no lleguen nunca a imitarle plenamente. No debemos olvidar, además, que Dios es quien infunde su amor en nuestros corazones mediante el Espíritu recibido en el bautismo. Si lo acogemos de verdad, amaremos como Dios ama.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia

Queridos hermanos sacerdotes:

En varias reuniones del Consejo presbiteral hemos reflexionado sobre la situación de la diócesis en relación al ejercicio de nuestro ministerio sacerdotal. El día 14 de junio de 2019, los arciprestes intervinieron en el Consejo presbiteral para hacer una valoración de la situación de la diócesis hacia una asamblea presbiteral. Cada arcipreste describió las fortalezas y debilidades de su propio arciprestazgo para ofrecer una visión del conjunto de la diócesis. En el Consejo presbiteral siguiente (15-XI-2019) se hizo una síntesis de la reflexión del Consejo anterior con el fin de caminar hacia una asamblea presbiteral que nos ayude a renovarnos y crecer en la vivencia de nuestro ministerio. En dicho Consejo, partiendo de los datos aportados en el anterior, se reflexionó sobre cómo trabajar en dicha asamblea teniendo en cuenta los diversos aspectos de nuestro ministerio: humano, espiritual, pastoral e intelectual. También se preguntó a los consejeros sobre las cuestiones prácticas referidas al modo de realizar la asamblea (objetivos, metodología, tiempos, etc.).

Con todos estos datos, el Consejo de gobierno de la diócesis consideró conveniente que, al tratarse de una asamblea presbiteral, se debía crear una comisión que, a la luz de las anteriores reflexiones, se encargara de preparar la asamblea, que tendrá lugar los días 9 y 10 de noviembre del presente año. Los miembros de esta comisión fueron elegidos en el Consejo presbiteral extraordinario del pasado 20 de enero, según el siguiente criterio de elección: dos arciprestes, dos sacerdotes miembros del Consejo presbiteral y dos sacerdotes que no fueran miembros de dicho Consejo. Los miembros elegidos de esta comisión, que estará moderada por el Sr. Vicario del Clero, son los siguientes:

1) Arciprestes:
Don Jesús Francisco Riaza Cabezudo
Don Fernando Mateo González
2) Sacerdotes miembros del Consejo presbiteral:
Don José María López López
Don José Antonio García Ramírez
3) Sacerdotes que no son miembros del Consejo presbiteral:
Don Enrique de la Puerta Soriano
Don Santos Monjas Aguado.

A esta comisión le corresponde, en primer lugar, elaborar con los datos recibidos de los anteriores Consejos un documento de reflexión que debe ser estudiado personalmente por cada sacerdote con el fin de llevarlo después al arciprestazgo y enriquecerlo con las aportaciones convenientes. Posteriormente, la comisión redactará, con las reflexiones de los arciprestazgos, el documento que servirá, previa la aprobación del obispo, como texto base para la asamblea presbiteral.

La necesidad de la asamblea ha sido planteada con el fin de iluminar los problemas de nuestro presbiterio. La situación humano-espiritual y la edad avanzada del clero, la incorporación de sacerdotes extranjeros —bien en servicio pastoral o bien para realizar estudios— la escasez de vocaciones, la importancia de formar laicos para tareas pastorales, y otro tipo de retos, que plantea la disminución de los habitantes y el envejecimiento de la población, requieren de nosotros, como pastores, pedir luz al Señor y buscar caminos de cara al futuro. Por ello, esta asamblea debe ser asumida por todos los sacerdotes con cargo pastoral como prioritaria frente a cualquier otra tarea pastoral, salvo los casos extraordinarios de urgencia. Como ya he dicho, durará dos días, y la comisión establecerá el lugar de reunión, el horario, y el procedimiento a seguir. Será una ocasión, no sólo para la reflexión, sino para la oración en común y la convivencia fraterna.

