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cartel san alfonso

La Diócesis de Segovia ha concedido el IV Premio San Alfonso Rodríguez a Dña. Pilar Jiménez Huertas (Pili). Este galardón fue instituido por la diócesis en 2017 con el objetivo de reconocer la labor callada de muchísimos fieles que han dedicado su tiempo y su cariño a los pequeños servicios cotidianos, en favor de la Iglesia y la sociedad segoviana, durante gran parte de su vida.

En nuestros días, hay muchos san Alfonsos Rodríguez entregados a una multitud de labores muy necesarias que pueden pasar desapercibidas. Una de estas personas ha sido Pilar Jiménez Huertas, madre de familia y feligresa de Palazuelos de Eresma y Tabanera del Monte. Desde joven, realizó todo tipo de labores sencillas y necesarias con un espíritu humilde y colaborador: catequesis de niños y jóvenes, animación de grupos parroquiales, atención al templo, convivencias, campañas solidarias, talleres… Una persona que nos ha dejado, legando una vida de entrega al servicio discreto a los demás, como nuestro santo segoviano.

El galardón se le entregará el próximo sábado 31 de octubre, precisamente el día en que celebramos a san Alfonso, a las cinco y media de la tarde (17.30h) en la iglesia del Seminario, guardando todas las medidas de seguridad. El acto vendrá precedido por un sencillo recital de música y lectura de textos de san Alfonso, san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús, a cargo de D. Fernando Hidalgo y D. José Antonio Barbudo, y concluirá con el canto compartido del himno a San Alfonso Rodríguez.

San Alfonso Rodríguez es nuestro “santo de andar por casa”. Nacido en 1530 en el barrio de El Salvador de Segovia, fue un pequeño empresario de la entonces pujante industria pañera de la ciudad. Con casi cuarenta años, vio morir a toda su familia, mujer e hijos, y vio como la crisis económica de la época lo dejó arruinado. Dejó la ciudad, fue admitido en la Compañía de Jesús como hermano lego y se santificó trabajando otros cuarenta años como portero del colegio jesuita de Palma de Mallorca, atendiendo con prontitud y sencillez a los que llamaban a su puerta.

El delegado diocesano del Secretariado de Misiones, D. Isaac Benito Melero, ha estado acompañado esta mañana por D. José Ponce y D. Fidele Nkanza para presentar la campaña de la Jornada Mundial por la Evangelización de los Pueblos, el DOMUND, que celebramos el domingo 18 de octubre.

«Aquí estoy, envíame» es el lema de este año, unas palabras que nos recuerdan que todos tenemos una misión que cumplir. De forma especial, como ha resaltado D. Isaac, recordamos al más de centenar de misioneros que la diócesis tiene repartidos por los cinco continentes. El delegado de misiones ha querido recordar que, «la forma más importante de colaborar es con la oración, pero no la única». De esta forma, ha añadido que se puede colaborar con el DOMUND con tiempo, ejerciendo de misionero permanente o voluntario y, como siempre, con aportaciones económicas.

En este último apartado se ha detenido D. Isaac para recordar que, a causa de la pandemia y las restricciones de aforo en los templos, este año hay más posibilidades de colaborar de manera telemática. Así, se puede hacer un donativo mediante BIZUM, por transferencia bancaria en la cuenta de las Obras Misionales Pontificias (OMP), por teléfono o a través de la página web del DOMUND.

Asimismo, también ha resaltado que, como novedad, este año ha surgido una nueva forma de colaboración, una carrera virtual que se desarrollará los días 17 y 18 de octubre.

Un mexicano en Segovia

ponce Por su parte, D. José Ponce ha querido contar su historia personal. Originario de México, ha dicho que es una de esas llamadas «vocaciones tardías», puesto que ingresó en los Operarios del Reino de Cristo en 2003. Ponce ha destacado que su motivación ha sido siempre la cita bíblica «reconciliaos con Dios» (Cor2, 5-20), la cual le ha llevado siempre a actuar respondiendo a la pregunta «¿qué podemos hacer para vivir así, reconciliados con Dios?».

