«Con Jesús y como Iglesia, tú eres misión, somos misión». Carta pastoral curso 2024-2025

Durante este curso 2024-2025, tercero del plan trienal de pastoral, el lema que orientará nuestros trabajos será «con Jesús y como Iglesia, tú eres misión, somos misión». Somos conscientes de que el lema del trienio, «Hago nuevas todas las cosas» (Apc 21,5) remite a Jesús como protagonista de nuestra historia y nos sitúa en su seguimiento bajo la acción del Espíritu. Sólo así podemos discernir lo que el Señor quiere de nosotros en orden a la renovación constante de la Iglesia diocesana y a la adecuación que deseamos llevar adelante para adaptarla a la situación actual.

            También somos conscientes de que cada cristiano es «misión», como ha dicho el Papa Francisco, y que esta misión no puede ser otra que la de Cristo y su Iglesia. Involucrarse en la misión desde la propia identidad personal es la primera exigencia de nuestra vocación bautismal. En este curso se concluye, además, el Sínodo sobre la sinodalidad, lo cual interpela a nuestro modo de ser Iglesia y nos alienta al saber que nunca estamos solos en nuestra vida cristiana y eclesial. Por otra parte, la celebración del año jubilar sobre la esperanza es una ocasión para vivir como peregrinos que conocen su meta: la plenitud de la vida eterna más allá de la muerte.

            Con esta carta quiero animar a toda la diócesis a tomar conciencia de nuestra misión en este mundo, lo cual favorecerá el que las acciones específicas de este curso se realicen con la confianza de que el Señor Resucitado nos precede en la acción, la llena de sentido y la hará fecunda según su voluntad.

            Quiero insistir en algunas ideas que sustentan la programación de este curso.

  • La vocación bautismal.

Nunca insistiremos bastante en este fundamento de cualquier actividad de los cristianos. Gracias a la inserción en Cristo por el bautismo y al sacramento de la Confirmación, el cristiano es, por su propia naturaleza, un enviado al mundo el estilo de Jesús, el Enviado del Padre. Los laicos no reciben su misión de los sacerdotes que les pueden encargar tareas específicas en la comunidad cristiana. Por el hecho de estar bautizados son enviados al mundo como discípulos y misioneros que asumen conscientemente la misión de Cristo. Su lugar específico es la sociedad. De ahí que sea tan importante una auténtica y completa iniciación cristiana que capacite para el testimonio en la vida pública y para el ordenamiento de la sociedad según los criterios evangélicos y la Doctrina Social de la Iglesia. El Congreso que la Conferencia Episcopal Española prepara sobre pastoral vocacional del 7 al 9 de febrero nos recordará que la Iglesia es una «asamblea de los llamados para la misión» que, siendo única, cada uno debe vivirla según la llamada que Cristo le dirija. Por ello, es necesario escuchar a Dios en la oración y lectura de la Palabra de Dios, en el acompañamiento espiritual y en la vivencia de una comunidad cristiana concreta en la que maduramos la fe y crecemos en el sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana y universal.

  • Importancia de los cauces

 Para fomentar la pertenencia a la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, es preciso salir de nuestro individualismo y participar en los ámbitos de formación y corresponsabilidad que existen en los diversos niveles de la Iglesia: diócesis, arciprestazgo, parroquia, grupos y movimientos estables de vida cristiana, cofradías y hermandades, la Acción Católica... El afecto a la Iglesia crece en la medida en que acogemos los cauces de participación que se ofrecen para la formación y la acción pastoral conjunta. Un cristiano solo no es cristiano, decía Tertuliano. La condición social de la persona humana nos llama a la convivencia, a compartir la vida y los bienes con los demás. La persona tiende a asociarse impulsada por sus intereses de todo tipo (políticos, culturales, deportivos). La Iglesia ha nacido como una «comunión» y está llamada a ser familia de Dios invitando a todos los pueblos a incorporarse al dinamismo del Espíritu que la mantiene en la unidad de la fe, esperanza y caridad. No olvidemos que Jesús nos ha dicho que los hombres creerán en él por el testimonio de la unidad.

  • La familia, iglesia doméstica

 La importancia de la familia como célula de la sociedad alcanza en la Iglesia una significación especial al ser definida como «iglesia doméstica». En la descristianización actual nadie puede negar que un elemento decisivo ha sido la pérdida del valor cristiano de la familia como lugar de crecimiento en la fe y en la misión hacia el mundo. La vivencia de la Iglesia comienza en la familia como comunidad cristiana en la que todos sus miembros se edifican con la fuerza del evangelio. Cuando la familia se separa afectiva y efectivamente de la Iglesia se abre una brecha difícil de superar en la evangelización de sus miembros. El sacramento del matrimonio, vivido en su plenitud, es el fundamento de la familia como iglesia doméstica. Los fracasos de las catequesis y de los sacramentos de iniciación cristiana tienen su origen en gran medida en que la familia ha perdido su referencia esencial a la Iglesia, de manera que familia e Iglesia llegan a ser dos mundos separados en la experiencia de niños, adolescentes y jóvenes. El interés que la Iglesia muestra por la familia no es una «táctica» para conseguir adeptos; es el reconocimiento de que la experiencia y vivencia de la fe es inseparable de una vida conforme al evangelio que se recibe en el ámbito natural de la familia. De ahí la importancia de familias que den testimonio de un modo de vida que no se acomoda a la «mundanidad» sobre la que el Papa Francisco nos advierte con frecuencia. Hay una forma de vivir según Cristo que se distingue esencialmente de lo que proponen las antropologías cerradas a la trascendencia.

Con la ilusión de comenzar un nuevo curso y con la esperanza puesta en quien no defrauda, el Señor Resucitado, aceptemos esta nueva oportunidad que él nos da para trabajar junto a él en la tarea más apasionante que el hombre puede soñar a pesar de su fragilidad: hacer nuevas todas las cosas. María, Madre de Cristo y de la Iglesia, caminará a nuestro lado y nos enseñará a vivir el evangelio mediante la obediencia de la fe.

Con mi afecto y bendición

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