SábSep24

Domingo XXV TO: La Virgen de la Fuencisla, luz para el camino.

Al concluir las fiestas en honor de la patrona de Segovia, la Virgen de la Fuencisla, quisiera destacar algunas actitudes de María que son siempre actuales en la tarea evangelizadora de la Iglesia. La devoción mariana no es un invento de piedades superadas por el tiempo, sino que pertenece a la entraña misma del evangelio. Y aunque éste nos dice poco de María, ha trazado los rasgos de su personalidad creyente, que la convierten en tipo perfecto de la Iglesia. María es llamada «estrella de la evangelización» porque ilumina a cuantos nos sentimos enviados por Cristo a llevar el evangelio a todos los hombres. He aquí dichos rasgos:

  1. Acoge y obedece a la Palabra de Dios. Preocupados por la acción, que muchas veces deriva en activismo estéril, olvidamos que un evangelizador es el que vive atento a lo que Dios quiere de él para ponerlo en práctica. Nadie mejor que Cristo ha alabado a su madres: «Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen», dijo pensando en ella. La evangelización es tarea fundamental del Espíritu y de quienes, dóciles a él, secundan sus planes. María acogió la Palabra de Dios, la hizo propia en su corazón y en su carne, y la conservó en la contemplación fiel de Cristo. La Virgen es fiel reflejo de Cristo que vino a hacer la voluntad de su Padre.
  2. Pronta para el servicio. María está urgida por la misma caridad de Cristo para ponerse a disposición de quienes la necesitan, como sabemos por la escena de la Visitación a Isabel. Sale «deprisa» a la montaña, una vez conocida la necesidad de su pariente y la sirve con humildad. Servir es propio del cristiano. Es la vocación explícita de Cristo que no ha venido a que le sirvan sino a servir. Y es el mandato que nos dejó en la última cena mediante el gesto de lavar los pies a los apóstoles. La prontitud de María expresa la urgencia de Cristo por servir a los hombres con la entrega de su vida.
  3. Detecta la necesidad de salvación. En las bodas de Caná, María constata la necesidad de salvación que tienen los novios. No se trata de la carencia del vino físico. El vino es el símbolo de los bienes de la salvación, y Cristo es el único capaz de ofrecerla. Por eso, ofrece un vino nuevo, mejor, definitivo, cuyo significado último sólo se descubre en la cruz, donde María aparece como la Madre de los creyentes. Evangelizar es detectar la necesidad de salvación que tienen los hombres y acercarlos a Cristo, como hizo María: «Haced lo que él os diga». María se sabe intermediaria, no protagonista. Sabe que sólo Cristo merece la obediencia de los hombres. Por ello no se calla, ni esquiva su papel de mediación. ¡Cuántas veces, por prejuicios o temores, desaprovechamos la ocasión de acercar a los hombres a Cristo!
  4. No rechaza la cruz. María supera con fortaleza el escándalo de la cruz permaneciendo junto a Cristo en el Calvario. Avergonzarse de la cruz es avergonzarse del evangelio, de su fecundidad oculta, de su aparente fracaso. Queremos triunfar, tener éxito, y nos olvidamos de la única sabiduría que salva al mundo: la de la cruz. No hay verdadera acción pastoral que no esté marcada por la paradoja de la cruz. «Predicamos a Cristo, dice san Pablo, y Cristo crucificado».
  5. María es la Iglesia orante. En Pentecostés, con los apóstoles, María permanece en oración a la espera del Espíritu. Los frutos de la evangelización nacen siempre de la oración intensa, comunitaria, que invoca al Espíritu. Sólo Él hace fecunda nuestra acción. Por ello, invito a toda la diócesis a orar con María para que nuestra acción misionera en este curso responda a la voluntad de Dios y Segovia sea bendecida con sus dones.

+ César Franco Martínez,

Obispo de Segovia.

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