Como es sabido, la Iglesia no se gobierna de modo asambleario, por lo que la asamblea no tiene capacidad para legislar. Pero buscar el consenso de los presbíteros sobre los temas que afectan al gobierno de la diócesis es una forma de sinodalidad para ayudar al obispo a tomar las decisiones que considere necesarias para el bien de la diócesis.

Convoco, pues, a todos los sacerdotes con cargo pastoral y os invito, por tanto, a que ya desde ahora valoremos la importancia de este encuentro y pongamos todos nuestros talentos al servicio de esta llamada del Señor a vivir la fraternidad y la corresponsabilidad sacerdotal, cada uno teniendo en cuenta el servicio que presta a la diócesis. Para ello es fundamental reconocer:

1) Que la primera actitud que debemos fomentar y pedir al Espíritu Santo es la conversión a Cristo, que nos ha llamado, ungido y enviado para evangelizar, sanar los corazones y santificar con la gracia del ministerio recibido. Sin la relación estrecha, permanente y sincera con Cristo no podemos hacer nada (cf. Jn 15,5). Es necesario que cada uno se examine ante el Señor sobre los compromisos asumidos en la ordenación.
2) Que la sacramentalidad del orden sacerdotal nos une con un vínculo que arranca de la persona de Cristo y nos capacita para vivir su mismo sacerdocio en lo que toca a Dios y al pueblo que se nos ha encomendado. Este vínculo hace que nos miremos como hermanos al servicio de una misma misión. La fraternidad sacerdotal nace del sacramento recibido (cf. PO 8: «fraternidad sacramental»).
3) Que el sacerdocio nos capacita para vivir la preocupación por todas las Iglesias, de manera que, aunque pertenecemos a una diócesis concreta, no debemos olvidar nunca que estamos al servicio de la Iglesia universal que nos abre al don de la catolicidad (cf. PO 10; PDV 32).
4) Que el servicio a la comunión eclesial nos exige vivir con fidelidad a la Tradición que se remonta al Señor y que interpreta y explicita el Magisterio de la Iglesia, y, al mismo tiempo, mostrarnos disponibles para realizar nuestro ministerio donde la Iglesia lo requiera.
5) Que debemos vivir atentos a las necesidades de nuestro pueblo, conociendo su peculiaridad humana, cultural y religiosa, para lo cual es preciso vivir entre los hombres, conocer sus problemas —materiales y espirituales— para que el anuncio del evangelio vaya acompañado con el testimonio de nuestra vida.

Estas actitudes, que pido al Señor para mí mismo, no agotan en absoluto las que dimanan del Evangelio y de la gracia de nuestra ordenación, pero pueden ser una pauta para participar en la reflexión sobre la asamblea de modo que podamos aportar lo mejor de nosotros mismos si realmente nos hemos puesto bajo la acción del Espíritu Santo.

Es al Espíritu al que suplicamos que nos guíe con su dones en la edificación de la Iglesia y nos haga disponibles a su acción. Oremos también a la Virgen, Nuestra Señora de la Fuencisla, para que, como ella, vivamos obedientes a la Palabra y a la fe, y animosos en la esperanza y en la caridad para llevar a los hombres de nuestro tiempo la salvación de Cristo.

Con mi afecto en el Señor y mi bendición,
En Segovia, a 2 de Febrero de 2020, fiesta de la Presentación de Jesús en el templo.

 

 

+ César A. Franco Martínez
Obispo de Segovia.

