Esta ha sido mi primera Jornada Mundial de la Juventud  y es una experiencia que repetiría y que recomiendo porque cada día he aprendido algo nuevo que se que me va a servir en mi día a día, he conocido a personas maravillosas y he podido compartir el viaje con grandes amigos y de esta manera reforzar la amistad.

Gracias a esta experiencia he podido salir de España por primera vez y conocer un país tan bonito y acogedor como lo es Polonia, también me ha permitido conocer una pequeña parte de Francia y Alemania.

La parte del viaje más dura ha sido sin duda alguna, el autobús porque han sido muchas horas en las que teníamos un espacio muy reducido y que intentábamos hacerlo más ameno durmiendo, hablando con las personas que estuviesen en los asientos contiguos, cantando canciones, viendo alguna película o incluso jugando a las cartas.

Estuvimos con dos familias durante la estancia en Polonia: la primera fue en Babienica, un pequeño pueblo en el que compartí la experiencia con tres chicas de Segovia. La familia era numerosa, muy acogedora y con ellos descubrimos comida típica del país y sus costumbres. Les tengo mucho cariño porque compartimos muchas horas durante esos 5 días.

La segunda familia fue en Bochnia, esta vez no estuvimos tanto tiempo en conjunto puesto que teníamos menos tiempo libre y no vivíamos con ellos, si no en una casa diferente pero hacían pequeños esfuerzos para poder vernos. En esta ocasión, la convivencia se dio con compañeras de Cuéllar.

Otra parte fundamental del viaje fueron los encuentros con el resto de participantes que a mí me parecieron espectaculares por la cantidad de personas que estábamos compartiendo la misma pasión.

En definitiva, lo que me llevo de este viaje es un gran aprendizaje y unos amigos maravillosos.

Volver