Gracias a Dios, este verano he tenido la oportunidad y la suerte de poder disfrutar de una experiencia inolvidable, de estas que se te quedan marcadas para toda la vida, que te hace crecer como persona, te hace ver que no tienes que tener miedo de tu Fe, tu religión, que millones de personas más creen como tú y que ninguna tiene miedo de demostrarlo.

Han sido unos días impresionantes, ver como unas familias sin conocerte de nada, te tratan como reyes, como si verdaderamente fueras su hijo es algo que te llena.

A pesar del miedo que tenía, ya que no sabes que familia te va a tocar, no sabes si vas a poder comunicarte con ellos, si te gustará la comida de otro país, adaptarte a sus horarios y costumbres, puedo decir que nada de eso importa, no te importa tener que llegar cansada a casa, o tener que levantarte al día siguiente a las seis de la mañana , porque sabes que vas a disfrutar del día, que te da igual que llueva, que haga un calor horroroso o que no puedas casi ni andar por tu dolor de rodilla, Dios te da fuerzas y logras llegar a donde te propones.

Y entonces en ese momento te planteas que si eso es así en un camino, ¿por qué no va serlo en tu vida?.

Este viaje me ha ayudado mucho a reflexionar, a encontrarme a mi misma, pensar en lo bueno que tengo en mi vida y a lo mejor comenzar a deshacerme de aquello que me hace tropezar.

No hay palabras para describir estos quince días, ha sido todo risas, alegría y mucha fuerza para afrontar el año que viene por delante; además de que he tenido la suerte de estar con un grupo de personas fantástico, que sin conocer antes de nada, sabes que nunca las vas a olvidar y que si algún día vuelves a reencontrarte con ellas, recordareis juntos las horas que hemos pasado en un autobús, las canciones que cantábamos, y además sabes que te lo vas a pasar bien con ellos.

Y lo mas importante de este viaje es que nos hemos dado cuenta ,o al menos yo, que ninguno de nosotros somos jóvenes sofás, si no que tenemos puestas las zapatillas y estamos dispuestos a recorrer el mundo si hace falta por defender aquello en lo que creemos. 

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