Lunes, 21 Septiembre 2020 08:09

La «misión canónica» de los profesores de Religión

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En este domingo, al comienzo del curso escolar, los obispos diocesanos entregamos en el marco de la eucaristía lo que se conoce como «misión canónica» a los profesores que durante el curso se dedican a la enseñanza académica de la religión católica. Con esta «misión canónica» manifestamos que los profesores están acreditados para enseñar en nombre de la Iglesia, no sólo porque tienen su formación universitaria para enseñar en los distintos niveles, acreditada por los respectivos títulos, sino porque, además, están en posesión de los estudios de ciencias religiosas que las universidades y centros eclesiales otorgan para este fin. El obispo, como responsable último de la enseñanza de la religión católica en su diócesis, concede la misión de enseñar en nombre de la Iglesia, de manera que los padres de los alumnos tienen la garantía de que la formación que reciben sus hijos responde a lo que la Iglesia cree y enseña.

El derecho a recibir formación religiosa, según las diversas creencias de los grupos sociales, está reconocido en la Constitución española, art.27. y en otros tratados internacionales sobre libertad y educación religiosa y derechos de la infancia. Asimismo, los acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede establecen el modo de proceder en nuestro país, que, con más o menos variantes, existe en la práctica totalidad de los países de la Unión Europea. Hay que decir que el derecho a educar a sus hijos en sus propias convicciones morales y religiosas es propio de los padres, no lo otorga el Estado, simplemente lo reconoce. Los padres, por derecho natural, son los últimos responsables de la educación de sus hijos. Y el Estado, de modo subsidiario, como también la Iglesia, les ofrece los medios para ejercer sus derechos. En España este derecho desde hace décadas se viene realizando de la siguiente manera: los centros, tanto de la escuela de iniciativa estatal como de iniciativa social, están obligados a ofrecer la asignatura de Religión a los padres y alumnos, que son libres de acogerla o no. No se impone, se ofrece. Pero debe ofrecerse con todas las garantías que se dan en el resto de las demás asignaturas fundamentales: enseñanza durante el horario escolar, evaluación de su aprendizaje y capacidad de computar para becas y nota media. Sacar la asignatura del horario escolar y no evaluarla y computarla debidamente iría contra la consistencia de la asignatura y relegarla a un mero entretenimiento. Para entretener ya está el recreo. Hay que decir que los profesores de Religión, capacitados como los demás para la misión de enseñar, deben ser tratados como el resto de los miembros del claustro de profesores con sus mismos derechos y obligaciones, sin discriminaciones ni censuras de ningún tipo, siempre naturalmente que cumplan con su misión. La Iglesia no los nombra; los presenta como educadores capaces de exponer la materia de la Religión.

En la actualidad, como saben, se está llevando a cabo la tramitación de la nueva ley de educación, en la que, a juicio de la Iglesia y de instituciones docentes, no se ha dado el necesario diálogo con las fuerzas sociales propio de una sociedad democrática. En el proyecto de la nueva ley, hay aspectos que atentan contra la libertad de enseñanza y ponen en peligro la enseñanza religiosa, que es solicitada en la actualidad por el 67 por ciento del alumnado. En el proyecto de la nueva ley ha desaparecido el concepto de demanda social, que, paradójicamente, funciona para la ley de la eutanasia. Demanda social es la solicitud por parte de los padres o alumnos de recibir esta educación religiosa. También se pretende quitar la alternativa de la asignatura de religión para aquellos alumnos que no deseen cursarla; alternativa cuyo diseño corresponde al Estado. Y, por último, la asignatura de Religión no entraría en el cómputo general de notas para conseguir una beca. Es decir, todas las medidas suponen una devaluación de la asignatura, que va en contra de lo que establecen los Acuerdos de la Iglesia y del Estado Español y lo que se desprende de la Constitución española cuando afirma que la educación se dirige a la formación integral de la persona.

