LunDic28

Dios, educado por hombres

Dice el Papa Benedicto XVI que en el evangelio «no encontramos discursos sobre la familia, sino un acontecimiento que vale más que cualquier palabra: Dios quiso nacer y crecer en una familia humana. De este modo, la consagró como camino primero y ordinario de su encuentro con la humanidad». Si ya es sorprendente que el Hijo de Dios haya querido asumir la realidad familiar como propia, necesitando del cuidado de unos padres y aprendiendo a ser hombre en cada circunstancia de la vida, más lo es el hecho de haberse sometido a su autoridad, como dice san Lucas, durante su infancia, adolescencia y juventud. La familia fue para Cristo el lugar donde «iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (2,52).

La trascendencia del Dios creador y omnisciente se ha compaginado con la inmanencia de lo creado que encuentra en el hombre su más alta cima. Este hacerse hombre, carne y sangre nuestra, entrando en la historia humana como miembro de la familia de Nazaret, hace de la familia el lugar excelente donde el hombre alcance su plenitud. La familia, dice Gaudium et Spes, es «escuela del más rico humanismo». En ella, el hombre es amado por lo que es y no sólo por lo que vale según las cualidades que posea o el posible rendimiento y beneficio que pueda aportar a la sociedad. Se explica así que la familia sea el objetivo prioritario de la doctrina social de la Iglesia, pues de ella depende el progreso de la sociedad. Hoy, como recuerda el Papa Francisco, «la familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos» (EG 66). 

Si Dios ha querido hacerse hombre y alcanzar su madurez humana en la convivencia familiar, en el aprendizaje del oficio de su padre legal, y hasta en el crecimiento de la gracia, significa que la familia, si cuida los valores que le son propios —empezando por su dependencia de Dios— y se somete al designio de la creación, seguirá siendo la escuela de rico humanismo, capaz de ofrecer al mundo la solución de los muchos y graves problemas que oscurecen el panorama de nuestra sociedad.

+ César Franco
Obispo de Segovia

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