 Asimismo, ha subrayado que la misión no es solo ir a un país lejano a colaborar con sus gentes, sino «ayudar al de al lado, aquí y ahora». La misión de cada uno ha de ser colaborar con quien más lo necesita también en la cercanía, «y si doy para hacer más, lo haré con mucho gusto», ha concluido el mexicano.

 

Del calor del Congo al frío de la sierra


fideleDe su lado, D. Fidele Nkanza, natural de la República Democrática del Congo, ha comenzado relatando sus orígenes en una familia cristiana, puesto que su padre era animador pastoral. «Yo colaboraba como monaguillo, en el coro… sin darme cuenta de que algo estaba surgiendo ahí», ha comentado.

Nkanza ha subrayado que «aceptar la misión no es fácil», ya que supone salir del país de origen para ayudar en otro lugar, añadiendo que lo más importante es aceptar, porque con el Señor «siempre sale bien». Igualmente, ha querido incidir en que la ayuda que se envía a los países necesitados «sí que llega: yo de pequeño llevaba una camiseta que ponía Ibiza sin conocer que eso era España», ha relatado.

Agradecido de que en su país la pandemia no haya llegado ni afectado tan profundamente como aquí, ha querido recordar que nuestra misión es «ayudar al que está en la puerta de al lado», para añadir que la pandemia nos tiene que servir para darnos cuenta de que «debemos abrir nuestro corazón para ayudar a todo aquel que lo necesite, en cualquier ámbito y de cualquier forma».

Finalmente, D. Isaac (quien ejerció como misionero durante 23 años en África) se ha mostrado «agradecido y lleno de gozo» porque José Ponce y Fidele Nkanza son el ejemplo de que «la misión evangelizadora tiene sus frutos».

 

 web domund

El lema del Domund para este año tiene aire profético. Recuerda la vocación de Isaías, cuando, después de haber sido purificados sus labios con un ascua encendida, dice a Dios: «aquí estoy, mándame». La disponibilidad del profeta es total ante la llamada de Dios. Es la misma disponibilidad de los apóstoles de Jesús cuando éste los llama: dejándolo todo, lo siguieron.

Es imposible ser miembros de la Iglesia y no estar disponibles a la misión. La llamada de Dios es imperiosa, no admite demoras. No podemos reducir el Domund a una colecta extraordinaria, a unas celebraciones litúrgicas especiales, o a testimonios emotivos de misioneros que acuden a las parroquias a contarnos su vida. Todo eso está bien. La misión ad gentes es mucho más.

En primer lugar, es tomar conciencia de que «aquí estoy». Soy yo, mi persona, quien es interpelada por la llamada de Dios. Estamos en el mundo con una misión, cada persona es misión. Dios cuenta conmigo para cooperar en la obra redentora de Cristo que se extiende generación tras generación. «Aquí estoy» significa reconocer que mi existencia es un regalo de Dios al mundo. Solo quien toma conciencia de lo que significa existir como don y regalo de Dios a los hombres, puede decir con pleno sentido «aquí estoy».

En segundo lugar, la misión ad gentes implica decir «envíame». Nadie se da a sí mismo la misión ni la vocación. Ambas cosas unidas vienen de Dios. Somos llamados para ser enviados. Sólo así podemos realizar una misión que no es nuestra, ni en la que tenemos la iniciativa. Dios solo es quien envía y nos prepara para la misión con el don de la disponibilidad. Sin esta libertad, centrada en la voluntad de Dios, reduciríamos la misión a una empresa particular en la que me siento protagonista. No es así. El protagonismo en la Iglesia lo tiene el Espíritu Santo, que se sirve de los cristianos para llevar adelante la expansión del cristianismo. La disponibilidad al Espíritu Santo es, como dicen los Padres de la Iglesia, la actitud primordial del cristiano, de la que derivan las demás: fortaleza, ánimo apostólico, alegría, capacidad de entrega, fidelidad hasta el martirio.