En pleno siglo XXI no se puede negar que el hecho religioso constituye parte esencial del patrimonio de la humanidad en todas sus culturas y que privar a las nuevas generaciones de la formación religiosa es favorecer y potenciar la ignorancia. Como decía Cicerón, no hay pueblo, por ignorante que sea, que no tenga sus dioses. Y un pensador socialista francés, Jean Jaurès, matriculó a su hijo en la clase de Religión porque, según le dijo, no podía entender nada de la cultura europea, de los derechos humanos, de las diversas artes y del pensamiento en general, sin el conocimiento de la religión católica.

Quienes pretenden sacar la asignatura de Religión del currículum escolar, argumentan que los padres ya tienen las parroquias para dar catequesis. Ignoran, con ignorancia culpable, que hay dos modos de enseñar la religión: la catequética (impartida en las escuelas), y la académica, que es propia de la escuela. La distinción no se refiere tanto al contenido cuando al método, porque el contenido, como es obvio, es el mismo. El método catequético supone la fe; el académico no. Es decir, los niños y jóvenes que van a catequesis parroquial ya tienen fe y van a crecer en ella y cultivarla. En la escuela, puede haber alumnos que no tengan fe y quieran conocer la religión para ampliar sus conocimientos. Por eso, el método académico enseña la religión sin presuponer la fe, sino partiendo de la razón: se pretende explicar que la fe en Dios y en sus misterios es razonable: se trata de la razón que busca entender. Valga esta anécdota: en una de mis visitas pastorales a un colegio, dos niños musulmanes quisieron asistir a mi encuentro con los alumnos de Religión porque querían conocer el pensamiento del obispo sobre la religión católica.

Por tanto, lo que se hace en la escuela no es, como ha dicho algún político, adoctrinamiento ni catequesis, es sencillamente, enseñanza académica según su propio método. Podemos decir lo mismo con la lengua: uno aprende a hablar en casa, conversando, escuchando, etc., pero llega un momento en que ese aprendizaje no basta: necesita el conocimiento académico de la fonética, ortografía y la sintaxis para poder escribir y expresarse con toda propiedad.

Queridos profesores: no tenéis fácil vuestra tarea. La sociedad actual, que se denomina democrática, posee demasiados tics de estilo totalitario, que no tienen en cuenta que la sociedad es anterior al estado, y la familia anterior a la escuela. En el tema educativo se quiere influir de modo determinante con el fin de implantar una única forma de pensar y de comprender la persona humana según patrones materialistas en los que se prescinde de Dios y de la formación humanista. Se quiere quitar a Dios de las aulas y de la sociedad. Con esto se conculcan los derechos de los padres a trasmitir sus valores religiosos y éticos que dan consistencia a sus hogares y a su modo de vivir. Los rancios prejuicios antirreligiosos y anticatólicos, que deberían estar superados, están de moda y pretenden implantar un modelo de sociedad que ha sido denominada por el Papa Francisco como «colonización ideológica» al referirse a la ideología de género.

La Iglesia debe defender el concepto del hombre integral en el que la materia y el espíritu están unidos de modo inseparable. Los políticos tienen la misión de gobernar, ciertamente; pero su misión no es la de conformar la sociedad según su propia ideología, ni definir la naturaleza de la persona humana, de la vida y de la muerte, del amor y de la sexualidad, de la familia y, menos aún, de la constitución psico-física de la persona. Eso no es competencia del Estado, ni de los políticos, pues supondría una intromisión en el campo de la conciencia humana que tiene sus propias exigencias éticas y morales.

Os animo a realizar vuestra tarea con alegría, responsabilidad y competencia. Tenéis en vuestras manos la formación de las nuevas generaciones llamadas a crear un futuro mejor en todos los órdenes y a entender que el hombre es la criatura más noble de la creación, sencillamente porque ha sido hecha a imagen y semejanza del Dios Creador. Que Dios y la Virgen de la Fuencisla en cuya novena estamos os bendiga. Amén

 

 

 

 

 

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