SábFeb27

En la parábola de la higuera estéril, que leemos en este domingo, Cristo ha querido ocultarse bajo el disfraz del viñador. La imagen de Dios, dueño de la viña, es clásica en la literatura bíblica. El pueblo de Dios es comparado con una viña que Dios cuida con amor, la cava, la abona, la cerca para evitar las alimañas y se desvive por ella esperando sus frutos.

Jesús habla de una higuera plantada dentro de una viña que, al cabo de tres años de cuidados, no da frutos. Su esterilidad irrita al dueño y manda al viñador que la arranque. Pero éste intercede y pide un año más para regarla, cavarla y abonarla para que sea fecunda.

Es claro que el dueño de la viña es Dios, y el viñador es Cristo que intercede y pide paciencia al Padre con la esperanza de que, al cabo del año, la higuera produzca frutos. La imagen de Cristo viñador es muy entrañable. Nos revela que cada uno de nosotros está plantado en la viña del Señor y recibe de Cristo todo lo necesario para dar fruto. Los trabajos de Cristo han sido inconcebibles, pues son trabajos de pasión y de muerte. ¿Qué más pudo hacer por nosotros que no hiciera? cantará la Iglesia en el Viernes Santo. Y con una queja de amor herido, preguntará: «Pueblo mío, ¿qué te he hecho, en qué te ofendido? Respóndeme».

Santa Clara de Asís, se denominaba a sí misma «sierva de Cristo, plantita de nuestro muy bienaventurado padre san Francisco». Reconocía con esta imagen que el Pobre de Asís la había cuidado como se hace con una planta querida en la que volcamos toda la ternura del corazón para verla crecer y florecer. Si eso hizo san Francisco con santa Clara, podemos entender la magnitud de lo que Cristo ha hecho por todos y cada uno de nosotros. San Pablo dirá «Cristo me amó y se entregó por mí». No hay amor más grande que el de dar la vida por los que se ama.

Se explica así que Dios espere de nosotros frutos, porque sabe lo que Cristo ha hecho por nosotros al ofrecernos su vida. Y se entiende también que, si no encuentra frutos, se indigne y pretenda arrancar la higuera estéril. Es la indignación del amor que busca respuesta y que sufre ante la entrega del Viñador que parece no haber sido reconocida como debiera. Aún así, siempre nos da tiempo para dar fruto porque el Viñador no se cansa de interceder.

+ César Franco

Obispo de Segovia.

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