Cuando pensamos en la misión, nos creemos importantes por lo que aportamos a países necesitados. Todo esto es verdad. Pero el primer beneficiado de la misión es el enviado por Dios. Su vida, en las manos de Dios, adquiere un sentido nuevo porque se convierte en un signo de la misión de Cristo en el mundo. Así como Cristo, en cuanto enviado, es el signo del amor del Padre, así los enviados por Cristo son signos suyos y de su salvación. Lo dice claramente Jesús en el discurso de despedida: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». Para vivir la misión en la Iglesia no podemos perder este horizonte que nos remite al Enviado por excelencia, Jesús, el Hijo de Dios. Identificarse con Cristo en su propia misión es necesario para ejercer la nuestra y olvidarnos de nosotros mismos para ser fecundos como el grano de trigo que cae en tierra. Las palabras de Jesús adquieren un sentido nuevo cuando las acogemos desde esta perspectiva. No existimos para que nos sirvan, sino para servir; no vivimos para conservar la vida, sino para perderla; no buscamos nuestra propia gloria, sino la de Dios; no somos dueños de ninguna parcela en la Iglesia, sino trabajadores de la viña del Señor; no ostentamos poderes mundanos, sino espirituales en orden a incorporar a los hombres a la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En definitiva, somos enviados para testimoniar que Cristo ama al mundo y lo ha redimido con la entrega de sí mismo. Solo viviendo así podemos decir: «Aquí estoy, envíame».

 

+ César Franco
Obispo de Segovia.

El día 30 de septiembre el Papa Francisco publicó una carta en el XVI centenario de la muerte de san Jerónimo que ha pasado bastante desapercibida. Además de la que ha dirigido a los monjes del Parral, único monasterio de jerónimos en el mundo, ésta a la que me refiero es un elogio de la figura del traductor de la Biblia al latín, que ha pasado a la historia con el nombre de Vulgata, porque se convirtió en el alimento para el pueblo (vulgo) cristiano durante siglos. La carta lleva por título Scripturae Sacrae Affectus, pues es lo que distinguió a san Jerónimo: un afecto vivo y tierno por la Palabra de Dios, a la que consagró todas sus energías desde una experiencia de conversión en la que Cristo le echó en cara que era más ciceroniano que cristiano porque estimaba más la lengua latina que los escritos bíblicos por considerarlos demasiado toscos e imprecisos para su refinado gusto literario.

San Jerónimo estudió en Roma retórica con ilustres maestros de su tiempo y dio un giro a su vida cuando descubrió el tesoro de la Biblia y se entregó a su meditación, estudio y traducción. Primero en Roma, como colaborador del Papa español san Dámaso, después en el desierto de Calcis, estudiando griego y hebreo, luego en Egipto y, finalmente, en Belén, donde fundó junto a la gruta del nacimiento de Jesús dos monasterios «gemelos» de hombres y mujeres que atendió como maestro espiritual y a los que inició también en el estudio de la Palabra de Dios.

El trabajo de san Jerónimo fue ingente. Con los medios de entonces, sirviéndose de las Hexaplas de Orígenes, entre otros instrumentos de trabajo, entendió que la Palabra de Dios debía ser accesible al pueblo cristiano y se enfrascó en su traducción desde las lenguas originales, pensando no sólo en sus discípulos y en los estudiosos que un día se dedicaran a la Escritura sino en la gente llana. Como dice el papa Francisco, Jerónimo ofrecía su trabajo a los demás como un munus amicitiae (oficio de amistad) a través del cual edificaba la Iglesia.