En muchas ocasiones, los críticos del cristianismo afirman que Jesús nunca
se designo a sí mismo como Dios. Deducen de aquí que la confesión cristiana sobre
Jesús como Hijo de Dios es un invento de la Iglesia que lo ha divinizado. La fe de la
Iglesia —y Jesús— sería simplemente un mito.
Es cierto que Jesús nunca dijo abiertamente de sí mismo que era Dios, pero
lo dijo claramente mediante afirmaciones que cualquier judío formado en la
tradición de las Escrituras podía entender. De ahí que, ante el tribunal judío que le
condena por blasfemo, se le acusa de haberse proclamado Dios.
Sabedor de que el pueblo judío tenía un respeto sagrado por el nombre de
Dios, que revelaba su esencia, Jesús recurrió a formas de expresarse que,
respetando la trascendencia divina, indicaran la conciencia que tenía de sí mismo
como Hijo de Dios. Pongamos un ejemplo: la institución más importante del
judaísmo era el sábado, que se celebraba como evocación del descanso de Dios al
terminar la creación. Violar el sábado era un grave pecado. Cuando Jesús hace
curaciones en sábado o permite a sus discípulos que arranquen espigas del
sembrado para comer algo, se le acusa que quebrantar el sábado y de permitir que
se trabaje en el día del descanso. Jesús se defiende diciendo que «el Hijo del
hombre es señor del sábado» (Mt 12,8). Afirmar esto suponía ponerse en el lugar
de Dios, pues por encima del sábado, según la tradición judía, sólo estaba Dios. Lo
mismo podemos decir del templo, lugar de la presencia de Dios. Jesús se sitúa por
encima del templo, no sólo al purificarlo sino al profetizar su ruina anunciando al
mismo tiempo que lo podía reconstruir en tres días en clara alusión a su
resurrección.
Hay, sin embargo, un discurso, del que leemos este domingo un pequeño
pasaje, donde Jesús afirma con toda claridad que se sitúa en el mismo rango de
Dios. Me refiero al sermón de la montaña, donde, como señalan muchos
estudiosos, Jesús es presentado como el nuevo Moisés que proclama la nueva ley.
Que Jesús enseñe su doctrina no es en sí mismo blasfemo, pero que Jesús se atreva
a corregir la ley de Moisés, que el mismo Dios le había entregado, supone un
atentado contra la autoridad divina. La contraposición sobre la que Jesús edifica su
sermón —«habéis oído que se os dijo, pero yo os digo»— manifiesta que se siente
con la misma autoridad del Dios del Antiguo Testamento —su Padre— para
completar la revelación y superarla mediante una nueva justicia y santidad. Detrás
de la pasiva divina—«se os dijo»— se esconde Dios; y al afirmar Jesús «pero yo os
digo», evoca al Dios que dijo a Moisés sus diez palabras o mandamientos. Dios
habla por Jesús revelándose como la Palabra autorizada capaz de llevar a plenitud
la Ley. Como dice J. Ratzinger-Benedicto XVI, en su libro Jesús de Nazaret , «el Yo de
Jesús destaca de un modo como ningún maestro de la Ley se lo puede permitir».
Sin decirlo expresamente, Jesús revela su conciencia más íntima y deja claro a sus
discípulos que si «vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y los fariseos,
no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 6,20). La «justicia mayor» a que se refiere
Jesús es la que él propone para vivir conforme a la voluntad de Dios. Moisés había
señalado el camino de los diez mandamientos. En el sermón de la montaña, Jesús
recoge los diez mandamientos y les da su plenitud mediante sus propias
aportaciones. Si, como él dice, sólo quien practique esta «justicia mayor» entrará en
el reino de los cielos, es evidente que quien la propone es el único capaz de abrir y​
cerrar la puerta del Reino: Dios mismo. Se explica así que el judaísmo oficial
acusara de blasfemia a quien se atribuía la autoridad divina.

 


+ César Franco
Obispo de Segovia

Lunes, 17 Febrero 2020 12:43

Revista Diocesana. Febrero 2020

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Miércoles, 12 Febrero 2020 08:14

ACTIVIDADES EN FAMILIA.

