test alba 2Como joven de 21 años he de decir que ha sido muy gratificante la experiencia. Previamente estuve en la de Madrid en 2011 y creí que nada iba a superar aquellos días en Cuéllar con los peregrinos de que allí se quedaron. ¡Cuán equivocada estaba!

Esta jornada me ha ayudado a ver que hay muchas familias capaces de dar todo aquello que poseen a totales desconocidos pero en los que confían por el mero hecho de ser peregrinos y haber viajado hasta su país por seguir a Cristo. 

En mi caso, estuve en dos pueblos distintos, con dos familias totalmente diferentes, pero con las que el inglés se volvió imprescindible para comunicarnos. En Babienica, el primer destino, me sentí una hermana más en aquella casa. Cada vez que llegábamos a casa la hija mayor, Julka, nos preguntaba siempre si necesitábamos comer o beber y en seguida nos lo ofrecía. El último día estuvo lleno de emociones ya que Julka se despedía de nosotros entre lágrimas pensando que nunca más nos volvería a ver. Esto no fue así ya que, cuando estábamos en el segundo pueblo, Bochnia, hicimos una excursión a Cracovia y nos volvimos a encontrar. Fue tan gratificante ver que al cruzarte por la calle con miles de personas ella fuera capaz de distinguirnos y venir como loca a abrazarnos... El mejor recuerdo que conservaré de estos días sin duda.

La segunda familia constaba de un matrimonio y dos hijos. El padre a penas estuvo en casa pero la madre se desvivía porque no nos faltara de nada. Lo niños al principio fueron muy tímidos y sentían vergüenza por nuestra presencia en su casa pero cuando fueron pasando los días hasta nos llevaron a su habitación para que viéramos sus juguetes. Recuerdo una conversación que tuve con la madre en la que me dijo que no sabía cómo pagarnos todo lo que le estábamos aportando a su familia, que era algo de lo que siempre estaría agradecida. ¿Nosotros estábamos aportando a su familia? ¡Eran ellos los que nos daban todo lo que tenían, un techo, un lugar donde dormir, comida...!test alba 4

Todo esto se juntó con los tres días de autobús de ida y tres de vuelta con la diócesis de Segovia. Había muchos amigos a los que ya conocía y con los que ya simpatizaba pero nunca hubiera imaginado que congeniaría con tanta gente y menos en dichas condiciones, donde el cansancio hacía mella en nuestro carácter.

Me llevo muchos gratos recuerdos que espero no olvidar nunca, ya que me ayudarán a crecer como persona y a empatizar con gente de distintos caracteres a mí. Desde luego, no me arrepiento de haber asistido a esta JMJ en Cracovia. 

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