Carta pastoral de monseñor César Franco                                                                                                                                                            para el día del Corpus Christi

corpus-Segovia

«¿Qué haces con tu hermano?»

Carta pastoral de César Franco.

Obispo de Segovia

7 de Junio de 2025

            

 

Es ya tradicional celebrar en la solemnidad del Corpus Christi el día de Cáritas. Este año lo hacemos con el lema «¿qué haces con tu hermano?», que recuerda el reproche de Dios a Caín cuando mata a su hermano Abel. Dios le pregunta: «¿Dónde esta tu hermano?», «¿qué has hecho?». Al excusarse Caín, Dios le dice abiertamente: «La sangre de tu hermano clama justicia ante mí».

Desde el inicio de la humanidad, la lucha fratricida, el desprecio del prójimo y el olvido de sus necesidades han sido notas distintivas de la condición humana herida por el pecado original. Este desorden radical ha sembrado en el corazón del hombre los gérmenes que nos dividen y enfrentan unos con otros hasta acostumbrarnos al sufrimiento de nuestros hermanos que padecen en su alma y cuerpo el odio asesino, la marginación, e incluso la muerte. La sangre de los que muren y el dolor de los que padecen necesidad claman justicia ante Dios, que nos pregunta: «¿Qué haces con tu hermanos».

Cáritas pretende responder a esta pregunta mediante el camino que Cristo ha abierto con la entrega de sí mismo en la Eucaristía, cuya solemnidad celebramos. Cristo se ha entregado por los hombres en un amor sin reservas, dando su Cuerpo y Sangre como alimento de eternidad. Este gesto de Cristo se ha convertido en el fundamento de la Iglesia y de la caridad que pretende llevar a todos los hombres. San Pablo dice que «la caridad de Cristo nos urge al considerar que si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2Cor 5,14-15). El amor de Cristo es el que justifica nuestra caridad, hasta el punto de que ya no vivamos para nosotros mismos sino para los demás, compartiendo nuestra vida y bienes con los más necesitados. Cuando san Pablo organiza entre sus iglesias una colecta para la Iglesia de Jerusalén, la justifica diciendo: «Conocéis la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2Cor 8,9). No se puede ser más explícito: Cristo nos ha enriquecido haciéndose pobre; de igual modo, nosotros debemos enriquecer a los demás empobreciéndonos mediante la caridad fraterna.

Si celebramos bien la eucaristía, entenderemos que en ella encontramos hecho realidad lo que nos dice san Pablo. Cristo se ha empobrecido de tan manera que ha quedado convertido en la comida de la Iglesia. Su Cuerpo y Sangre se han hecho banquete de vida, comunión e inmortalidad. Quienes participan en este banquete conforman su vida a la de Cristo y progresivamente se van transformando en Cristo asumiendo su mismo estilo de vida, sus comportamientos, su voluntad de dar la vida a otros. Cáritas es la expresión de esta amor de Cristo que quiere alcanzar a todos los hombres mediante la entrega de los cristianos.

Cáritas no es una organización al margen de la Iglesia, ni independiente de ella. La forman todos los cristianos que, con sus ofrendas, limosnas, aportaciones periódicas y el tiempo que dedican a los demás acogiendo y visitando a los necesitados, muestran el rostro materno de la Iglesia que sufre con la pobreza espiritual y material de sus hijos. La Caridad es el núcleo más íntimo de la Iglesia, su fuego y fuerza interior. Por ello, es preciso que cada comunidad cristiana, cada parroquia se organice de manera que la preocupación por los pobres esté en el centro de su acción misionera y apostólica. Invito, pues, a todas las parroquias y comunidades cristianas a vivir con un solo corazón y una sola alma el ejercicio de la caridad, para que el testimonio de los creyentes manifieste el amor de Cristo que no vino a ser servido sino a servir y a dar la vida por los hombres. Bien podría ser este el lema de Cáritas: servir hasta dar la vida. Eso es lo que celebramos el día del Corpus Christi, día de la Caridad. Sólo la contemplación de Cristo en la Eucaristía aumentará nuestro amor, nuestro deseo de compartir los bienes con los más necesitados, y hará de nuestra diócesis, de nuestras parroquias y comunidades el signo vivo de que Dios cuida de sus hijos más pobres, en los que Cristo reclama que hagamos con ellos lo que haríamos con él.

Aprovecho esta carta para dar gracias a la Cáritas diocesana y a todos los grupos de cáritas que existen en las parroquias y comunidades cristianas por sus trabajos y desvelos, en este campo fundamental de la Iglesia. Y pido al Señor y a Santa María, Madre suya y nuestra, que en todo lo que hacemos brille siempre el amor de Cristo, anonadado, crucificado y hecho eucaristía por nosotros. Sólo así nuestra caridad no será una farsa, nuestra mano derecha no sabrá lo que hace la izquierda y, lejos de enorgullecernos por lo que hacemos, daremos gracias a Dios que nos permite servir a los pobres que, como él mismo dijo, siempre estarán con nosotros.

Os bendigo de corazón

+ César Franco

            Obispo de Segovia

 

 

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