La Iglesia de Segovia ofrece diferentes actividades formativas y lúdicas para las familias desde hace más de dos décadas. Un grupo de voluntarios de Pastoral Familiar se encarga de organizarlas y desarrollarlas, así como de animar a futuros monitores con el fin de hacer visible la pequeña Iglesia que constituye cada familia particular.
Además de la formación habitual de los cursos para novios, previos al sacramento matrimonial, se ofrece a los futuros matrimonios un itinerario de formación cristiana y encuentros con otras parejas donde compartir las experiencias de los años de convivencia conyugal.
Del día 13 al 15 de marzo, se ha organizado un retiro para familias en el que se conjugarán distintas actividades para padres e hijos, dependiendo de la edad de los participantes. Para facilitar la asistencia, se ofrece un servicio de guardería para los niños más pequeños. Este encuentro familiar tendrá lugar en la localidad madrileña de Robledo de Chavela.
Aquellos que deseen participar pueden conseguir más información en el teléfono 645 766 353.

https://obispadodesegovia.es/index.php/vicarias/delegacion-de-evangelizacion

 

 

Las imágenes que Jesús utiliza en el evangelio de este domingo para describir la vocación cristiana son muy expresivas: luz del mundo, sal de la tierra. Jesús mismo explica el simbolismo que encierran. Una lámpara no se enciende para colocarla debajo de un celemín, del mismo modo que no se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte. La sal que perdiera su sabor sólo serviría para tirarla y ser pisada por la gente. Con estas elocuentes comparaciones, Jesús afirma que los cristianos no podemos ocultar nuestra condición renunciando a la vocación de iluminar y vivificar este mundo. Dicho con palabras modernas: los cristianos tenemos vocación de hacernos presentes en la vida pública, dando testimonio con las obras y las palabras. Y, cuando hablo de cristianos, incluyo también a los pastores de la Iglesia que han recibido de Cristo el carisma de enseñar.
Esta doctrina es tan clara que no necesitaría comentarios si no fuera porque en la actualidad se ha extendido el tópico de que la religión pertenece al mundo de lo privado. El Papa Francisco lo ha dicho con toda claridad: «El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo» (EG 64). Muchos cristianos se han tragado esta falsedad y han perdido la parresía o valentía de la fe, propia del cristianismo. Muchos poderes —culturales, económicos y políticos— estarían encantados encerrando la fe en los templos y las sacristías. Así la sociedad quedaría en sus manos para manipularla a su antojo. Pero no es así: «Ya no se puede decir —dice Francisco— que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas […] para que todos puedan disfrutarlas» (EG 182).
Los cristianos somos miembros de la sociedad, como cualquier ciudadano, y tenemos el derecho y la obligación de expresar nuestras convicciones y trabajar por un mundo acorde con la dignidad de la persona humana. El poder político —sea quien sea quien lo ostente— tiene la tentación de apropiarse del espacio público, que pertenece a toda sociedad civil, como si fuera su propiedad privada. Esta tentación de dominio totalitario se manifiesta sobre todo imponiendo ideologías que deben ser asumidas como principios indiscutibles de convivencia social. Según esta perversión del concepto de lo «público», es lógico que se pretenda reducir las convicciones religiosas y morales al ámbito de lo llamado íntimo y privado, como si el hombre pudiera dividir su conciencia, y su actividad, en categorías de intimidad y exterioridad, o de privacidad y sociabilidad. La persona es una e indivisible, de manera que su ser más íntimo se expresa en sus actos externos más simples, y estos a su vez reflejan el mundo interior de sus convicciones. Por ello, «nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos» (EG 183).
La riqueza de una sociedad democrática reside en su pluralidad al servicio, obviamente, del bien común. Esta pluralidad, ordenada por las leyes que nos vinculan a todos, exige a los ciudadanos responsabilidad para construir la sociedad civil, al servicio de la cual se deben poner los poderes públicos dejando a un lado sus intereses partidistas. Sólo así, el bien común no será una entelequia, sino el fruto de la aportación responsable y generosa de los que desean construir un mundo más humano, justo y solidario.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

 

 

 

