Carta pastoral de monseñor César Franco                                                                                                                 por Adviento, Navidad y visita pastoral

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Dios visita a su pueblo Adviento, Navidad y visita pastoral del obispo

Carta pastoral de Mons. César-A. Franco Martínez

Obispo de Segovia

              

 

Queridos diocesanos:

Quiero aprovechar el tiempo de Adviento para desearos que vuestra esperanza crezca más y más, alentada por la certeza de que Cristo viene de nuevo a nosotros en las fiestas de Navidad. Es la esperanza que el mundo necesita y que se funda sobre la promesa de que Dios acompaña siempre a su pueblo y le guía hacia la verdadera vida y felicidad.

En el rezo de Laudes, la Iglesia afirma cada día que en Cristo Jesús Dios ha visitado y redimido a su pueblo. «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, dice Zacarías, nos visitará el sol nacido de la alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de la muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz». No puede haber noticia más gozosa que ésta: la visita de Dios que nos arranca de la tiniebla del pecado y de la muerte para conducirnos hacia la paz, conjunto de todos los bienes mesiánicos. Os animo, pues, a prepararos con alegría a la fiesta de la Navidad, que este año reviste un carácter más gozoso si cabe, puesto que la viviremos en el Año jubilar de la Misericordia, que el Papa Francisco ha convocado. El día 13, segundo domingo de Adviento, abriremos la puerta del Perdón de nuestra catedral cuyo umbral traspasarán los peregrinos en busca del abrazo del Padre que nos acogerá como al hijo pródigo cubriéndonos de besos de paz, ternura y reconciliación.

También este año, por la importancia que tiene la solemnidad de la Navidad, como manifestación visible del amor de la misericordia de Dios en Cristo, quiero recuperar en la santa Iglesia catedral la misa de medianoche del día 24 de diciembre, llamada tradicionalmente «misa del gallo». La iglesia madre de la diócesis, la catedral, no puede tener las puertas cerradas en la noche santísima en la que, como decía san Ireneo, Cristo, «viniendo en nuestra carne, nos trajo toda novedad». Desde hace muchos años no se ha celebrado esta misa preciosa de la Natividad del Señor, introducida con un solemne pregón, anuncio de la gracia que recibimos. Invito a todos los diocesanos y a las comunidades de vida consagrada, que no son contemplativas, a participar con el Obispo en esta santa liturgia de adoración y alabanza. Y como gesto de esta venida del Señor, bendeciré al final de la Eucaristía las imágenes del Niño Jesús que los participantes quieran traer para ser colocado después en el belén de cada casa. Así, todos estaremos unidos por la misma celebración y bendición.

Por último, aunque no lo menos importante, continuaré mi visita pastoral durante este curso en la ciudad de Segovia. Como todos sabéis, inicié mi ministerio episcopal con el propósito de concluir la visita pastoral de la diócesis, programada por mi predecesor, Mons. Ángel Rubio Castro. He concluido la zona rural de la diócesis que había quedado sin visitar. Y ahora me corresponde visitar las parroquias de la ciudad de Segovia, que es la fase final de la visita tal como había sido proyectada. Para mí será una ocasión privilegiada de conocer mejor estas comunidades cristianas y fortalecerlas en la fe y participar de sus anhelos e inquietudes. La visita pastoral del obispo es un signo elocuente de la visita de Dios a su pueblo y de la presencia de Cristo, Buen pastor, que cuida de todo el rebaño. El obispo tiene la misión fundamental de confirmar a sus hermanos en la fe para que el testimonio de la vida cristiana brille como la luz en medio de la oscuridad. En cierto sentido, el misterio de la venida en carne de Cristo, Luz de Luz, se prolonga en la visita del obispo que actúa en el nombre de Cristo. La visita pastoral es un momento de gracia porque se hace patente que Cristo es el único Pastor de su pueblo y se sirve del ministerio del obispo para que cada parroquia de la diócesis viva en la comunión que hace de la Iglesia un solo Cuerpo, cuya cabeza es Cristo.

Os invito, por tanto, a pedir por la fecundidad de la visita pastoral que nos ayudará a todos a dar un impulso mayor a la misión que el Señor nos ha confiado. La Iglesia está llamada a vivir siempre en salida, como nos recuerda el Papa Francisco, buscando especialmente a los que no conocen a Cristo ni forman parte de la comunidad eclesial. La visita pastoral será una ayuda para que nuestras comunidades vivan con más responsabilidad la gracia del bautismo y de la fe, y se edifiquen en torno al sacramento de la Eucaristía. Pero, al mismo tiempo, debe ser un acicate para no quedarnos encerrados entre los muros del templo o en los ambientes cálidos de quienes ya nos conocemos y vivimos la fe. Hemos de proclamar el evangelio a todas las gentes, empezando por los que tenemos más cerca, nuestros convecinos y compañeros de trabajo. Conscientes de que la fe no se impone, sino que se propone, procuremos, con la libertad de los hijos de Dios, acercarnos a todos los hombres sin excepción y ofrecerles la buena noticia del Evangelio, que es la presencia en el mundo del Hijo de Dios encarnado en el seno de María, muerto y resucitado para nuestra salvación. El anuncio del Evangelio es la primera responsabilidad del cristiano y, al mismo tiempo, el mayor gozo que puede experimentar, porque se trata de invitar a los hombres a acoger la Luz de Dios que ha roto la oscuridad del pecado y de la muerte, abriéndonos las puertas de la verdadera esperanza.

Os deseo, queridos diocesanos, un tiempo de Adviento lleno de esperanza. Preparémonos a recibir al Señor en nuestra vida personal, familiar y social. Abramos nuestras puertas a quien peregrina con nosotros hacia la casa del Padre. Y oremos para que la visita pastoral del obispo sea un signo claro y eficaz de la visita del mismo Cristo que ha querido hacerse contemporáneo de cada hombre. Que la Virgen María, nuestra Señora de la Fuencisla, nos ayude en esta hermosa misión.

Con mi afecto y bendición.

En Segovia, a 1 de Noviembre de 2015, Solemnidad de todos los Santos.

+ César A. Franco Martínez

Obispo de Segovia.

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