La personalidad de este padre de la Iglesia latina conjugaba, según el Papa, la entrega total a Dios por amor a Cristo crucificado y el estudio constante y arduo de la Sagrada Escritura, cuya lengua, retórica y figuras distaban mucho del mundo clásico en el que se educó. La Biblia se presentaba como un «libro sellado» que necesitaba la mano del intérprete cuya clave era Cristo. San Jerónimo dio un paso de gigante en lo que llamamos inculturación puesto que su dominio de las lenguas permitió «una comprensión más universal del cristianismo y, al mismo tiempo, más acorde con sus fuentes». La traducción de la Vulgata, dice Francisco, supone un acto de hospitalidad lingüística que favorece la cultura del encuentro, puesto que abre el mundo de la lengua a nuevas comprensiones. ¡Atinado pensamiento en una época de tanta ignorancia, especialmente en materia religiosa, que impide la apertura de la inteligencia al conocimiento de las culturas que han tenido cabida en la Biblia! Por eso, el Papa lanza este desafío a los jóvenes: «Vayan en busca de su herencia. El cristianismo los convierte en herederos de un patrimonio cultural insuperable del que deben tomar posesión. Apasiónense de esta historia, que es de ustedes. Atrévanse a fijar la mirada en Jerónimo, ese joven inquieto que, como el personaje de la parábola de Jesús, vendió todo lo que tenía para comprar “la perla de gran valor”» (Mt 13,46).

Os animo, pues, a leer esta carta que presenta su figura con viva actualidad. Como escribió de él su amigo Nepociano: «Por la asidua lectura y la meditación prolongada, había hecho de su corazón una biblioteca de Cristo».

+ César Franco
Obispo de Segovia

 

«Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras». Franciscus

El Papa Francisco ha presentado hoy «Fratelli tutti», la tercera encíclica de su pontificado. Francisco la define como una “encíclica social” que coge su título de las “Admoniciones” de san Francisco de Asís, quien utilizó esas palabras “para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio”. El santo “no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios”, escribe el Papa, y “fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna”. De esta forma, la Encíclica pretende promover una aspiración mundial a la fraternidad y la amistad social a partir de una pertenencia común a la familia humana, del hecho de reconocernos como hermanos porque somos hijos de un solo Creador. Abierta por una breve introducción y dividida en ocho capítulos, la Encíclica recoge muchas de las reflexiones del Papa sobre la fraternidad y la amistad social, pero colocadas “en un contexto más amplio” y complementadas por “numerosos documentos y cartas” enviados a Francisco por “tantas personas y grupos de todo el mundo”.

Amor, derechos y gobernanza mundial

La Encíclica responde con un ejemplo luminoso, un presagio de esperanza: el del Buen Samaritano. Francisco nos exhorta a “salir de nosotros mismos” para encontrar en los demás “un crecimiento de su ser”, abriéndonos al prójimo según el dinamismo de la caridad que nos hace tender a la “comunión universal”. Una sociedad fraternal será aquella que promueva la educación para el diálogo con el fin de derrotar al “virus del individualismo radical” y permitir que todos den lo mejor de sí mismos. El derecho a vivir con dignidad no puede ser negado a nadie, dice el Papa, y como los derechos no tienen fronteras, nadie puede quedar excluido, independientemente de donde haya nacido. A las migraciones está dedicada parte del segundo y todo el cuarto capítulo. Hay que evitar migraciones no necesarias, afirma el Pontífice, creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Lo que se necesita sobre todo -según recoge el documento- es una gobernanza mundial, una colaboración internacional.