El día 11 de febrero la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo, coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora de Lourdes. El secretariado de Pastoral de la Salud de Segovia se une a la campaña nacional bajo el lema “Acompañar la Soledad”.
Desde hace varios años un equipo de voluntarios de pastoral de la Salud visita en hospitales, residencias o en sus propias casas a enfermos y mayores que lo solicitan, bien para estar acompañados o bien para dar descanso a sus familiares y cuidadores.
En España hay más de 4,7 millones de hogares unipersonales y más de 2 millones de personas mayores de 65 años viven solas. Estas cifras son preocupantes y, probablemente, no dejarán de aumentar. En nuestra provincia, son 17.000 las personas que viven solas.
En Segovia, la Iglesia diocesana ofrece, a través de las acciones de los voluntarios de Pastoral de la Salud, de las aulas del mayor de Cáritas y de los grupos de Vida Ascendente diferentes alternativas de encuentro y formación semanal para nuestros mayores, donde se establecen verdaderos lazos de amistad, de compañía y de ayuda mutua.
Como ya es tradicional en estas fechas, el secretariado organiza unas jornadas de formación que tendrán lugar los días 17, 18 y 19 de febrero en la Casa de Espiritualidad “San Frutos” a las 18:30 horas. Las ponencias del día 17 y 18 estarán dirigidas por D. José Mª Landa, consiliario de Frater y miembro de los equipos de servicios religiosos en los hospitales de San Sebastián. El día 19 se proyectará la película “Solas”.
FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES.
La iglesia de San Miguel en la capital acogerá los días 8, 9 y 10 el triduo en honor a Nuestra Señora de Lourdes. Será a las 19:30 horas y participarán miembros de “Hermandad Nuestra Señora de Lourdes” así como responsables de Pastoral de la Salud de las diferentes parroquias.
El día 11, Festividad de Nuestra Señora de Lourdes, en la Catedral de Segovia se celebrará una Eucaristía a las 18:30 horas, seguida de una procesión de antorchas, que estará presidida por el Obispo, D. César.
PEREGRINACIÓN A LOURDES.
Son algo más de 200 personas las que han participado en las peregrinaciones que la Hospitalidad de Lourdes organiza los primeros días del mes de agosto.
Este año está previsto viajar los primeros cinco días de agosto a Lourdes. Una peregrinación que se hace en autobuses adaptados para personas con problemas movilidad y que cuenta con numerosos voluntarios, entre ellos enfermeros. Aquellas personas que lo deseen pueden hacer sus inscripciones en las parroquias.

Manos Unidas lanza la campaña número 61 bajo el lema “Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”, la delegación de Segovia  ha presentado esta mañana  las actividades y proyectos en rueda de prensa.
Este año la campaña de Manos Unidas se va a centrar en denunciar las consecuencias que el deterioro medioambiental tiene sobre millones de personas, porque la crisis climática tiene, ante todo, un rostro humano: el de 821 millones de personas castigadas por el hambre; el de los más de 1.000 millones de pobres; el de quienes deben emigrar en busca de un sustento que la tierra les niega o de los que enferman a causa de la contaminación del agua y del suelo.
Se han dado a conocer los datos económicos de la pasada campaña ascendiendo el total de ingresos en nuestra diócesis a más de 190.000 €, siendo más de 95.000 € la recaudación de las diferentes parroquias.

Este año se han elegido cuatro proyectos centrados en Uganda , Filipinas y Guatemala, que se financiarana con las mas de una treintena de actividades de sensiblización y financiación que organizan los voluntarios en cada arciprestazgo o parroquias. Destacan los festivales de Cuellar y Riaza, así como los campeonatos de Futbol.

Las marchas y cenas del hambre, son otras de las actividades donde los segovianos participan.

El tradicional bocata solidario, del día del ayuno voluntario, será el día 7 de febrero, este año cambia de ubicación y se hará en la academia de artillería, la entrada será por la calle San Anton, frente al acueducto.

Dossier proyectos

Actividades de arciprestazgos

Datos económicos año 2019

 

 

 

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