La política, al servicio del bien común

“La mejor política” es una de las formas más preciosas de la caridad porque está al servicio del bien común y conoce la importancia del pueblo. La mejor ayuda para un pobre, explica el Papa, no es sólo el dinero, que es un remedio temporal, sino el hecho de permitirle vivir una vida digna a través del trabajo. También es tarea de la política encontrar una solución a todo lo que atente contra los derechos humanos fundamentales, como la exclusión social; el tráfico de órganos, tejidos, armas y drogas; la explotación sexual; el trabajo esclavo; el terrorismo y el crimen organizado. Fuerte es el llamamiento del Papa a eliminar definitivamente el tráfico, la “vergüenza para la humanidad” y el hambre, que es “criminal” porque la alimentación es “un derecho inalienable”. La política que se necesita, subraya Francisco, es la que dice no a la corrupción, a la ineficiencia, al mal uso del poder, a la falta de respeto por las leyes.

Bondad, paz y perdón

Del capítulo titulado “Diálogo y amistad social”, surge también el concepto de la vida como “el arte del encuentro” con todos, incluso con las periferias del mundo y con los pueblos originarios, porque “de todos se puede aprender algo, nadie es inservible”. El séptimo, recoge una reflexión sobre el valor de la paz. En una sociedad, todos deben sentirse “en casa” – escribe el Papa –. Por esta razón, la paz es un “oficio” que involucra y concierne a todos y en el que cada uno debe desempeñar su papel. Y ligado a la paz está el perdón: se debe amar a todos sin excepción, dice la Encíclica, “pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable”. 

La pena de muerte, inadmisible 

Francisco expresa una posición igualmente clara sobre la pena de muerte: es inadmisible y debe ser abolida en todo el mundo. “Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal – escribe el Papa – y Dios mismo se hace su garante”. Así, hace dos llamamientos: no ver el castigo como una venganza, sino como parte de un proceso de reinserción social, y mejorar las condiciones de las prisiones, respetando la dignidad humana de los presos, pensando también que la cadena perpetua “es una pena de muerte oculta”. En el octavo y último capítulo, el Pontífice se ocupa de “Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo” y reitera que la violencia no encuentra fundamento en las convicciones religiosas, sino en sus deformaciones. Finalmente, recordando a los líderes religiosos su papel de “mediadores” que se dedican a construir la paz, hace alusión al “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado por él el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi, junto con el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb: de este hito del diálogo interreligioso, el Pontífice recoge el llamamiento para que, en nombre de la fraternidad humana, se adopte el diálogo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento mutuo como método y criterio.

Documentos que puede leer y descargar para conocer la nueva Encíclica

*Imagen de la noticia: Vatican Media

presentación infante

El trascoro de la Catedral de Segovia ha sido el lugar elegido para dar a conocer los resultados del estudio antropológico de los restos del Infante don Pedro. Los encargados de presentar cada detalle de la investigación han sido el Catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente Acosta, y el Jefe del Servicio de Radiología del Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada, José Luis Martín Rodríguez, presidiendo el acto el Deán de la Catedral de Segovia, Ángel García Rivilla. No ha podido estar presente finalmente la Catedrática de Antropología Física, Inmaculada Alemán Aguilera, encar-gada de esta primera fase de la investigación.

Tras varios meses de espera y después de que se descubriera el hallazgo de los huesos el 18 de noviembre, se anunciaban los resultados finales en torno a la edad del Infante y patologías previas. Según el informe antropológico, los tres huesos encontrados corresponderían al mismo individuo, el Infante don Pedro, y su edad en el momento de la muerte sería de entre 6 meses y 1 año y medio. Debido al mal estado de los restos óseos hallados, en esta primera fase correspondiente al estudio antropológico no se ha podido especificar el sexo.

Comparación huesos Infante

Otra de las conclusiones extraídas afirma que las alteraciones observadas sugieren que pudiera haber un proceso metabólico que altera el desarrollo y produce estas modificaciones. El Infante, antes de su muerte, podría haber padecido raquitismo. Este diagnóstico se observa en el extremo distal del fémur derecho, así como en el proximal de la tibia, que muestran un claro engrosamiento. Unido al arqueamiento de la diáfisis de la tibia y a la rotación externa de la metáfisis proximal se puede indicar que sufrió esta enfermedad. El estudio también concreta que los tres huesos encontrados se tratarían de un fragmento medial de diáfisis de un fémur izquierdo, el extremo distal de un fémur derecho que conserva la metáfisis y una tibia derecha. 

Para llegar hasta estas conclusiones que aclaran la edad de la muerte del Infante, patologías previas y huesos encontrados, se han llevado a cabo diferentes pruebas desde el área de antropología de la UGR y en el Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Clínico San Cecilio de Granada. En el Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, los trabajos dirigidos por Inmaculada Alemán se han concretado en el estudio comparativo con huesos de individuos de edades similares, procedentes de la colección osteológi-ca depositada en Granada, un modelo tridimensional de los huesos mediante un escáner de superficie, entre otras pruebas.

Desde el departamento de antropología se enviaron los restos óseos para el estudio radiológico al Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Clínico San Cecilio, dirigido por José Luis Martín Rodríguez. En el hospital granadino se realizó una adquisición volumétrica de los huesos mediante un estudio de Tomografía Computarizada con modelo Philips Brillance 64 y una impresión 3D de los restos óseos con grosor de 0,4 mm.

Una vez sometidos los restos a las pruebas mencionadas, los huesos se trasladaron de nuevo al laboratorio de la Universidad de Granada. Para el estudio genético se seleccionó la tibia, único hueso cuya diáfisis está completa, con una longitud de 98,25 mm, debido a su mejor estado de conservación. Esta segunda fase dirigida por el Catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente Acosta, aún está en proceso y se informará con los resultados.

Los dos fragmentos óseos restantes fueron llevados de vuelta a Segovia para su inhumación el 20 de diciembre del 2019 en el mismo sepulcro donde se hallaron, dentro del cofre rojo.

El Cabildo Catedral ha ofrecido durante este proceso de investigación y, desde la mayor transparencia posible, toda la información a través de los canales oficiales de la Catedral. Además, el Cabildo agradece a los profesionales involucrados y sus instituciones el trabajo realizado y la estrecha colaboración desde el primer momento.

Aquí puede consultar y descargar el INFORME RADIOLÓGICO y el INFORME ANTROPOLÓGICO realizado a los restos del Infante.

 

Viernes, 02 Octubre 2020 07:42

Octubre 2020

octubre 2020

 

4 de octubre – Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

En la vida diaria muchas veces menospreciamos a aquel que tenemos al lado únicamente porque es diferente a nosotros, pero también por orgullo o avaricia, buscando los aplausos para nosotros, un éxito personal; sin darnos cuenta de que somos una gran familia y los logros de unos son los de todos, porque Dios ama a su pueblo, a pesar de nuestras infidelidades y nos elige siempre. La diferencia está en nosotros y en nuestra elección, ¿vivimos confiados en su Corazón, sin que nada nos preocupe, porque sabemos que la paz de Dios supera todo juicio, custodia nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús? Es el momento de poner en práctica todo aquello que, por pura misericordia, se nos ha dado y hemos aprendido. No nos quedemos con este regalo para nosotros y salgamos a anunciarlo, para que no se pueda decir que desechamos la piedra angular y que, por no llevar a cabo la Voluntad de Dios, lo que hoy es nuestro será de otros que den auténticos frutos de justicia, amor y verdad.

11 de octubre – Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario

En ocasiones tenemos todo ante nosotros y nosotros nos giramos en dirección opuesta para fijar la atención en espejismos y distracciones, engaños. Sin embargo, Dios sale a nuestro encuentro, al encuentro de todos, sin distinción, pidiendo únicamente nuestra confianza, una confianza absoluta para poder decir: todo lo puedo en Aquel que me conforta; porque su bondad y su misericordia me acompañan. Si esto es verdad, ¿a qué viene el dudar del Señor, el ponerle a prueba y no acudir a la cita con el corazón bien dispuesto y preparado? Puesto que, si te fías, te fías, no hay doblez, ni oscuridad; tan solo hay una ardiente petición que grita a Dios, pidiendo la luz para comprender la esperanza a la que realmente nos llama y sabiendo que su mano reposa sobre nosotros, de tal manera, que provee a todas nuestras necesidades conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

18 de octubre – Domingo XXIX del Tiempo Ordinario

El Señor es grande y en su grandeza nos ha elegido, nos ha tomado de la mano y hace que brillemos como lumbreras en este mundo, manteniendo firme la Palabra de la Vida. Hace de nosotros verdaderos servidores de su Palabra, enviándonos con la fuerza del Espíritu Santo, para que anunciemos la Buena Noticia de su Amor, con corazón limpio, con convicción. Siendo sinceros en nuestro pensar y veraces en nuestro obrar, con la esperanza puesta en Cristo Jesús, dejando que el Espíritu se manifieste sin ataduras, porque sabemos distinguir lo que es del mundo y nos propone, y lo que es de Dios y Él nos pide.

25 de octubre, san Frutos – Domingo XXX del Tiempo Ordinario

La situación que vive nuestra sociedad actual es desgarrante y nosotros, por miedo al diferente, por miedo a perder nuestra seguridad, nos damos la vuelta ante el sufrimiento del hermano. Sin embargo, Dios, que es compasivo, escuchará su grito, y entonces, nos pedirá cuentas de ese amor que le decimos prodigar. Nos hablará nuestro primer sí, cuando al ver nuestra pobreza decidimos servir al Dios vivo y verdadero, abandonando todo aquello que nos separa de Él. Y nos volverá a preguntar: ¿De verdad me quieres servir? ¿De verdad quieres permanecer a mi lado? ¿De verdad me amas sobre todas las cosas, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser? Y nuestra respuesta seguirá siendo sí, y Él nos responderá: “ama a tu hermano, atiende su dolor, alivia su sufrimiento y acógele, incluso con su pecado, porque así, guardarás mi Palabra y Yo viviré en ti”.

Hna. María de Gracia del Río Villodres

Jueves, 01 Octubre 2020 10:29

REVISTA DIOCESANA OCTUBRE 2020

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Rutas para descubrir las Hoces del Río Duratón


Coincidiendo con la celebración de «El Tiempo de la Creación» (del 1 de septiembre al 4 de octubre) y con el V Aniversario de la Encíclica ‘Laudato Si’, la Diócesis de Segovia convoca el I Concurso de Fotografía «Tiempo de la Creación», con el objetivo de admirar la belleza de la creación y prestarla atención, captar sus detalles y concienciar de que el cuidado de la creación es responsabilidad de todos.

 

El objetivo es que los participantes, a través de las fotografías que presenten, muestren la concienciación, sensibilización y actuación de la sociedad en general y de cada uno de sus componentes, con independencia de su edad o de cualquier otra característica personal o social, para que protejan su entorno (ya sea el medio natural, rural o urbano) y adopten actitudes que favorezcan un desarrollo sostenible y solidario de nuestra provincia.

De esta forma, el concurso versará sobre «El Jubileo de la Tierra»: demos a nuestra tierra su tiempo, cesemos en la explotación indiscriminada de sus recursos, observemos la íntima relación y dependencia entre la tierra y el ser humano.

Los participantes podrán acceder a una de las tres categorías propuestas: infantil (de 6 a 11 años), juvenil (de 12 a 17 años) y adulta (de 18 años en adelante) y podrán presentar un máximo de dos fotografías por persona. Así, se concederá un premio para cada categoría, consistiendo en la entrega de un ejemplar de la Encíclica ‘Laudato Si’ y la cantidad de 100 euros en categoría infantil, 200 euros en juvenil y 400 euros en la categoría adulta.

Como requisito indispensable, las obras presentadas tienen que ser originales e inéditas y habrán sido realizadas en cualquier lugar de la provincia de Segovia. Además, no se admitirán fotografías manipuladas digitalmente, ni virajes de color o montajes fotográficos.

 Las fotografías podrán presentarse o enviarse, acompañadas de la documentación personal requerida, hasta el próximo 24 de mayo de 2021 en la sede del Obispado de Segovia, calle Seminario, 4, 40001 Segovia con horario de entrega, de lunes a viernes, de 10.00 a 14.00h.

Los premios se entregarán el viernes 18 de junio de 2021 (día de presentación de la encíclica ‘Laudato Si’) y, posteriormente, todas las fotografías permanecerán expuestas en el Museo Diocesano del 21 de junio al 15 de julio.

Puedes consultar y descargar las bases completas aquí o en el banner que aparece en la columna derecha de la página principal de nuestra web

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El día 1 de septiembre la Iglesia celebraba, por deseo del Papa Francisco, la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, e iniciaba el Tiempo de la Creación que culmina este 4 de octubre en memoria de san Francisco de Asís. La sensibilidad actual hacia la ecología ha puesto la creación en el centro de la reflexión teológica, aunque hay que decir que no es ninguna novedad, dado que en la Biblia y en la enseñanza de la Iglesia la teología de la Creación es uno de los goznes sobre los que gira el pensamiento católico. La creación que Dios puso bajo el cuidado de Adán y Eva es, como se dice ahora, la «casa común» que debemos proteger de todo pillaje, atropello, deterioro y, en último término, aniquilamiento.

El hombre no es dueño de lo creado; sólo su custodio y protector. Los atentados contra lo creado se convierten en pecados contra el Creador y contra el mismo hombre. Según el papa Francisco, este Tiempo de la Creación es «un tiempo sagrado para recordar, regresar, descansar, reparar y alegrarse». Deseo hacer algunas consideraciones siguiendo la cadena de estos verbos.

Tiempo para recordar que la creación salida de las manos de Dios no está llamada a la destrucción sino a la vida más allá de este tiempo de la historia humana. Dios no ha creado nada para la muerte, sino para la vida. Y de la forma que sólo Dios conoce, también la creación será glorificada cuando Dios consume su obra. Así lo dice san Pablo en su genial capítulo 8 de la carta a los Romanos que presenta a la creación gimiendo por la esclavitud a la que le somete el pecado del hombre y ansiando verse libre de su tiranía.

Tiempo para regresar a la conciencia de ser criaturas de Dios, hechos a su imagen y semejanza. Sólo si vivimos la adecuada relación con el universo en nuestra vocación de custodios, nunca de dominadores absolutos, podemos conducirlo hacia su meta final. En este sentido, es muy actual lo que dijo Benedicto XVI en el Parlamento alemán: «Hay también una ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana». ¿No hay cierta hipocresía al hablar de la ecología y asumir, no obstante, ideologías que cercenan la ecología humana?

Tiempo para descansar, porque la creación no ha nacido de las manos de Dios para condenar al hombre a un trabajo exhaustivo y esclavizante en el que la única meta es la explotación egoísta de los recursos naturales. Dios descansó el séptimo día y, contemplando su obra, vio que era buena y bella. El hombre debe también descansar y optar por estilos de vida que compaginen el trabajo con la admiración y contemplación de lo creado.

Tiempo para reparar y alegrarse. Necesitamos reparar el mal hecho con una nueva, respetuosa y benéfica relación con la creación. Para ello, como dice el Génesis, debemos tener en cuenta que el pecado original ha introducido en nuestra naturaleza un germen de dominio que corrompe nuestra vocación de custodiar la naturaleza, a la que servimos si no borramos de nosotros la imagen de Dios. Entonces, la reparación del mal nos inundará de gozo y cantaremos con toda la creación al Dios que nos ha llamado a la vida que trasciende la muerte. Si el universo, por sí mismo, canta la gloria de Dios, unámonos a su alabanza como hizo san Francisco de Asís.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia

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